Ciencia y tecnología: volver a poner el sistema de pie
La ciencia y la tecnología son pilares indiscutidos del desarrollo y generar el contexto para que la investigación científica pueda hacerse desde organismos públicos, asegura la soberanía del conocimiento y confiere libertad. Este precepto que muchas veces pasa desapercibido detrás de otras urgencias, toca un aspecto medular de las cuestiones que hay que atender cuando se piensa en el futuro.
Una de las aristas más cuestionadas de la gestión del expresidente Mauricio Macri fue precisamente la que tuvo que ver con los recortes al sistema científico nacional con sus consabidas consecuencias. El nuevo gobierno comprometió impulsar una serie de acciones que en lo discursivo resultan prometedoras por lo que representan en la jerarquización del trabajo de los científicos argentinos y el funcionamiento de los organismos de ciencia y técnica que articulan con centros de investigación y universidades la producción científica nacional.
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Ningún país que no promueva las capacidades de creación y transferencia del conocimiento podrá contribuir al desarrollo de una sociedad más justa y equitativa. Se requiere decisión y recursos para lograr una adecuada articulación de todos los actores del sistema; y determinación para promover la federalización de los recursos dedicados a esta tarea.
El anuncio de poner en marcha el Gabinete Científico Tecnológico como espacio que identifique las necesidades de investigación y desarrollo en torno a las prioridades que fije el Estado Nacional en sus diferentes áreas y que coordine sus acciones, abre un horizonte de expectativas respecto al rol que tendrán la ciencia y la tecnología en el nuevo gobierno. Lo mismo sucede con el fortalecimiento del Consejo Federal de Ciencia y Tecnología, un ámbito clave para propiciar el desarrollo armónico de las capacidades científicas y tecnológicas en todas las regiones del país.
Ahora bien, ninguna de las medidas que se impulsen dará los resultados esperados si no se multiplica la capacidad de transferencia de conocimiento y se modifica la lógica que históricamente ha imperado en la producción científica nacional, que se investiga para publicar más que para transferir el conocimiento. Deberán abrirse espacios de escucha a nivel nacional, regional, provincial y municipal para determinar cuáles son las demandas reales de la sociedad en materia de investigación y cuáles son los problemas que la ciencia está llamada a poder resolver para contribuir seriamente a la búsqueda de soluciones de la mano del conocimiento. De lo contrario, lo que se haga morirá en los laboratorios o en el contenido de una publicación.
En este punto, deberá ser clave la vinculación con el sector productivo, con las universidades y con las instituciones que tienen larga tradición en materia de investigación científica. Cuestiones centrales como la innovación y el conocimiento puesto al servicio de aportar soluciones en áreas de alto impacto social como la salud, el medio ambiente y la educación, deberán ocupar un espacio clave en el delineamiento de la política científica.
Fortalecer las capacidades, reordenar un sistema que ha sido desmembrado y volver a establecer un marco de confianza en lo que un país puede lograr si se establece la ciencia, la tecnología y la innovación como ejes de una política de Estado. Seguramente las medidas de largo alcance que han sido formuladas en términos de aspiración por las actuales autoridades ministeriales deberán ser acompañadas de otras acciones de emergencia. Incrementar el número de investigadores ingresantes a los organismos de ciencia y técnica, aumentar el monto de las becas, mejorar las condiciones laborales y recomponer los montos de los subsidios para investigación aparecen en el inventario inmediato. La recuperación de la jerarquía del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación es el señalamiento de que se marcha por el camino correcto. Resta mucho sendero por transitar para poner nuevamente la actividad científica de pie.
En este campo, Argentina está frente a una enorme posibilidad. Lo que se juega es un valor muchas veces intangible, pero vital. Ninguna sociedad se desarrolla sin ciencia y ningún futuro se construye sin la confianza en el valor que ésta tiene para resolver los problemas reales que afectan a todos.










