Difícil pulseada entre los gobernadores y el kirchnerismo
No son pocos quienes se postulan a estas horas para reemplazar a Cristina Kirchner en la presidencia y a Daniel Scioli en la gobernación, habida cuenta que ambos no tienen posibilidad legal de reelección.
El camino hasta llegar a los comicios de 2015 se presenta pantanoso y la dirigencia apunta a llegar lo más indemne posible a la fecha en que los ciudadanos elijamos nuestras próximas autoridades en este escenario complicado. En el caso del justicialismo, los mandatarios provinciales han retomado los encuentros de la Liga de Gobernadores para que sea la encargada de definir el candidato presidencial del PJ. Pero nada es sencillo en este asunto y mucho menos en un mundo como de la política, donde hasta las paredes oyen. Ya en el primer asado oficial que realizaron estos gobernadores sufrieron lo que ellos mismos denominaron “infiltrados” del kirchnerismo, decididos a lograr que sea la presidenta la única que dé la “bendición” a su sucesor.
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La llamada Liga de los Gobernadores había sido recuperada, a fines de 2013, por el bonaerense Daniel Scioli, luego de la derrota electoral del kirchnerismo a manos del massismo. El crecimiento de la candidatura presidencial de Sergio Massa le ha quitado al Gobierno nacional apoyos de legisladores e intendentes, pero (hasta ahora) de ningún mandatario provincial.
El viernes ser reunieron en una cena informal que tuvo lugar en una dependencia militar de la Capital Federal estos mandamases provinciales del PJ; el objetivo exhibido era discutir sobre la situación política, económica y social del país, y buscar una estrategia conjunta para normalizar el partido de gobierno. El objetivo subyacente, delinear la sucesión presidencial sin la injerencia de Cristina. Por eso el ambiente cambió de clima estrepitosamente cuando irrumpió en el lugar el secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Carlos Zannini, sin haber sido invitado.
Lo cierto es que estaban los gobernadores sentados en la mesa rectangular, envueltos en un clima de asado peronista, cuando de repente todos se quedaron anonadados. Carlos Zannini, secretario de Legal y Técnica, y hombre de máxima confianza presidencial (aunque venido en desgracia en el último tiempo), entró al quincho del meeting, en el barrio porteño Las Cañitas, donde los mandatarios se habían citado para discutir el futuro partidario rumbo a 2015.
Los mandatarios, sorprendidos, se consultaron entre ellos y cayeron en la cuenta de que el funcionario, resistido por el PJ ortodoxo que aún le enrostra su pasado comunista, había arribado sin invitación para ocupar una silla en la cena que tenía como objetivo “repatriar” a dirigentes ahora alejados del kirchnerismo. Más distendido que el resto, o eso pareció, el “Chino” saludó a los comensales y, a su turno, tomó la palabra para ensayar una defensa de la gestión de Cristina Kirchner.
Pero apenas después de haberse sacado una foto de unidad, la mayoría de los gobernadores peronistas no disimuló su malestar por la visita inesperada a la cumbre. La irrupción de Zannini generó diversas interpretaciones: desde que ofició de “comisario” enviado por la presidenta hasta que se presentó para equilibrar una postal sin componentes K, ya que faltó el entrerriano Sergio Urribarri, cercano a Olivos, de viaje en el exterior. Hubiera sido, según esa lectura, una vidriera a la medida de Daniel Scioli, que busca el respaldo de sus colegas para su plan presidencial.
En la Casa Rosada quisieron disimular el conflicto, le bajaron el tono a la reacción y, además, remarcaron que se “coordinó” la cena desde allí.
El disgusto lo dejó en claro el cordobés José Manuel de la Sota, un crítico del Gobierno, que aceptó el convite que le planteó con insistencia José Luis Gioja, de San Juan, el más activo en la convocatoria. “Yo soy respetuoso, pero la reunión era de gobernadores. Guardé un tiempo prudente y me fui”, sostuvo.
Cercano a Scioli, el mejor posicionado hoy en las encuestas, el cordobés comenzó un tibio acercamiento al PJ, pero sin que eso implique un apoyo al Gobierno. Su entorno dice que si bien no se cerró la puerta para sumarse al proceso de renovación del partido, previsto para el 9 de mayo, quedó resentido el vínculo. Además, Zannini y De la Sota son coprovincianos y enemigos íntimos; De la Sota no le perdona la negativa de enviar a la Gendarmería cuando Córdoba estaba inmerso en un caos total. También molestó a los otros mandatarios, que consideran que el secretario de Legal y Técnica es el cerebro del encono del gobierno contra el “pejotismo”.
De cara al nuevo diseño de la cúpula del PJ, los gobernadores saben que les aguarda un trabajo de artesano. Cuentan con que otro díscolo, el santacruceño Daniel Peralta, será de la partida y apuestan a la inclusión, más difícil, de Claudio Poggi, heredero de los Rodríguez Saá. El puntano había comprometido su presencia en la cena pero pocas horas antes hizo circular una carta durísima para argumentar el desplante. Quizás influyó un acuerdo semicerrado que cercanos a Sergio Massa dicen haber abrochado con los hermanos en su visita a San Luis, en enero. Esta versión cobra más fuerza cuando se lo escucha permanentemente criticar duro al Gobierno nacional por “discriminar” a su provincia con recursos y a sus pares del PJ “por falta de solidaridad”. Definitivamente, está más fuera que dentro de esta liga.
También fue de la partida, pero en este caso debidamente invitado en su calidad de gobernador en uso de licencia, Jorge Capitanich. Claro que los muchachos se habrán arrepentido de haberle girado al convite ni bien abrió la boca porque de ella no salieron más que elogios a Cristina. También pretendió lucirse lanzando comentarios del conflicto de Crimea. En fin, sus colegas gobernadores ya no ven que el chaqueño sea uno de ellos.
En general, mientras juegan desde adentro del gobierno central, los peronistas son poco afectos a la autocrítica. Pero cuando el piné les da para la carrera propia, los comentarios viran estrepitosamente. Los casos de Massa o Alberto Fernández, entre los más emblemáticos.
Al cierre de esta edición, sólo el gobernador del peronismo opositor, José Manuel de la Sota, había hablado del tema, para quejarse airadamente de la intromisión de la Presidencia de la Nación en una reunión que había sido convocada con otros fines.
Es que la presencia del cordobés en “la Liga” daba a ese espacio ciertos aires de autonomía respecto de la Casa Rosada, que bien pueden ser útiles para las eventuales candidaturas presidenciales que de allí surjan (tanto de Scioli, como del entrerriano Sergio Urribarri, que públicamente mantiene sus aspiraciones).
En realidad estamos frente a la lucha entre el PJ y el kirchnerismo en la que Scioli aparece como un garante del justicialismo puro al que adhieren muchos intendentes y gobernadores frente a una dirigencia ultra kirchnerista que maneja otros criterios a la hora de buscar un sucesor para Cristina.
Hay que tener en cuenta que en los peores momentos de la devaluación y el ajuste, que comenzó con 2014, este polo de poder es capaz de crear condiciones de mayor gobernabilidad, o de condicionar al Gobierno.














