Debemos educar para la convivencia urbana
Son diversas las problemáticas urbanas, más cuando nos centramos en una ciudad como Pergamino que hace ya tiempo ha dejado de ser una suerte de distrito pueblerino, creciendo a pasos acelerados en los últimos 20 años, especialmente en su parque automotor.
Además de la inseguridad que vino de la mano del crecimiento de la urbe, otro tema paulatinamente se ha ido convirtiendo en un verdadero calvario: el tránsito y dentro de la generalidad, el auge de las motos y el uso y abuso que se hace de este móvil. En principio queremos establecer una diferencia clara entre tantos trabajadores que a falta de poder adquirir un automóvil se trasladan en su moto al trabajo y otras actividades y los jóvenes que salen desaforados por las calles y avenidas, transformando un simple acto como cruzar la calle en un momento peligroso y estresante.
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Hacemos foco en la Avenida de Mayo, aunque podríamos apuntar a otras arterias y bulevares donde sucede lo mismo. Aun cuando se cuenta con semáforos con tercer tiempo, es decir que el peatón tiene su luz verde para pasar, el efecto no se logra porque las motos no respetan ese momento y se lanzan sobre los peatones sin conciencia alguna. Hemos sido testigos de los temores que pasan madres que cruzan con niños, muchas veces de brazos, ancianas con bastones, gente con mascotas. Si ven motos no cruzan aunque tengan el semáforo a favor porque los muchachos se lanzan igual y pasan a toda velocidad.
Obviamente ha habido accidentes, por suerte no mortales, pero más de una persona ha sido atropellada y gravemente golpeada. Incluso se ha visto a las motos, una o varias, ingresar a toda velocidad a la Plaza 9 de Julio, venir por la avenida y subir por la rampa de discapacitados ¿Y la gente que camina tranquilamente por el predio? Debe enfrentar el peligro de que se lo lleven por delante.
Lo cierto es que esta cuestión que pareciera a priori de fácil resolución no lo es tanto, porque la labor de Inspección General que en estos días con el cambio de intendente ha ganado más las calles, depende en gran medida de quienes la circulan, peatones que también suelen ser imprudentes en el modo de cruzar y sobre todo las bandas de motos que los jóvenes han armado con total desapego a toda norma. Ningún sistema urbano se puede sostener si hay que tener un inspector en cada esquina o detrás de la mayoría de las motos.
La tarea no es sencilla y probablemente tampoco rápida de resolver, porque más allá de la labor de los inspectores municipales, habría que hacer un trabajo docente a la hora de autorizar a quienes circulan, no basta con que tengan buena vista y pasen la prueba de manejo. Teniendo en cuenta que un auto o una moto es similar a un arma porque de acuerdo a como se maneje puede matar, es muy importante educar para la vida urbana, antes de entregar el carnet de conducir, desde la escuela primaria, como parte de la necesidad de convivencia imprescindible en una ciudad.
Esta tarea en las escuelas la podría encarar la misma Inspección General de la Comuna en un convenio con el Consejo Escolar y hacerlo de manera permanente, en tanto se vuelvan más rigurosos en las entregas de carnet, obligando a realizar un curso especial de respeto urbano. Lo que preocupa es ver cómo los jóvenes se burlan de los inspectores, incluso de la Policía ante los excesos de velocidad, lo que demuestra a qué punto hemos llegado. Sobre todo porque cuando cometen una infracción, saben que no pueden perseguirlos, dado que si se produce un accidente, la responsabilidad termina siendo de las autoridades. Esta cuestión es otro tema espinoso a resolver, dado que no sólo con los retén se logra frenar los abusos, también hay que intentar detenerlos si se escapan, en la propia cara de las autoridades, como viene sucediendo.
La tarea que le espera a Pergamino, autoridades y vecinos juntos, no es fácil, pero el premio de lograr una ciudad segura en el tránsito y tranquila para poder circular es demasiado importante como para no tenerlo en cuenta.
El problema no es sólo en Pergamino, lamentablemente la Argentina ostenta uno de los índices más altos de mortalidad por accidentes de tránsito, porque debemos cambiar la cultura de que las normas están ahí pero no son para cumplir. Piense el lector que 21 personas aproximadamente mueren por día; hay 7.613 víctimas mortales por año, en cifras 2014 y en lo que hace al 2015 será mayor, de acuerdo a cómo vienen las estadísticas. Unos 120 mil heridos de distinto grado y miles de discapacitados. Las pérdidas económicas del tránsito caótico y accidentes de tránsito superan los 10.000 millones de pesos anuales. Pero el problema no es monetario, es de vidas humanas, hombres, mujeres, jóvenes y niños, fallecidos a causa de un accidente de tránsito.
Es que los accidentes de tránsito en la Argentina, son la primera causa de muerte en menores de 35 años, y la tercera sobre la totalidad de los argentinos. Tenemos el triste récord de ser uno de los países del mundo donde hay más accidentes en proporción al número de vehículos circulantes.
Volviendo a Pergamino que es al fin nuestra casa grande, el hogar de nuestras familias por donde circulan nuestros padres, nuestros hijos y nietos, debemos, insistimos: educar, educar y educar para la convivencia urbana.














