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La contaminación ambiental por el uso de Internet

01 de septiembre de 2023 a las 12:00 a. m.

Se estima que más de la mitad de la población global tiene acceso a Internet. Y la gran mayoría de los usuarios cree que ese rápido crecimiento no tiene impacto en el ambiente. Sin embargo, los expertos advierten que el uso masivo de la gran red emite cada año más de 830 millones de toneladas de dióxido de carbono, el gas que está directamente relacionado con el denominado efecto invernadero.

Enviar correos electrónicos o mirar una película de más de una hora en algunas de las plataformas más populares de distribución digital de contenido multimedia desde la comodidad del hogar se ha convertido en un hábito diario de millones de personas en todo el mundo. Lo que la mayoría de esas personas ignoran es que, con esas acciones en apariencia inocentes, están contaminando el planeta. Así lo advierte un estudio realizado por el Centro de Eficiencia Energética de las Telecomunicaciones de Australia que se suma a otros similares que ponen la lupa entre el estrecho vínculo que existe entre la creciente digitalización y el efecto invernadero provocado por la emisión de dióxido de carbono. Desde hace varios años que investigadores de ese centro llevan a cabo pruebas y ensayos sobre el uso de los servicios de datos de la red. Lo que hallaron los sorprendió: comprobaron que, efectivamente, existe un fuerte impacto en el medio ambiente producto de las enormes cantidades de energía que se consumen cada año, lo que se traduce en altas emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. En otras palabras, la energía necesaria para hacer funcionar la estructura mundial de la web es contaminante. Google, uno de los gigantes de la industria de Internet, por ejemplo, es dueño de sitios como Gmail y YouTube, que generaron en los últimos años un promedio de 1,68 millones de toneladas de dióxido de carbono, de los cuales 1,43 millones se originan en sus centros de datos y oficinas. El creciente tráfico de datos hizo, además, que su consumo de electricidad aumentara a 2,65 millones de MW/hora en el último año. La huella de carbono que deja el uso masivo de internet es un tema que atrae cada vez más atención de las organizaciones ambientalistas. Según algunas estimaciones, mirar en la computadora un video de un minuto de duración de YouTube consume 0,0002 KW/h de energía y genera 0,1 gramos de dióxido de carbono. En un centenar de búsquedas en el navegador de Google, en tanto, se ocupa 0,0003 KW/hora de energía para responder a una consulta, es decir, 0,2 gramos de dióxido de carbono. La red social Facebook también figura entre las empresas con muy alto consumo de energía, y se estima que un perfil activo en esta red social emite cerca de 269 gramos de dióxido de carbono por mes. Frente a las observaciones planteadas por los ambientalistas, algunas compañías como Google y Microsoft han comenzado a desarrollar proyectos para reducir el impacto ambiental. En el caso de Google, por ejemplo, la compañía volcó cerca de 1.000 millones de dólares para promover fuentes de energía renovables y creó parques eólicos ubicados en las proximidades de los centros de datos que posee en Alemania, Texas, Iowa y California.

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Expertos explicaron, en una entrevista concedida al diario The New York Times, que los más de tres millones de centros digitales que existen en el mundo consumen alrededor de 30.000 millones de vatios de electricidad, es decir el equivalente a la producción de 30 centrales nucleares. Este dato revela la urgente necesidad de buscar nuevos caminos para reducir el impacto negativo del uso de las redes y las plataformas digitales en el medio ambiente. En ese sentido, quienes están a favor de las regulaciones señalan que no se trata de anular el uso de las nuevas tecnologías ni de promover sentimientos como los que llevaron a algunos movimientos sociales a oponerse a la introducción de las máquinas en las primeras etapas del proceso de industrialización, sino de tomar conciencia de las consecuencias que tiene el exceso de emisión de dióxido de carbono sobre los ecosistemas y de la necesidad de pensar alternativas a fin de lograr procesos más eficientes para la gestión del consumo energético. Es que estas intervenciones que dejan la huella de carbono sobre los ecosistemas podrían desencadenar un cambio significativo en las condiciones meteorológicas en todo el planeta, con todo lo negativo que eso implica.

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