Carreteras y autopistas: ¿qué pasa con nuestras conductas?
La vida se va en un abrir y cerrar de ojos. La llenas de alegría, amigos, una familia, y descubres que esos instantes te han hecho lo que eres. Pero adelante están nuestros sueños, y la emoción de saber qué hay más allá. Porque la frase “la vida es muy corta” es cierta, pero también es verdad que nunca es tarde. La diferencia entre ver pasar la vida, y cruzar por ella, es vivirla a pleno. Disfrutemos la vida. Nos queda mucho por recorrer. Por favor, en la vía pública ¡cuidate!
Vivir significa correr riesgos. No provoques que los mismos te lesionen o te maten.
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Todo siniestro puede provocar consecuencias graves y extremas, puede ocurrir en cualquier momento y circunstancia, y quedar involucrado por más precavidos que uno sea.
Manejar y conducir no son sinónimos, menos aún a la hora de hacerlo en la ruta. De manejar a conducir, un simple paso, cambiar nuestras conductas.
De manejar a conducir, un cambio de acción, que me lleva a pensar y actuar permanente. De manejar a conducir, es hacerlo con respeto, pero no con miedo, esto último representa una enfermedad, y puede ser peligroso.
En lo publicado el miércoles último, se mencionó el total de víctimas fatales y lesionados ocurridos en nuestro país durante 2013. Se analizó la efectividad del Operativo Vial Verano 2014, como consecuencia se introdujo la palabra paradoja, se expresó que la siniestralidad había crecido, y además, se consideró que nuestro territorio es muy extenso, y que los siniestros viales se siguen produciendo.
En Salta, cinco personas fallecen, como consecuencia de un impacto frontal. En Zárate, otro siniestro y, como consecuencia, dos víctimas fatales. En San Pedro y Ramallo, varios muertos, resultado de varios accidentes. En Neuquén, luego de un impacto entre dos vehículos, fallecen tres personas. Lo ocurrido, el viernes último en Mendoza, 19 personas mueren, más de una docena de lesionados, y todo como consecuencia del choque y posterior incendio de los vehículos.
¿Qué nos pasa al manejar en rutas y autopistas?
De estudios realizados, considerando los causales de porqué ocurren los accidentes, se llegó a la siguiente conclusión: del total de los mismos, aproximadamente el 87% corresponde a fallas humanas, un 11% se asigna a infraestructura vial y condiciones climáticas, y el 2% restante a fallas técnicas. En el factor humano, muy representativo, debe considerarse aspectos como distracción, cansancio, velocidades no permitidas, no acatar señales de tránsito, realizar maniobras abruptas, y un factor a considerar es la clásica invasión de carril. Si consideramos el lugar donde se producen los accidentes, el estudio expresa que rutas nacionales se lleva el 51% de los siniestros, 25% ocurren en rutas provinciales, 9% en autopistas, 8% en avenidas, y 7% en calles.
La infraestructura vial, hoy insuficiente y hasta inexistente, juega un rol importante en los siniestros viales. Distintos países con este problema, lograron reducir el mismo, con la construcción de autovías-autopistas. Situación esta que en nuestro país presenta grandes falencias, donde pasamos de reunión en reunión, abriendo pliegos de adjudicaciones y en la práctica no vemos resultados positivos.
Transitar de día, de noche, con sol, y hasta con alguna precipitación. En lo que respecta al tránsito, realmente complejo e intenso: grandes camiones, autos por doquier, colectivos de doble piso, tractores etcétera. Y si a esto le sumamos algunas de las rutas obsoletas, con falta de señalización tanto vertical como horizontal, accesos y cruces peligrosos, animales sueltos, el resultado es uno solo: accidentes de tránsito, y como consecuencia de estos, muertes y lesiones varias.
Manejar es abrir la puerta del auto, sentarnos, dar arranque y salir, todo termina allí, y es así como se producen tantas muertes y diferentes tipos de lesiones. ¿Y si en vez de manejar, ponemos en práctica la acción de conducir? Es decir, manejar a conciencia, con responsabilidad, conocer el contexto, usar el cinturón, desarrollar velocidades máximas permitidas, llevar las luces encendidas etcétera. De esta manera, nuestro título sería: “Si conducimos, los riesgos de accidentarse se reducen”.
Cinturones y airbags, siempre juntos. ¿Por qué la noche no es buena amiga del manejo? ¿Qué sucede si llueve, o hay barro? ¿Y las luces? Como verá, la lista de recomendaciones para lograr una conducción segura es ina-gotable.
