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Caballos sueltos en la ruta Nº 178: el miércoles hubo un nuevo accidente de tránsito

05 de abril de 2014 a las 12:00 a. m.

DE LA REDACCION. La presencia de caballos sueltos a la vera de las rutas de la jurisdicción es una seria problemática de seguridad vial que en los últimos meses ha dado varias muestras de advertencia de lo que podría ocurrir sino se toman medidas en forma inmediata.

La mayor cantidad de reclamos están sectorizados en el tramo final de avenida Rodríguez Jáuregui y el comienzo de la ruta provincial Nº 178, sector donde el miércoles pasado un camión impactó contra un caballo en el kilómetro Nº 6 del mencionado corredor.

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Afortunadamente el conductor de transporte no sufrió lesiones de consideración, pero el choque le provocó la muerte del animal y daños significativos en el vehículo, por lo que de haber sido un rodado más pequeño las consecuencias hubiesen sido otras.

Sin embargo, no es éste el único antecedente que existe en este sector. En lo que va del año se registró otro accidente donde se vio involucrada una camioneta y varias situaciones de riesgo en que los conductores debieron realizar maniobras bruscas para evitar el impacto, o frenar a cero el vehículo cuando varios caballos en fila cruzan la ruta.

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Daniel Ger y María Ayala, matrimonio domiciliado en la zona rural del Partido que viaja a la ciudad varias veces al día, se acercó a LA OPINION para denunciar públicamente esta situación y advertir sobre el riesgo constante de accidente.

“El tramo de Florencio Sánchez hasta el puente del arroyo “La Botija”, tanto la avenida Rodríguez Jáuregui como la ruta Nº 178 es muy complicado. Esta situación es constante, todos los días, a toda hora. La única alternativa que nos queda es llamar al 108 que con muy buena predisposición nos atienden y mandan un móvil, pero corren a los caballos y a los 10 minutos vuelven”, explicaron.

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El matrimonio conoce tan bien los riesgos que existen en ese tramo que señaló con detalle que “a la altura del barrio Atepam siempre hay seis o siete caballos sueltos y en el kilómetro 6, antes de llegar al puente del arroyo ‘La Botija’, donde existe una curva, suele haber entre 15 y 20 animales”. En este sentido agregaron que ese lugar “el miércoles un camión embistió a un caballo. Por suerte el chofer estaba bien, pero el animal murió y el camión quedó prácticamente destruido”.

Preocupado por los peligros que representa esta situación explicaron que ellos conocen bien los riesgos que existe y por eso circulan con precaución, pero “hay gente que no conoce la ruta y va a una velocidad normal de 100 kilómetros, lo cual puede ser peligroso”.

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Tanto Ger como Ayala quisieron hacer pública esta denuncia “para que mañana no tengamos que lamentar un accidente grave porque circulan transportes escolares, combis con trabajadores”.

El matrimonio asegura que hay días en que llaman entre cuatro o cinco veces advirtiendo sobre esta situación pero entienden que “después de la respuesta que nos puede dar el 108 hay un vacío, no sabemos a quien recurrir. Esto es lamentable porque peligra la vida de personas y de los caballos”.

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Por último, para los vecinos la solución a este problema es que comiencen a “secuestrar los caballos y cuando los propietarios tengan que pagar una multa para recuperarlos, van a ser más responsables”.

 

Leyes reguladoras

La ley dice que los animales deben tener una marca para identificar al dueño, pero muchos no la poseen e imposibilitan la detección sobre la responsabilidad civil en caso de colisiones. Muchos responsabilizan en primera instancia a los propietarios irresponsables, pero está claro que la falta de controles y sanciones rigurosas permite que esta situación se siga produciendo, lo que convierte al Estado en un responsable solidario.

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No necesariamente el propietario vive en la zona donde se puede ver pastando los animales, a la vera de rutas y calles. Los caballos suelen caminar largas distancias buscando alimento y, no encontrándolo en los caminos secundarios, terminan en las rutas principales, mejor mantenidas que tienen pastos más tiernos por su corte más frecuente.

Cuando se produce el accidente, habitualmente no existe forma de demostrar la propiedad o la tenencia del animal, a fin de imputar la responsabilidad que define el Código Civil. En aquellos casos en los que sí es posible, por lo general resulta que el propietario o tenedor es insolvente.

Sin embargo, la solución de fondo no pasa por saber a quién hay que reclamar las pérdidas humanas y económicas generadas por el choque de un vehículo contra un animal suelto. Para encontrar la solución al problema genérico es necesario conocer cuáles son las causas de la existencia y persistencia de los animales sueltos en las rutas.

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