Cristina, cada vez más lejos de la sociedad
La sociedad argentina, al comienzo, entró en shock y luego vino la preocupación, con doloroso estupor. Había muerto el fiscal Alberto Nisman, un día antes de presentar su investigación que revelaría una supuesta maniobra de la presidenta Cristina Kirchner para exculpar a los iraníes sindicados como autores intelectuales del atentado a la Amia a cambio de iniciar una prometedora relación comercial con Irán. Toda esta gestión se materializó en el Memorandum de Entendimiento suscripto en 2013.
Las sospechas de una muerte de algún modo provocada llevaron a una sensación de impunidad que abrazó a la sociedad argentina. Y hubo marchas y protestas, con carteles que decían Yo soy Nisman, emulando la reacción del mundo tras la muerte de los caricaturistas de Charlie Hebdo en Francia, que fueron homenajeados con el Je suis Charlie.
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La noticia recorrió el mundo, porque este fiscal, de origen judío, nombrado expresamente por Néstor Kirchner para terminar con el encubrimiento que imperó durante el Gobierno de Carlos Menem sobre la causa Amia, había anunciado días antes lo impensado: que la presidenta y otros funcionarios de alto perfil serían denunciados por lo mismo, por encubrir y proteger a implicados en el ataque a la mutual israelí.
La hipótesis del suicidio de quien al día siguiente presentaría ante el Parlamento las pruebas de su acusación contra la presidenta, otros miembros del Gobierno y operadores políticos, por momentos es endeble y se cae a pedazos. La de un asesinato a manos de las fuerzas de inteligencia de la exSide -hoy SI- (que Cristina desplazó hace poco) es la otra posible. En cualquier caso, el costo político que paga el kirchnerismo es enorme. Porque, al fin, si habían hecho una purga en las fuerzas de inteligencia, debían esperar un contragolpe. Cualquier Gobierno hubiese estado en alerta. Dicho esto, siempre que hayan sido exfuerzas de la SI, lo cual no está en absoluto corroborado.
Al fin la denuncia del fiscal se conoció de todos modos, ya que el equipo de trabajo con que contaba era de 80 personas y todos tenían la copia de lo que se iba a presentar en el Congreso. Desde este punto de vista, nada ganaba el Gobierno con su muerte, porque sus denuncias salieron a la luz de todos modos. Ahora, el efecto disuasivo es enorme porque ¿quién se atreverá a investigar y denunciar al poder en Argentina tras el episodio Nisman?
Pasadas las primeras horas desde que se supo lo ocurrido, un nuevo hecho generó sensaciones encontradas en gran parte de la sociedad argentina: bronca, desilusión, exasperación, vergüenza. Y una catarata de improperios en las redes sociales. Todo eso porque la presidenta no hizo uso de la cadena nacional que con tanta voluntad y liviandad utiliza para las buenas noticias. En cambio, cual una adolescente, se expresó a través de Facebook.
Frente a una situación gravísima desde lo institucional, que tiene consternada a la sociedad y a ella como elemento clave, no habla de frente a los ciudadanos y se esconde tras una carta autorreferencial, en la que lejos de condolerse por la pérdida, explica todo el proceso Amia y ensaya motivos que pudieron llevar a la muerte de Nisman.
Nadie del común de la gente le ha visto la cara estos días; la única referencia que tenemos los argentinos de cómo lleva este trance es la carta en Facebook, en la que no ha mostrado dolor alguno por la muerte del fiscal. Si esta es manera de comunicarse con la sociedad, será también la forma en que la gente puede interpretarla: más preocupada por sembrar sospechas que por lamentarse por la muerte de quien, más allá de haberla denunciado, era un funcionario probo, puesto por su marido.
¿Por qué no puso la cara y habló por televisión como cualquier presidente lo hubiese hecho? ¿O acaso el francés Hollande no salió inmediatamente después del atentado a la revista francesa a dar la cara?
Esta suerte de presentarse sólo para dar las buenas nuevas, haciendo abuso de la cadena nacional, enoja a la gente por lo que ni siquiera en términos político-electorales le ha sido efectivo tangenciar la muerte de Nisman mediante una carta.
¿Quién es Jorge Capitanich o cualquiera de los miembros del Gabinete que hacen de voceros diariamente, para hablar de un tema tan grave, sobre el que aún no habló la presidenta?
La carta es una salida por la puerta de atrás en una trama muy compleja, que se teje no sólo en la Argentina sino que ha recorrido el mundo, donde hemos dado una imagen lamentable de impunidad. Y no tenemos una presidenta que salga, desgarrada como la sociedad, a pedir verdad y justicia.
Es mucho lo que una ciudadanía espera de su máxima autoridad: algunos ponen énfasis en el bienestar económico, otros en la seguridad, pero todos, sin lugar a dudas, esperan que sea doliente con su pueblo, que lo acompañe en sus sentimientos y sensaciones, que aunque no pueda dar soluciones a todo, al menos se muestre comprensivo y dispuesto frente a las problemáticas.