En la condición de manejo nocturno, aunque usted cuente con un excelente sistema de iluminación y se sienta muy seguro, los factores de riesgo y probabilidad de accidentes se multiplican. Las excusas para manejar de noche son: el clima es más fresco, los pasajeros y el auto sufren menos. Circula menos gente. Los que viajan de noche son conductores más experimentados. Los chicos de noche duermen, descansan, y no molestan al que maneja. Trato de descansar bien durante el día, antes de un viaje nocturno. Todo esto, es un disparate, visto desde la seguridad. Si a lo mencionado previamente le sumamos niebla, bancos de humo o lluvia, el riesgo ya es más grave. Y si a todo esto le agregamos un vaso de vino que bebió para bajar el asadito que comió para no bajar en el camino, los factores personales y externos durante el manejo nocturno aumentan los tiempos de percepción y reacción ante un problema.
En el manejo con lluvia las condiciones para el conductor se extreman, conduciendo cerca del límite. Una maniobra inadecuada producirá una pérdida generalmente irrecuperable del control del vehículo. Las acciones de manejo deben ser suaves, el frenado se hace progresivamente, no debe realizarse ninguna volanteada, y seguir el mismo criterio al apretar el acelerador, es fundamental evitar en toda circunstancia que las ruedas motrices patinen. Tengamos presente que este tipo de manejo también lo consideremos cuando transitamos con suelo barroso o de ripio. Este criterio suave de conducir contempla la idea de la maniobra mínima necesaria para producir un determinado efecto.
Vamos a ocuparnos de las luces, más allá de la obligatoriedad de llevar encendidas las luces bajas, tengamos muy presente esta premisa: “Las luces en el auto sirven tanto para poder ver como para ser visto”. En el afán de poder ver más, encandilamos a quien viene de frente. El otro conductor, deslumbrado, deja de vernos con precisión, percibe mal su entorno y su posición en el camino, corre el riesgo de pisar la banquina, realizar una maniobra diferente, cruzar la línea central del camino con el consecuente impacto frontal. De igual manera en que las luces altas encandilan a quien viene de frente, el conductor que va delante de nosotros no lo pasa mucho mejor. Este efecto es particularmente grave para los conductores de vehículos pesados (camiones-ómnibus) que ante esta situación a veces expresan su desagrado de manera poco civilizada. También están los sujetos que esperan a estar a unos pocos metros del vehículo que viene de frente y dispararle con toda su artillería de luces.
Si hacemos una pequeña reflexión de todo lo comentado ¿cuál es su conducta al manejar? ¿Coincidimos de lo difícil que es manejar en ruta? Seamos objetivos, creo que sí, y la verdad que mucho.
Ahora bien, frente a esta gran complejidad, y de los distintos riesgos a que nos exponemos, usted ¿consume elementos de seguridad activos y pasivos? Considere que los mismos nos van a evitar producir o quedar involucrado en un accidente, y si el mismo ocurre, el propósito es que la carrocería absorba toda la potencia del impacto, quedando el habitáculo lo menos afectado para protegernos a nosotros. Por supuesto, use el cinturón de seguridad permanentemente, al igual que sus acompañantes, y trate que su auto disponga de sistema de airbags. Tenga presente que el uso de éste sin el cinturón puede llegar a resultar más peligroso que el no usarlos.
Estos muertos y heridos en nuestras rutas, representan un porcentaje de las 22 víctimas fatales en promedio que mueren en nuestro país por día, de norte a sur y de este a oeste, no debiendo solamente considerarse lo que muestran los medios periodísticos nacionales televisivos y gráficos, que muchas veces hacen de estas situaciones un espectáculo y no tratan la problemática con la objetividad necesaria.
Viaje, por placer o trabajo, pero considere todo lo que se explicó, realicémoslo como acción de conducción y no de manejo.
Vivir, disfrutar, desarrollarse, buscar y lograr objetivos, implica tiempo y esfuerzo. Vivir, significa correr riesgos por eso no desperdicies o arruines tu vida en un accidente de tránsito.
Los siniestros viales, constituyen un problema de salud pública. Se los ha calificado como una epidemia silenciosa de los siglos XX y XXI. Un profesional de la medicina, el doctor Camille Simonin, se refirió a los mismos de la siguiente manera: “El vehículo, ha reemplazado al microbio en las estadísticas de mortalidad”.















