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De la ciudad romana a Pergamino

03 de junio de 2018 a las 12:00 a. m.

Es interesante ver las diferentes aplicaciones que el urbanismo puede hacer en los sectores de una ciudad donde recién se ha comenzado a construir, barrios nuevos donde todo puede ser planificado sobre la base de una concepción moderna y cómoda para los vecinos de hoy. Distinto sucede en aquellos espacios generalmente céntricos de un distrito que supera la centuria, cuya población ha crecido pero no la estructura urbana que, con escasa posibilidad de modificaciones, se mantiene igual, donde hay que hacer malabares para intervenir, porque las calles ya están delimitadas y los edificios levantados desde hace décadas.

En estos casos el urbanismo utiliza a la geografía urbana como herramienta fundamental, e intenta planificar las intervenciones para ordenar mejor el espacio como puede.

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La complejidad de una ciudad hace a sus distintos matices, la forma y disposición que la ciudad tiene, además de la dinámica de las actividades económicas, ambientales y sociales que se desarrollan en la misma. Lo ideal es combinar todos estos aspectos para que cada intervención represente un beneficio para la ciudad en muchos sentidos.

Históricamente se dice que el urbanismo surge a raíz de la fundación de ciudades, y los romanos eran verdaderos campeones durante la época del imperio de este metié. Los romanos tomaban un modelo de ciudad y luego lo implantaban en cada región que conquistaban. Pero aquí viene lo que les resultará familiar: básicamente en dicho modelo de ciudad, debía siempre haber lugar para una plaza pública, que sería el centro de reunión. En América las plazas están rodeadas por un edificio que marca la autoridad administrativa (Municipio, Gobernación), otra calle donde está la Iglesia que marca la autoridad de tipo espiritual (en nuestro caso la de Nuestra Señora de la Merced). Este estilo de ciudad, con la plaza en el centro se propagaría por toda Europa, hasta llegar también a América.

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En la urbe tipo romana las calles debían estar diseñadas en recuadros alineados de forma ordenada, algo que no sucedió, claramente, en todas las ciudades nacidas a su semejanza. En esto, la verdad, es que no hemos copiado el modelo, por eso Pergamino, como tantas ciudades argentinas, tienen cortadas, calles más largas y otras más cortas, en fin se fue haciendo como dio lugar, sin planificación, casi como un traje a medida de lo que iban necesitando los vecinos.

Pergamino, nuestra ciudad, que de eso se trata lo que vamos a analizar, tiene el centro de la ciudad absolutamente consolidado y no son tantas las intervenciones que se pueden realizar para optimizar su circulación presente (mucho más caudalosa que décadas atrás), atendiendo a que las calles ya están conformadas y la edificación también.

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No obstante los impedimentos, se fueron introduciendo cambios, como la incorporación de la calle peatonal en los últimos años y recientemente la conformación de un centro cívico, al unir la Plaza Merced con el Municipio y creando un área semi peatonal que cambia el paisaje del área. En la década del 70 el intendente de aquellos años, arquitecto Raúl Rossi pretendía unir también la Plaza a la Iglesia, comenzando por expropiar las viviendas alrededor del templo y parquizándolas. Sin embargo, el impacto ambiental de cortar una calle de circulación rápida como Merced, finalmente lo hizo desistir.

Aquello no resultó pero no está mal –sino todo lo contrario- que de tanto en tanto se esbocen nuevas ideas para acomodar lo existente a las nuevas realidades, mediante intervenciones posibles que conlleven a las mejoras que alivien y embellezcan, sin complicar la vida de los vecinos. Y cuando hablamos de vecinos, nos referimos al colectivo pergaminense, no a los habitantes de un sector en particular. El concepto de prueba piloto, como lo fue durante largo tiempo la Peatonal hasta que se le dio la fisonomía definitiva que hoy exhibe, es el más apropiado para sopesar pros y contras de una idea que siempre se piensa con el fin de optimizar pero que solo en la práctica se puede vislumbrar si cumple con ese cometido.

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Precisamente en calle San Nicolás Norte, entre Lagos y Echeverría se está haciendo actualmente una prueba piloto, estableciendo los 45 grados para el estacionamiento de vehículos. Es una medida que, bien implementada, promete buenos resultados; en principio, porque ofrece espacio para que aparque una mayor cantidad de vehículos por cuadra. Además, no queda espacio para el estacionamiento en doble fila, una costumbre de los pergaminenses de querer parar siempre en la puerta del lugar al que vamos. También, por razones obvias de distribución del espacio entre estacionamiento y circulación vehicular, no es posible parar sobre la mano izquierda, algo que está prohibido pero que -uso de balizas mediante y a veces ni eso- nos empeñamos en incumplir, por idénticas razones de comodidad antes mencionadas. Algo que, dicho sea de paso, no pretendemos cuando vamos a otras ciudades y no titubeamos en caminar lo que sea necesario contar de dejar el auto en un lugar habilitado.

Damos por descontado que habrá opiniones encontradas, por ejemplo la queja de camiones de abastecimiento de mercadería o algún comerciante que prefiere la doble fila y el estacionamiento en mano izquierda porque piensa que así tendrá más clientes, sin considerar que las normas que establecen un orden no son para perjudicar a uno sino para el bien general, aunque conlleve un -eventual- perjuicio personal o sectorial. En realidad este cambio de modalidad no habrá de obstruirle el ingreso al negocio, de modo que es una idea peregrina la que tienen quienes piensan así.

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Es menester también, para esta cuadra y todas las de la ciudad, siguiendo la premisa del bienestar general, que se ponga orden de una vez por todas a la carga y descarga de mercadería. Horarios y espacios habilitados a tal fin deben ser respetados, aunque ello implique iniciar los recorridos más temprano, que los comerciantes estén para recibir sus pedidos y, sobre todo, que haya que caminar con la mercadería en una “zorrita” unos pasos desde la zona habilitada para aparcar el móvil. El tamaño de estos vehículos de distribución también tiene que ser materia de exigencia y control por parte de las autoridades. Sin estas premisas y solo poniendo los coches en 45º, no se evitará el caos que por momentos es el Centro.

La prueba piloto que se está haciendo en San Nicolás Norte que parece augurar buen resultado desde la óptica de hacer primar el interés general por sobre el de algún vecino que hace de la queja su deporte diario. Baste recordar en su momento cuántos comerciantes de la Peatonal se negaban a su construcción, aduciendo que perderían clientes, lo que el tiempo demostró que no fue así y que San Nicolás sigue siendo una calle tan comercial como siempre.

Y en definitiva las autoridades tienen que tener como meta hacer lo debido pensando en la mayoría de los vecinos para que se vean beneficiados.

Por eso nos congratulamos de que se sigan haciendo en Pergamino pruebas piloto de este tipo, buscando mejorar el estacionamiento, la circulación y el bien vivir de los vecinos. Dada la estructura con que ya cuenta la ciudad, solo nos queda eso: prueba y error. No podemos nacer de nuevo.

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