El avance del pago electrónico
En la mayoría de las sociedades occidentales, cada vez más personas utilizan medios de pago electrónicos para realizar transacciones comerciales.
Un estudio del Banco Mundial revela que en 14 economías de América Latina cerca del 42% de los adultos ya realiza pagos digitales en comercios. El mismo sondeo muestra que en nuestro país el aumento de la adhesión a este tipo de operaciones entre el público adulto comenzó durante la pandemia, llegando al 38% de las personas mayores de 18 años.
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Según el documento publicado por el Banco Mundial, esta modalidad de pagos está relacionada con transacciones en comercios, cobro de pensiones, pagos de facturas de servicios públicos o pagos de salarios. De todos modos, el organismo internacional de créditos observa que si bien la digitalización de servicios se amplió durante la pandemia por razones de seguridad y facilidad, la oferta y calidad de conexión a internet no crecieron al mismo ritmo en nuestra región.
En ese sentido, advierte que si no se resuelve ese problema puntual, esta situación derivará en una profundización de las desigualdades que afectarán tanto los pagos digitales, como la bancarización y el uso de servicios de los grupos más vulnerables.
Pero más allá de las particularidades que tienen las economías de América Latina y el Caribe, la transición del papel moneda hacia el dinero electrónico es un proceso que está en marcha en varios países del mundo. Suecia, por ejemplo, se ha convertido en el país con la menor circulación de dinero físico; mientras que en China el uso de tarjetas de crédito creció en forma exponencial en los últimos años, empujando a su vez los pagos electrónicos realizados a través de los teléfonos móviles. Corea del Sur y Dinamarca siguen ese camino. En todos los casos, los más jóvenes son los que más rápido se adaptan a estas nuevas modalidades.
En la Argentina, en tanto, nueve de cada diez consumidores utilizan al menos un medio de pago electrónico, siendo la tarjeta de débito el que lidera las preferencias, seguido por las billeteras digitales que, por primera vez, superaron al empleo de las tarjetas de crédito. Así lo señala un estudio realizado por la consultora Kantar que muestra, por otra parte, que son los comercios de cercanía los elegidos por los consumidores para realizar pagos preferentemente con dinero en efectivo, sobre todo para la compra de productos de la canasta básica de alimentos.
El empresario argentino Marcos Galperin, fundador y director ejecutivo de Mercado Libre dijo en una charla que ofreció en la Ciudad de Buenos Aires que en nuestro país se realiza un promedio de ocho compras por persona por año en esa plataforma, mientras que en Estados Unidos son más de 50 compras y en China más de 100. En su opinión, el mercado local tiene un enorme potencial en lo relacionado al comercio electrónico.
Según los historiadores, el dinero en efectivo comenzó a circular por primera vez 600 años antes de Cristo. Lo hizo en forma de monedas. Hay quienes aseguran que el tiempo transcurrido desde ese punto inicial hasta nuestros días es más que suficiente para en este siglo XXI se produzcan transformaciones en relación a cómo se compra y se vende en los mercados. Sin embargo, algunos especialistas advierten que aunque las transacciones sin papel moneda podrían aportar comodidad y ciertas ventajas a los ciudadanos y a los Estados, como la eliminación de costos del papel de la moneda y un mayor control de las operaciones, también podría traer aparejados algunos riesgos. En ese sentido, observan que la eliminación del dinero físico podría derivar en una menor privacidad y en un incremento de la vulnerabilidad de los sistemas financieros a los ciberataques. Otros estudiosos del fenómeno creen que así como las formas de entretenimiento de la población cambiaron con el advenimiento de las nuevas tecnologías, es muy probable que el dinero en efectivo tal como lo conocemos hoy no vaya a ser reemplazado por completo por su versión electrónica, sino que quedará acotado en el uso de determinados artículos o productos y en grupos de población, tal vez, integrados por personas mayores. Habrá que esperar un poco para ver cómo evoluciona este fenómeno, especialmente en economías como la nuestra que, por cierto, tiene por delante muchos problemas que resolver.











