CGT unificada: ¿antesala de la unidad peronista?
Se reunificó la Confederación General del Trabajo, tras ocho años de rupturas, enojos y divisorias.
Si bien no es una unidad absoluta, es ampliamente mayoritaria este lanzamiento de una conducción única, aunque tripartita. Las tres vertientes de la CGT, la de Hugo Moyano, la de Antonio Caló y la de Luis Barrionuevo han conformado un solo ente cegetista. Como novedad, los tres jefes dejaron el espacio, pero cada uno ubicó un dirigente propio en el triunvirato. Ellos son Juan Carlos Schmid, por la central moyanista; Héctor Daer, por la oficial, y Carlos Acuña, por la Azul y Blanca que lidera el gastronómico. Los dos últimos son legisladores del Frente Renovador, de Sergio Massa. Y por eso lo primero que salió a relucir es que era una CGT massista en varios sectores políticos.
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La realidad es que la central obrera es mucho más compleja en su composición que ese reduccionismo; en su seno claramente la amplia mayoría es peronista, aunque entiendan de manera muy diversa esa condición. Muchos que estuvieron cercanos a Cristina Kirchner ahora parecen haberlo olvidado, otros que se enfrentaron a los K afirman que eso nunca fue peronismo. De modo que la denominación genérica indica un sector político que puede resultar muy amplio.
Es durante los gobiernos de signo peronista cuando esta amplitud suele dar lugar a las más duras disputas internas, hasta dejar a la CGT rota en pedazos, como sucedió en los últimos años. Invariablemente la unidad llega cuando el que gobierna es de otro espectro político. Porque sienten que una suerte de intruso está en la Casa Rosada. Bien podríamos decir, como Borges, que no los une el amor sino el espanto. La realidad, tantas veces repetida en el tiempo demuestra que esta actitud siempre se repite.
Esta unidad de la CGT llega cuando el peronismo aún no está alineado y los gremios aspiran a ser funcionales al ordenamiento de un Partido Justicialista que se aleje definitivamente del kirchnerismo.
Desde este punto de vista, es un alerta para el macrismo que el peronismo comience a reunificarse bajo un ismo distinto que el kirchnerismo, que ya es un sector claramente en retirada.
Para la unidad de la central obrera, y como se estila, los sindicalistas coincidieron en un documento con cuestionamientos al Gobierno, en temas sensibles como el empleo, la inflación, la suba de las tarifas y la apertura de las importaciones, sin olvidar la promesa incumplida de reducir el pago de Ganancias.
Pero esta nueva conducción no parece, en principio, pretender iniciar una guerra con el Gobierno ya que se dilató la convocatoria a un paro general, como reclamó un puñado de gremios, y en cambio hubo un compromiso de sostener el status quo, pero buscando el diálogo urgente. Por eso esta misma semana pedirán una audiencia con el presidente Mauricio Macri.
Desde esta perspectiva resulta un signo de madurez de parte de la dirigencia obrera, que parece haber entendido que no todo se trata de tirar de la cuerda siempre, como un mandato exigible. Que hay instancias de diálogo y piensan recorrerlas. Que a veces no es tan buen negocio salir a las calles por un punto más en las paritarias, cuando el resultado puede ser la pérdida de puestos laborales. Como sucede ahora, en que varias patronales se debaten entre aguantar su nómina o reducirla como alternativa para que la actividad siga siendo rentable. Llegado a este punto, cabe la reflexión que la CGT se muestra más permeable a sostener al Gobierno que el propio empresariado, que no ha hecho más que seguir retocando una inflación que nos termina perjudicando a todos.
En este sentido, si bien los dirigentes sindicales han reconocido que hay presión de las bases trabajadoras para ir al paro, por la reapertura de paritarias y el ajuste, ellos han planteado que le llevarán al Gobierno una serie de intenciones y van a esperar respuestas, antes de hablar de planes de lucha.
No tuvieron el mismo comportamiento con Raúl Alfonsín, al que acosaron con 14 paros, ni con Fernando de la Rúa, a quien desde que llegó a la Casa Rosada le plantearon huelgas programadas. No fue así con Carlos Menem, a quien le hicieron paros recién al final de su último mandato, ni con Néstor Kirchner al que no le hicieron paro previo concesiones varias a Moyano-, ni con Cristina, a la que le hicieron solo una huelga sobre el fin de su segundo mandato.
No faltaron los opinólogos que vieron en esta actitud menos belicosa de la CGT el gesto de Macri de liberar a las obras sociales sindicales parte de los 27.000 millones de pesos del Fondo Solidario de Redistribución, la caja en donde se depositan los aportes que se les retiene mensualmente a los trabajadores de sus salarios, para las obras sociales sindicales. La realidad es que el kirchnerismo desde que les retiró el manejo nunca quiso devolverles estos fondos, por lo cual le reconocen al presidente la actitud. Pero no se los devolvieron todos sino que irá por etapas durante tres años. Y si así fuere, y está en las posibilidades del Gobierno hacerlo, no sería menos que lo que hizo Néstor Kirchner con el moyanismo, que se vio ampliamente beneficiado, incluso recibiendo el Belgrano Cargas, con el único fin de darle sepultura para que todo el transporte de mercaderías se hiciera por camiones. Todo con el fin de no tener reclamos en las calles.
Tras este acuerdo, la nueva cúpula de la nueva CGT se reunirá hoy en la sede de Azopardo y pedirá una audiencia con el presidente. Desde el Gobierno aseguraron que el encuentro se concretaría en el corto plazo.
Pero nada es fácil para la Casa Rosada, porque si Macri recibe al triunvirato cegetista y le otorga legitimidad como interlocutor gremial, haría un desaire a la impugnación que presentó el ruralista Gerónimo Venegas en el Ministerio de Trabajo por considerar irregular la elección de las autoridades.
Venegas, que es uno de los sindicalistas más cercanos al Gobierno, se opuso al triunvirato y acusó a sus colegas de regalarle la CGT a Massa, ya que Daer y Acuña son legisladores del Frente Renovador.
Sin embargo, aunque hay enojados como los bancarios de Sergio Palazzo que quería un lugar en el trípode del poder, o de los seguidores del taxista Omar Viviani, cuyos adherentes se fueron en medio de silbidos, las cifras hablan: votaron ayer 1.582 congresales sobre un total de 2.191. En cantidad de gremios, fue así: se unieron 124 sobre 213 confederados. Se trata de una mayoría, eso no se discute.
El pensamiento de los tres jefes de la CGT unificada es interesante porque refleja por dónde camina actualmente la central obrera. Héctor Daer dijo: Somos víctimas de políticas económicas y sociales que nos fragmentan. Hay que hacer recapacitar al Gobierno por el empleo y las importaciones. Por su parte Schmid afirmó: Si mañana convocamos a un paro, al otro día estaremos igual. Hay que replantear la estrategia. Hay un claro viraje a la derecha y la crisis se está profundizando y Acuña advirtió en campaña, el Gobierno hizo promesas que no cumplió: el impuesto a las ganancias sigue, hubo tarifazos y la inflación es casi el doble de lo que pronosticaron.
Hay enojo, pero también una impronta de diálogo y eso marca una diferencia muy importante con el gremialismo tradicional en la Argentina, con los gobiernos no peronistas. De todas maneras es la foto de hoy, veremos cómo se desarrolla el diálogo con el oficialismo.
















