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Control de inmigrantes con delitos, sin hipocresías

24 de enero de 2017 a las 12:00 a. m.

Argentina va a endurecer su política para migrantes con antecedentes penales, según afirmó el presidente Mauricio Macri, con enfoque particular a ciudadanos de países con alto nivel de narcotráfico como México, Colombia o Perú. La idea es que haya ingreso irrestricto para los extranjeros que no tienen antecedentes, como siempre en la Argentina, pero negárselo a quienes han delinquido en su país de origen. Una modalidad que, por otra parte, utilizan todos los países serios del mundo (y los poco serios también). Al mismo tiempo, se agilizará el proceso de extradición para aquellos extranjeros que habiendo ingresado legal o ilegalmente al país cometan un delito o bien estén en nuestro territorio para eludir la Justicia de su país.

La idea fuerza que lanzaron es ser “abiertos pero estrictos”. En los últimos 10 años solamente se echó del país a 30 extranjeros por delitos. Y esto -dice el Gobierno- lo que ha hecho fue explotar una logística que se ha instalado en las villas. Además de asentar en el imaginario colectivo mundial que Argentina es un destino viable para escurrirse de la mano de la ley.

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La propuesta incluye en su mecanismo el recabar mejor información a la hora de dejar ingresar gente de otros países a Argentina, desde el momento mismo que los interesados suben al avión. Es decir que al momento de pasar por Migraciones argentinas ya los funcionarios cuentan con la información de origen como para saber si cumplen con la cualificación de no haber delinquido en su tierra.

Si bien la canciller Susana Malcorra ya había advertido que habría nuevos requisitos para entrar al país, ahora se conocen las medidas concretas. Buscan agilizar los convenios de información con Estados Unidos, Colombia y los países limítrofes. Además, con las empresas aéreas de transporte de pasajeros a través de los sistemas de Información Anticipada sobre Pasajeros y Registro de Nombres de Pasajeros. Abordar el foco de la problemática, en paraguayos o peruanos, que se insertan en los asentamientos. Reforzar el trabajo con la Procunar, la fiscalía antidroga, para establecer un sistema de prohibición de reingresos para personas con antecedentes importantes. Intensificar el trabajo en el Registro Nacional de las Personas. Capacitar al personal y controlar los pasos fronterizos.

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Al presentar la nueva modalidad Macri afirmó que nuestro país, históricamente de puertas abiertas a la inmigración, necesita “articular con los otros países para saber quién es quién y actuar preventivamente” ante la llegada de posibles delincuentes.

Y no sólo para rechazar el ingreso a un inmigrante que tenga antecedentes penales sino también para deportar rápidamente a un eventual condenado. En este caso nuestros trámites administrativos son interminables para echar a un extranjero cuando ha cometido delito, y esto se planea acelerar. Hablan de dos meses como máximo para procesos que hoy pueden durar hasta ocho años.

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Y aunque se trata de no herir susceptibilidades, el Gobierno pone la lupa en ciudadanos de Colombia, México y Perú. Le preocupa en particular el ingreso de inmigrantes con antecedentes penales desde estos tres países, por sus conocidas vinculaciones con el narcotráfico.

“La primera preocupación que nos tiene que comprometer es cuidar a los argentinos, a nosotros mismos”, insistió Macri aunque “sin dejar de entender la importancia de la juventud ni la importancia de la inmigración”, aclaró.

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Este dato es el saliente: no se trata de discriminar sino de cuidar y de no permitir que se eluda la acción de la Justicia allí donde un delito se ha cometido. Si de derechos humanos se trata, el primero conculcado habrá sido el de la persona que en otro país fue vulnerada por un delincuente. Triste papel hacemos en Argentina cuando, bajo el amplio paraguas de “país de puertas abiertas”, le damos entrada a quien llega escapando del rigor de la ley.

Durante la última década, Argentina ha sido receptora de centenares de miles de inmigrantes y la mayoría de ellos fueron beneficiados con el otorgamiento de documentación legal y así seguirá siendo para quienes honestamente deseen habitar el suelo argentino. No confundir. Porque obviamente que cuando el tema -que por ahora es un decreto del presidente- llegue al Parlamento, vamos a ver un desfile de todo tipo de hipocresías y denuncias respecto de que estamos violando nuestra Constitución Nacional. Y demás está decir que es una falacia porque la Argentina no cierra sus fronteras, solo se cuida a los ciudadanos nativos evitando que ingresen extranjeros con antecedentes penales y expulsa a aquellos que han hecho daño y han violado la ley nacional.

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Sin embargo el asunto no será sencillo con una oposición que, en general, tiene una visión poco actualizada de la cuestión. Baste recordar cuando el senador peronista Miguel Pichetto pidió mayor control de la inmigración, cómo los de su propio partido y de otros sectores de la oposición lo denostaron con todo tipo de ataques y hasta algún sector kirchnerista le pidió la renuncia a la banca. Esto nos ofrece un panorama de lo que será el debate en el Congreso.

Esperemos que, al fin, los legisladores no bloqueen esta iniciativa que lo único que pretende es cuidar un poco a los argentinos, que estamos cansados del delito y aunque es bien cierto que la mayoría de los cacos no son extranjeros sino nativos, todo lo que podamos hacer para ir saliendo de la encerrona que tenemos en la seguridad debemos encararlo. También es un modo de contribuir a que sea haga justicia para las víctimas de otros países.

No podemos ignorar que la Argentina ya tiene bandas narcos operando en el territorio y un tráfico en sus fronteras que es francamente escandaloso, un colador como se ha dicho una y mil veces. Y la realidad es que sin herramientas legales primero y sin controles efectivos después, no se puede plantear como objetivo un combate serio al narcotráfico. Precisamente porque una de las características de la droga es que circula, atraviesa fronteras en su derrotero. Y lamentablemente no encuentra en nuestro país ningún freno a quienes la traen y a quienes la sacan.

 

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En esto no se puede seguir jugando a la hipocresía de la “Patria Grande” de América Latina; todo bien con nuestros vecinos pero con los honestos, de lo contrario en vez de un país abierto resultamos un país bobo, que permite que por sus fronteras pase de todo.

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