Dos ataques en treinta días, 34 animales faenados y una decisión: el productor de Olavarría que se va del campo
Francisco Franco sufrió dos ataques de faena en el establecimiento que alquila, calculó pérdidas por $40 millones y se lleva los animales que le quedan.

Francisco Franco tomó la decisión que nunca hubiera querido: abandonar las 200 hectáreas que alquila en el partido bonaerense de Olavarría y retirar los animales que le quedan. En apenas un mes sufrió dos ataques que dejaron 34 animales faenados, pérdidas estimadas en 40 millones de pesos y la convicción de que no puede seguir trabajando sin garantías.
“Alquilo unas 200 hectáreas y tengo una gran impotencia porque no me dejan trabajar. Por eso voy a entregar ese campo y dejarlo sin animales porque hasta que la policía no actúe y no agarre a alguien esto no van a parar”, contó el productor a La Nación.
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Dos noches consecutivas en septiembre
La secuencia comenzó la noche del 15 de septiembre. Según relató Franco, los delincuentes se llevaron diez terneros y dejaron uno muerto en el lugar porque era chico. A la noche siguiente regresaron y mataron otros 19: se llevaron apenas seis y abandonaron el resto tirado en el campo. Los animales, precisó, fueron ultimados con armas de fuego.
El nuevo episodio ocurrió el 16 de octubre, exactamente un mes después de aquellos hechos. Esta vez los delincuentes faenaron tres vaquillonas preñadas, a punto de parir, y un ternero, y se llevaron la mayor parte de la carne.
El productor tenía un rodeo de unas 80 cabezas. Entre los animales muertos y los terneros faenados, perdió una porción sustancial de su capital de trabajo. Franco sostiene además que existe un ensañamiento en su contra por haber denunciado los hechos de manera reiterada: “Volvieron los mismos delincuentes con más ensañamiento y rigor. Hay mucha impunidad en esta gente que mata y deja animales tirados”.
Más de 35 denuncias en dos años
El caso de Franco no es aislado. Según los productores de la zona, los ataques se repiten desde hace más de dos años en campos cercanos a la ciudad de Olavarría, sin avances significativos en las investigaciones.
Alberto Mancusi, productor de la zona, ubicó el punto de inflexión a comienzos de 2024: “Todo comenzó a descontrolarse en Olavarría”. Recordó que en 2025 un grupo de pequeños ganaderos se reunió con responsables de seguridad y llevó más de 35 denuncias radicadas en la comisaría que corresponde al área, aunque sostiene que esa gestión no se tradujo en resultados concretos.
“Son más de 35 denuncias en los últimos dos años y, si a eso se suman los que no se denuncian, debemos estar arriba de los 50 hechos de abigeato y otros tipos de inseguridad rural como es el caso de corte de alambre”, afirmó.
Los alambrados: una modalidad que multiplica el daño
En los últimos días apareció otra forma de ataque. Los productores encontraron alambrados cortados en segmentos pequeños, de unos 50 centímetros, una modalidad que inutiliza el material y obliga a reemplazarlo por completo.
La diferencia no es menor. Cuando se derriba un tramo completo, el alambre puede repararse con postes o varillas; cuando se fracciona en pedazos cortos, ya no sirve. Mancusi estimó que en la última semana los daños alcanzaron unos 2.000 metros de cerco en campos de diez productores, y mencionó el caso de uno que calculó en 15 millones de pesos el costo de reponer su alambrado. “Es una sangría lo que hacen y lo de los alambres es un ensañamiento al tipo que labura”, expresó.
Cámaras, guardias nocturnas y el temor a un desenlace peor
Los campos afectados están muy próximos a la zona urbana, una circunstancia que, según los damnificados, debería facilitar la detección de movimientos sospechosos. Algunos instalaron cámaras de seguridad y otros comenzaron a vigilar sus establecimientos durante la noche, aunque ahora temen exponerse a situaciones de riesgo mayor.
“Estamos en un estado total de indefensión y de agotamiento y la mayoría de los productores más jóvenes ya no quieren saber más nada de esto”, señaló Mancusi, quien agregó que varios evalúan vender sus animales y abandonar la actividad.
El productor también cuestionó la falta de resultados en las investigaciones judiciales. Relató que en uno de los casos intervino personal de Policía Científica y realizó peritajes, pero que los damnificados no recibieron resultados durante meses: según les explicaron, los estudios debían pasar por distintos centros antes de llegar a una conclusión. Mancusi aseguró que, pese al tiempo transcurrido, no hubo novedades que permitieran esclarecer ningún episodio, y que la información que los propios productores aportan sobre huellas, vehículos y recorridos no deriva en detenciones.
El golpe económico sobre los rodeos chicos
El impacto es especialmente severo para los pequeños productores, que trabajan con rodeos reducidos. Mancusi explicó que un ternero puede valer alrededor de 800.000 pesos, de modo que perder varios animales de una sola vez compromete la continuidad del negocio. A esa pérdida se suman el costo de recomponer las instalaciones y el tiempo necesario para volver a poner el campo en condiciones.
La respuesta del municipio
Consultada sobre la situación, la intendencia de Olavarría, a cargo de Maximiliano Wesner, sostuvo que, de acuerdo con la información disponible hasta el momento, no existe “un incremento de este tipo de delitos”.
“Tenemos una mesa de trabajo permanente con representantes del sector rural, el Poder Judicial, con su fiscalía especializada en delitos rurales, y las autoridades de la Patrulla Rural. Es un espacio donde trabajamos de manera conjunta, analizamos las estadísticas, compartimos las preocupaciones del sector y abordamos aquellos casos que requieren especial atención. Por supuesto que cada hecho nos preocupa y nos ocupa. Desde el municipio trabajamos permanentemente junto a las fuerzas policiales, colaborando con recursos, equipamiento y distintas acciones de prevención en las zonas rurales”, indicaron desde el municipio.
Y agregaron: “Entendemos la preocupación de los productores y estamos siempre a disposición para acompañar y colaborar en todo lo que sea necesario. Nos parece muy importante transmitir información precisa, sin minimizar ningún hecho, pero no generar una preocupación mayor a partir de cifras que no se corresponden con los registros que tenemos”.
Para Franco, mientras tanto, la decisión ya está tomada: no quiere seguir exponiendo los animales que le quedan. Entre los productores que todavía intentan sostener sus establecimientos, la preocupación pasa por que la falta de respuestas termine empujando a otros a dejar la actividad.



















