Cada vez más muertos en las rutas argentinas
Lamentablemente, lo hemos analizado en otras oportunidades, la Argentina ostenta uno de los índices más altos de siniestros viales mortales: 21 personas mueren por día, casi 8.000 por año, y más de 120.000 heridos anuales de distinto grado, además de cuantiosas pérdidas materiales en los hospitales públicos. De hecho, la atención a lesionados del tránsito es lo que más complica la estructura y las finanzas del sistema sanitario.
Aun en una época en que la inseguridad avanza sin remedio, las víctimas mortales de las rutas son más que las de los hechos delictivos. Entre los menores de 30 años, los mal llamados accidentes son la principal causa de deceso.
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Estas cifras son significativamente elevadas si se las compara con los datos de otros países, en relación a su población y número de automóviles circulantes.
No queremos ni pensar con la niebla producto de este raro veranito, en pleno mayo, la visibilidad acotada y la imprudencia de los conductores en nuestras estrechas rutas, los accidentes que se podrían producir.
Una conjunción de estos factores hizo a la tragedia en La Pampa: solo se veían sombras a 50 metros y lloviznaba. Un escenario para ser muy precavidos en la ruta. Una caravana de vehículos se había formado en la ruta nacional Nº 5, a unos 21 kilómetros de la ciudad de Santa Rosa. La traza de doble mano. Un automóvil busca adelantarse y un camión viene de frente. Ambos conductores intentaron una maniobra desesperada por evitar la colisión y fatídicamente los dos se desviaron hacia el mismo lugar de la banquina. El camión volcó y a continuación seis vehículos impactaron en cadena en La Pampa. Fue un verdadero desastre. Una conductora murió y 23 personas quedaron hospitalizadas, entre ellas, varios técnicos del Inta que se dirigían a la planta ubicada a unos cinco kilómetros del lugar del choque. Las rutas argentinas sumaron de este modo otro accidente fatal, que engrosa la estadística de muertos y heridos en accidentes.
La víctima fatal fue identificada como María Walter, de 27 años, que conducía un Ford Fiesta. Ese vehículo impactó frontalmente contra el camión. La mujer vivía en Colonia Barón y se dirigía a la ciudad de Santa Rosa. Hacía ese camino de manera habitual, según dijeron fuentes oficiales. Murió mientras los bomberos intentaban extraerla del vehículo, en el que estaba atrapada.
Cada día mueren 21 personas en choques, según el registro que realiza la ONG Luchemos por la Vida, que contabilizó 7.613 decesos en las rutas en 2014.
En la estadística desarrollada por Luchemos por la Vida, la provincia de La Pampa figura en el octavo lugar de muertes en accidentes de tránsito, con una tasa de 29,2 cada 100.000 habitantes. La tasa de homicidios más alta en la Argentina se encuentra en Santa Fe (donde como hemos analizado en otras oportunidades, las bandas narcos se enfrentan diariamente), con niveles que alcanzan a 20 cada 100.000, por debajo de las muertes ocasionadas en las rutas.
Santiago del Estero, con una tasa de 38,8, es la provincia con mayor proporción de muertes por accidentes viales, mientras que la cifra neta de decesos viales hace de Buenos Aires el lugar más peligroso, con 2.334 muertes registradas en 2014.
La tasa argentina de muertes por accidentes viales alcanza a 18,8 cada 100.000 habitantes, más alta que la de los países de la región, más alta que Estados Unidos y que Canadá.
De las muertes evitables, los siniestros viales son una de ellas. La prudencia al manejar es una clave a la hora de evitar un siniestro. Un automóvil o un camión puede ser un arma. Más en estos tiempos en que se fabrican vehículos que desarrollan altas velocidades, que no están acordes a las trazas de rutas de dos manos, mayoritarias en nuestro país.
Está comprobado que, de los tres componentes que interactúan en el sistema del tránsito (el ser humano, el vehículo y el ambiente), es el ser humano el causante principal de los siniestros de tránsito. Y en el factor humano confluyen varias aristas que lo hacen volátil y alejado del sentido común más elemental en el que todos coincidiremos: es mejor arribar a destino media hora más tarde que no arribar.
También en la mente humana juegan el yo puedo, el a mí no me va a pasar nada, les pasa a otros, el yo manejo bien, el otro maneja mal. Y la inaceptable incoherencia de exigir al Estado más controles pero no cumplir con las leyes y límites establecidos.
Pero no todo es pura responsabilidad de quien maneja un vehículo ni del Estado en su rol de control. También es un factor desencadenante de la tragedia la escasa inversión pública en infraestructura vial, que la ha dejado muy por detrás de las necesidades del tránsito actual. A esto hay que sumar una acción deliberada en la que no se midieron efectos colaterales: la eliminación del tren. Toda la carga que iba segura sobre rieles, hoy está sobre el asfalto. Cereales, animales, estructuras metálicas y cementicias, containers, maquinaria agrícola, en fin, lo que vemos a diario. Son enormes acoplados que atraviesan el país, incluso excediendo las medidas permitidas. No es extraño ver vehículos de carga o máquinas que deben rodar utilizando parte de la banquina para no salir de su carril. En este punto, más que en los controles viales (porque todos sabemos lo que debemos hacer y no deberíamos necesitar radares ni inspectores) es donde el Estado ha hecho agua y se ha convertido en cómplice de las tragedias diarias.
Con falta de infraestructura para circular seguros, el incremento del parque automotor de manera exponencial, los camiones de gran porte que llevan nuestra producción, paradójicamente solo puede salvarnos el factor humano, ese que hoy es la principal causa de los siniestros.
El Estado va siempre un paso (o varios) atrás de las necesidades, por eso, mientras esperamos que lleguen las soluciones sólo un cambio de actitud -educación y conocimiento no faltan- hacia una mayor prudencia y respeto por el ámbito donde se mueren más argentinos, puede cambiar la triste realidad.














