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Barack Obama, deslumbrado por el carisma de Francisco

29 de marzo de 2014 a las 12:00 a. m.

Siempre nos sorprende el Papa Francisco; el Santo Padre argentino nos lleva por los caminos de la reflexión en temas que no siempre los católicos han tenido presente. Y lo hace para todo el mundo, para los de credos cristianos o quienes profesan otras devociones. 

Es además un hombre claramente carismático, que conquista por su simpatía y su amplia sonrisa siempre presente, logrando la empatía inmediata de quienes lo escuchan. Y ese es un don clave para un pastor de almas, que debe procurar orientar a su rebaño.

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El jueves se reunió con el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, un mandatario que proviene de una nación donde no hay mayoría católica apostólica romana sino que está distribuida entre varios credos cristianos de origen anglicano, en función de lo que fue su colonización y posteriores procesos inmigratorios. Este origen poblacional, totalmente diferente al latinoamericano, que ha venido acompañado por una concepción religiosa, ha determinado el carácter de los norteamericanos, su forma de afrontar la vida en sociedad y su postura no siempre coincidente con la católica a pesar de ser un pueblo cristiano. 

Obama quedó deslumbrado con Francisco, que es el reflejo viviente del dogma católico, y lo expresó con total claridad: “El Papa nos desafía. Nos ruega que nos acordemos de la gente, de la familia, de los pobres. Nos invita a detenernos a reflexionar sobre la dignidad del hombre. Vine a Roma a escucharlo: su pensamiento es muy valioso para entender que podemos vencer en la lucha contra la pobreza extrema y limitar los desequilibrios en la distribución del ingreso. Al interpelarnos constantemente sobre el tema de la justicia social, el Pontífice nos abre los ojos al peligro de acostumbrarnos a las desigualdades extremas, hasta aceptarlas como algo normal”.

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Obama dialogó ampliamente con el diario romano Corriere della Sera, pocas horas antes de su encuentro con el papa Francisco. Definió al Papa como “una inspiración para la gente en todo el mundo por su compromiso con la justicia social y su mensaje de amor y compasión, especialmente hacia las personas que son más pobres y vulnerables”. 

Notó la gran diferencia que todos ven en él y no en sus antecesores: “No se limita a predicar el Evangelio: lo vive”, lo que a su criterio le otorga “autoridad moral”. 

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En este sentido Obama hizo una suerte de autocrítica ya que durante las últimas décadas, Estados Unidos vivió un fuerte crecimiento de la brecha entre lo que ganan los más ricos y los ingresos de la familia de clase media. En esto tiene mucho que ver la raíz religiosa e ideológica del norteamericano que mencionábamos más arriba: en su vida no hay lugar para la providencia, el famoso “Dios proveerá” ni mucho menos para el concepto de riqueza del Evangelio de Cristo. Para ellos, el bienestar material es el sinónimo de haber hecho bien las cosas a los ojos de Dios, bajo la modalidad del “self made man”: el hombre autosuficiente, que no espera la solidaridad ni la caridad ajena ni la providencia de Dios. Es su deber terrenal progresar, siempre y por su cuenta, para así ser agradable a los ojos de Dios. Obama refirió que “es un problema ético” el del individualismo extremo que se vive en su país y en otros de similar concepción. 

Pero ahora, el carisma de Francisco está atrayendo a estas almas que otrora no encontraban en el Papa de Roma más que un actor del concierto internacional. Ahora los mandatarios lo escuchan y atienden su mensaje, cosa inédita para naciones con minoría católica. 

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“Con su interpelación constante, el Papa nos abre los ojos al peligro de acostumbrarnos a las desigualdades, de habituarnos a ese tipo de inequidades extremas hasta el punto de aceptarlas como algo normal. Es un error que no debemos cometer. Creo que éste será uno de los principales motivos de nuestra conversación”, anticipaba Obama antes de entrevistarse.

También expresó su admiración por la valentía del Papa al hablar sin pelos en la lengua sobre los desafíos económicos y sociales más grandes que debemos enfrentar en nuestro tiempo. “Esto no significa que estemos de acuerdo en todos los temas, pero estoy convencido de que la suya es una voz que el mundo debe escuchar”, aseguró.

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La conversación entre los jefes de Estado duró unos 50 minutos. A continuación, Obama fue a recorrer Roma mientras que el Papa Francisco volvía a sorprender al mundo al acudir a uno de los confesionarios de la Basílica de San Pedro del Vaticano para confesarse de rodillas ante un presbítero, cual un creyente más. Lo hizo antes de abocarse él mismo a la tarea de recibir la confesión de los fieles durante el Rito de la Reconciliación que tradicionalmente se celebra en vísperas del cuarto domingo de Cuaresma. 

Nos sorprende siempre gratamente el Papa Francisco.

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