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Cerrajería Carcedo: más de 50 años en el rubro, con la confianza como aliada

06 de abril de 2014 a las 12:00 a. m.

 Integrantes de la familia Carcedo recrearon la historia del comercio.

(LA OPINION)

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Un cartel de chapa en el frente de Pinto 669 con la leyenda: Vicente Carcedo, llaves y arreglos en general, es la puerta de entrada a un universo comercial y familiar rico en vivencias. La firma tiene más de 50 años de historia y encierra algo más que el oficio de colocar cerrojos y abrir puertas. Supone el ejercicio cotidiano de la confianza y la calidad en la prestación de un servicio a través de un oficio que supo pasar de generación en generación para transformar a la Cerrajería Carcedo en uno de los negocios más tradicionales de Pergamino.

En la actualidad el comercio está a cargo de Carlos Vicente David Carcedo, el hijo varón de Vicente, fundador del negocio. Con él están María Celia Maderna (Mary), esposa de Vicente; y Claudia Cecilia Carcedo, su hija, que es quien relata parte de la historia.

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“La cerrajería se llama Vicente Carcedo, llaves y arreglos en general, es un negocio con nombre propio que funciona desde el mes de  octubre de 1962, es decir que ya tiene más de 50 años de vida”. 

Los comienzos fueron en calle Merced 333, “un local que mi papá le alquilaba al señor Juárez”.

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Según cuenta Claudia, Vicente había aprendido el oficio a través de un tío de su esposa y con la ayuda de uno de los cerrajeros más antiguos y reconocidos de Pergamino: el señor Palma.

“Esos fueron sus maestros en el oficio y empezó a trabajar, siempre funcionando como una empresa familiar porque como él era empleado del Correo, mi mamá le tomaba los pedidos e iba a la cerrajería de Palma a buscar candados; así se manejaron ellos en los comienzos,  con una participación activa de mi madre y con una dedicación sostenida de él que cuando salía de su trabajo se dedicaba de lleno a la cerrajería”, refiere. El local funcionó en calle Merced hasta el año 1981, cuando se mudaron al inmueble que ocupa en la actualidad, en calle Pinto. En la misma construcción vive la familia Carcedo. Lo que separa la cerrajería de la casa es una puerta. Claudia señala: “Inicialmente era únicamente el negocio, pero después mi papá pudo comprar la propiedad, dividimos los espacios y aquí también es nuestra vivienda familiar”.

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La división es simbólica, porque todo en ellos está conectado. De hecho mientras transcurre la charla, desde la cocina de la casa se escucha el ruido de las herramientas y los ecos de la dinámica de la cerrajería. También irrumpen en la charla las anécdotas familiares que mencionan a Juano Pedro (7) y Roque Vicente (11), hijos de David; y a Agustina (18), hija de Claudia. Al otro lado de la puerta, David trabaja.

El funcionamiento del negocio es un tributo a Vicente, que falleció de muerte súbita el 31 de marzo de 2001. “Casi todos los recuerdos que tenemos de nuestro padre están vinculados a la cerrajería”, porque el hombre en un momento renunció al trabajo en el Correo y se dedicó a pleno a su oficio, su pasión. “Uno de los pilares de la cerrajería fue su sostenida dedicación, parte de su clientela era de Pergamino, pero atendía a mucha gente de las localidades vecinas; si tenía que ir a un campo iba con la persona, de hecho muchos de sus clientes terminaron siendo sus amigos, porque se quedaba a almorzar o merendar con ellos”, agrega la hija.

Tanto Claudia como David coinciden en recordar a su padre como “un hombre prolijo” que arrancaba su rutina de trabajo a las 7:00.

“Con él trabajaba mi abuela materna, que también se levantaba muy temprano y venía a ayudarlo atendiendo la caja”, refiere Claudia. Habla de Francisca de Maderna, una mujer que colaboraba con Vicente en el manejo de las finanzas del negocio y se transformaba en una de las caras visibles del negocio. 

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Desde siempre, otra de las piezas claves en la dinámica familiar y comercial fue María Celia. “Mi mamá al principio estaba prácticamente al frente del negocio, después cuando mi padre ya se abocó de lleno, siguió colaborando con él, acompañándolo, de hecho trabajaba en una gestoría y dejó para unirse a su esposo; siempre tuvo un rol protagónico”.

Más tarde como se agrandó la clientela, incorporaron a Oscar Ibarra,  recomendado por un vecino. “Era una maravilla de persona, él también falleció, pero tenemos innumerables recuerdos”, señala Claudia.

