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De la cuna tucumana al desafío de la IA: el periodismo según Kirschbaum y Morales Solá

Los dos periodistas políticos más influyentes del país nacidos en Tucumán compartieron una charla a fondo en la 64ª Asamblea General de ADEPA.

Fuente: La Gaceta·11 de septiembre de 2026 a las 12:13 p. m.
De la cuna tucumana al desafío de la IA: el periodismo según Kirschbaum y Morales Solá

Ricardo Kirschbaum y Joaquín Morales Solá, referentes de Clarín y La Nación y los dos periodistas políticos más influyentes del país nacidos en Tucumán, protagonizaron una charla a fondo en la 64ª Asamblea General de ADEPA, que tuvo a esa provincia como sede. Hablaron de sus orígenes, la transformación del oficio, la inteligencia artificial y el poder.

En el comienzo, el moderador Daniel Dessein contó una anécdota: la idea de reunirlos en una misma mesa nació a miles de kilómetros de San Miguel de Tucumán, en un café de Marsella. Allí, durante un encuentro internacional de prensa, Dessein —presidente del directorio de La Gaceta— y Martín Etchevers —presidente de ADEPA— coincidieron en que la asamblea tucumana debía tener un momento de introspección profunda, y la premisa era inmejorable: sentar a conversar a los dos comprovincianos que hoy marcan el pulso del periodismo político nacional.

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La Gaceta, cuna y faro

El reencuentro en el Hotel Sheraton no tardó en hacer escala en las páginas y los pasillos de La Gaceta, el diario que ofició de cuna para uno, de faro ineludible para el otro y de referencia cultural insustituible para ambos.

Para Morales Solá, columnista político de La Nación, el regreso a Tucumán fue también un regreso a la memoria familiar: su desembarco en el periodismo ocurrió a los 18 años justamente en La Gaceta, donde su padre, homónimo, había sido secretario general de redacción. Con emoción, evocó aquellos años de formación entre linotipos, olor a tinta y próceres de la prensa local como Domingo Padilla, y recordó cómo se hacía la cobertura de calle en tiempos turbulentos.

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La contrapartida la marcó Kirschbaum, editor general de Clarín: su carrera creció sin haber pasado por la redacción de La Gaceta, un hecho casi excepcional para un periodista tucumano de su época. Esa distancia física, sin embargo, no menguó la influencia del diario sobre su vocación: La Gaceta era la vara con la que se medía el pulso del país desde el interior. Dessein terció en el rescate histórico para señalar que el flamante libro que compila textos de LA GACETA Literaria de los últimos 77 años incluye artículos de ambos: uno sobre Borges escrito por Morales Solá hace medio siglo y otro más reciente de Kirschbaum sobre Juan Bedoian, otro periodista tucumano destacado a nivel nacional.

Ricardo kirchbaum — ADEPA

De la calle al algoritmo

El puente entre la provincia y Buenos Aires unió rápidamente las trayectorias. Kirschbaum recordó sus inicios porteños de la mano de su colega: "Él me llevó a Clarín y yo lo reemplazaba cuando tenía franco en la conducción y su comentario; tenemos una relación ligeramente larga", apuntó con complicidad.

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Morales Solá repasó su decisión de dejar las redacciones tras 14 años en Clarín —"dije: tengo 40 años, no tuve un infarto ni una enfermedad grave; no vuelvo más"— para pasar a escribir desde su casa en La Nación, convocado por José Claudio Escribano, presente en el auditorio. Evocó la transición de la máquina de escribir a internet con la profecía de Al Gore sobre las superautopistas de la información: "Yo dije: 'no me preocupo, no voy a vivir eso'. Y era internet".

Kirschbaum sumó el contraste con su cobertura de la gira de Raúl Alfonsín a Washington en 1985: "Me dieron una laptop que pesaba ocho kilos y había que desarmar teléfonos con pinzas para mandar la onda portadora a la redacción". Pero el editor general de Clarín advirtió sobre la degradación actual: "A mí me fastidia cuando pregunto en la redacción si verificaron lo que estamos publicando y me dicen que está en la web. Si hay un accidente a siete cuadras del diario, hay que mandar un cronista a ver qué pasó. Se está perdiendo la esencia del cronista que escribe lo que ve, lo que el Washington Post llamaba 'la primera versión de la historia'".

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Joaquín Morales Solá — ADEPA

El valor del cara a cara frente a la IA

Dessein planteó el desafío existencial que introduce la inteligencia artificial, con el vaticinio de Yuval Noah Harari sobre programas capaces de redactar mejor que los humanos y el peso de las columnas analíticas para sostener el modelo de suscripciones digitales.

Ante la consulta del auditorio sobre si un ente virtual o la clonación de voces podrían reemplazar la relación con las fuentes, Morales Solá defendió el núcleo del método periodístico: "No hay como la entrevista personal. Para mí, como columnista, la relación con las fuentes es de confianza mutua; es cultivar una fuente durante años y saber que no va a ser traicionada. Ese vínculo la inteligencia artificial no lo puede resolver". Kirschbaum, por su parte, catalogó a la IA como "una herramienta innovadora, pero también depredadora del conocimiento, que utiliza el trabajo ajeno y no paga por ese contenido a los medios, que aportan cerca del 35% de su entrenamiento".

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El poder de turno

El repaso por las más de cuatro décadas de democracia recaló en la relación de la prensa con el poder. Morales Solá rememoró el hostigamiento durante el kirchnerismo y, en particular, el escrache que sufrió en noviembre de 2010 en Tucumán, cuando fue invitado por La Gaceta a su ciclo de conferencias, semanas después de haber viajado a Londres para entrevistar a Isidoro Graiver y desmentir la versión oficial sobre la compra de Papel Prensa.

Al posar la mirada sobre el gobierno de Javier Milei, el columnista marcó lo que consideró una incomprensión de fondo de la Casa Rosada: "Lo que pasa actualmente es muy grave, pero son tuits. A mí no me van a asustar con un tuit a estas alturas del partido... El otro día me dijo 'inmundicia humana, basura humana'. Creo que fue redundante, con uno de esos insultos bastaba", ironizó. Y remató: "El Presidente ha creado un clima innecesario de confrontación. Hay un desconocimiento profundo de cómo se relaciona el periodismo con los gobiernos. Nosotros reconocemos aciertos y señalamos errores; no conozco periodismo serio que sea de puro elogio. Nuestra misión sigue siendo contar lo que quienes tienen el poder no quieren que se sepa".

Hacia el final, ambos coincidieron en que el futuro del oficio no pasa por rendirse a la tiranía del clic, sino por volver a los fundamentos. "Hay que marcar con claridad la diferencia entre lo que dicen las redes sociales y lo que sucede en la realidad", resumió Morales Solá, mientras Kirschbaum instó a desarmar la inercia interna: "En un sistema colectivo, si uno no empuja constantemente el punto de confort, vuelve a su forma original". Una lección nacida en las calles tucumanas que, más de medio siglo después, sigue marcando el rumbo de las redacciones argentinas.

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