Con la familia incorporada al oficio, Vicente vio cómo su hijo seguía sus pasos y se forjaba un camino propio a su lado. “En 1990 mi hermano puso una sucursal en el lugar donde estaba la vieja cerrajería Palma, en Avenida de Mayo casi llegando a Doctor Alem, siempre funcionamos como una empresa familiar”, refiere Claudia. 

“David comenzó desde muy chico a manejar el oficio y todos los integrantes de la familia sabemos hacer copias de llaves”, agrega. 

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“El pensaba que, salvando las diferencias, el cerrajero es como una especie de médico, que tiene que estar disponible a cualquier hora y acudir a cualquier lugar porque nadie sabe cuándo se quedará encerrado en un lugar incómodo y sospechaba que esa tarea no era para mujeres”, asegura Claudia con ternura.

 

Siempre juntos

Cuando en 2001 los sorprendió el inesperado fallecimiento de Vicente, la familia Carcedo no lo dudó un instante y decidió seguir adelante con el negocio. “Nos unimos y nos dijimos: ‘Vamos a salir adelante’”, señala Claudia que es abogada y confiesa que al principio ella misma se dedicaba a hacer copia de llaves “por una necesidad casi emocional”.

“Hacía llaves porque lo veía como un legado, nuestra herencia era la cerrajería”, asegura.

Ese valor sentimental pudo más que cualquier otra circunstancia, se unieron y todos colaboraron para llevar adelante el negocio. “La cerrajería está en manos de David, pero en aquel momento contamos con el apoyo de todos, entre ellos mi cuñada Fernanda Trovato Fuoco”, agrega Claudia. Así cumplieron el cometido de seguir adelante.

 

La permanencia

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Una de las claves de la permanencia de la Cerrajería Carcedo es la fidelidad de los clientes. “Cuando falleció mi papá nos organizamos como familia y mi hermano tomó la posta; la clientela lo siguió y lo sigue”, cuenta Claudia y asegura que David es “dinámico para los arreglos y conoce el oficio a la perfección, es muy práctico y busca en el mercado la variedad de cerraduras que hay, siempre tratando de brindar el mejor asesoramiento a nuestros clientes, sobre todo hoy en que hay un crecimiento de la actividad debido a la inseguridad”.

“La cerrajería cobra más vida en la actualidad porque la gente busca preservar su casa, ponen más cerraduras, cerrojos, pasadores, eso requiera estar todo el tiempo actualizado”, plantea Claudia durante la charla.

Otro capital de la cerrajería es la confianza. “Es fundamental, la gente espera con paciencia por lo que implica darle las llaves de una casa a alguien, además en nuestra cerrajería los trabajos siempre fueron garantidos, esto quiere decir que la gente sabe que si una llave no funciona, se hace nuevamente el trabajo sin cobrarlo otra vez”.

 

En su memoria

El recuerdo de Vicente sobrevuela cada tramo de la charla. “Esa era la impronta de mi papá, asegurar un servicio de calidad; él era un artesano de su oficio”.

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Tanto su esposa como sus hijos definen a Vicente como un hombre de bajo perfil, muy dedicado. 

Al respecto es David quien confiesa: “Fue el mejor padre, el mejor hijo, el mejor hermano, y el mejor cerrajero, un hombre que se fue a los 63 años cuando no tenía edad para morirse”.

Lo que señala es algo más que la definición referencial de un hijo. Es el sello del comercio que forjó con esfuerzo y levantó sobre la base de esos valores. “Era un hombre recto, que no tenía grises”.

Para David fue casi natural “tomar el legado”. Lo dice y asegura que le gustaría ser como él. “Con llegar a ser la mitad de lo que fue ya me conformó, un buen cerrajero, un tipo simple que quería las cosas bien y nada más”.

En David se nota esa impronta. Mientras trabaja en un taller, lleno de piezas y herramientas señala que el oficio no cambió mucho y sigue rescatando la confianza. 

Las llaves forman parte de su vida. Tanto David como Claudia aseguran haber crecido entre ellas. El trabajo en el oficio está integrado a la vida familiar y no sienten haber seguido adelante con la empresa como un peso. Por el contrario, lo viven como una enorme responsabilidad que asumen con placer.

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“En una empresa familiar todo lo que proyectás hace a la unión familiar; entonces la palabra responsabilidad no suena como una carga, más bien es un placer porque te unís a los tuyos para llevar una tarea adelante, tenés el objetivo común de construir”.

La frase que señala que “la unión hace la fuerza”, cobra sentido en la familia Carcedo cuando definen la pasión que le ponen al trabajo. Lo que sienten trasciende el interés comercial. Aprendieron  de la mano de Vicente que la confianza es la llave que abre todas las puertas y son fieles a ese legado. 

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