Arreglo con los “buitres”, endeudamientos y desarrollo
Uno de los temas pendientes que quedó del Gobierno anterior fue cerrar el capítulo con los fondos especulativos. Una tarea nada sencilla si se tiene en cuenta que más allá de que sean cuestionables las condiciones, son de cualquier modo acreedores de nuestro país, con derechos adquiridos desde el momento en que la administración argentina le vendió bonos. Además de tener que cumplir, es imperante que el tema se cierre cuanto antes ya mientras se mantengan en este status deudor, la Argentina tiene vedado el acceso al crédito serio y barato, al que tantos países acceden para su inversión y desarrollo.
Aunque parezca difícil de comprender, la macroeconomía del país se asemeja mucho en su espíritu a la economía doméstica, a la que manejamos cada uno de nosotros en el seno del hogar. Cuando una familia gasta más de lo que gana, está en problemas y se endeuda, y de algún modo esa deuda hay que pagarla, entre otras cosas, para acceder a un crédito, por ejemplo para cambiar el auto o hacer un arreglo en casa. Caso contrario, ningún banco serio le otorgará un préstamo. Aquí va la primera analogía: si por una condición de incumplidor a un ciudadano no le dan crédito en un banco o institución financiera, esa persona deberá acudir a un usurero para lograr su cometido. Lo mismo sucede con un país y este rol lo cumplen los inversores especulativos llamados buitres. Lo mismo le sucederá al ciudadano si solicita un crédito sin un fin específico, (comprar un vehículo, una casa, productivo) y en cambio lo requiere para saldar otras deudas, para pagar gastos habituales o dilapidarlos en ocio y vicio. Aun en un banco, se encontrará con que los intereses son mucho más altos. Para un Estado es similar: contraer deuda para pagar otras o para pagar gastos corrientes, la situación es caótica.
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Y de esto toma nota toda la plaza financiera mundial y al país en cuestión nadie le otorga créditos blandos y a tasas regulares sino que cae en manos de virtuales prestamistas o merced de la asistencia de países amigos, que hacen favores que luego hay que pagar a un coste muy alto, en términos económicos y políticos.
Esto sucedió en la Argentina y se terminó en un festival de bonos (muchos de la época de Fernando de la Rúa, paliando la herencia menemista. Y así podríamos llegar hasta Bernardino Rivadavia). Durante el kirchnerismo se realizó un gran canje desesperado de bonos con una quita del 75 por ciento, pero el resto, que era de fondos especulativos, buscaban la restitución total. Así se desarrolló la problemática entre la Argentina y los fondos buitre, pedidos de devolución usurarios pero no ilegales.
El nuevo Gobierno recoge el guante de esta problemática, porque necesita dos cosas muy importantes: conseguir endeudarse a bajas tasas y obtener capitales, dos condiciones que estando la Argentina en un default parcial, por no pagar a los fondos especulativos, será imposible. Porque es dable aclarar: endeudarse no es algo malo intrínsicamente sino todo lo contrario. El tema es para qué nos endeudamos, con quién nos endeudamos, bajo qué condiciones. Igual que sucede en la economía doméstica. Ni más, ni menos.
NML y Aurelius Capital, los fondos buitre más agresivos en la ofensiva judicial contra la Argentina, expresó ante la Justicia que ya se pactaron los términos económicos de un eventual acuerdo con el Gobierno para poner fin así al prolongado litigio por la deuda.
McGill anunció el principio de acuerdo en una audiencia en la Corte de Apelaciones que se realizó para decidir el futuro de las medidas cautelares, que el juez Griesa implementó en la demanda pari passu. Esas cautelares le impiden a la Argentina concretar pagos a los bonistas que participaron de los canjes de 2005 y 2010, pusieron al país en default técnico. En medio de esas negociaciones, Griesa indicó la semana anterior, en una orden indicativa, que está dispuesto a levantar las cautelares si la Argentina deroga la ley cerrojo y la ley de pago soberano y paga todos los acuerdos cerrados con los holdouts hasta el 29 de febrero. El tribunal de apelaciones accedió al pedido de la Argentina para dar de baja las apelaciones y allanó el camino para que Griesa levante las medidas cautelares.
Y ahora volvemos a la Argentina, porque estas negociaciones son en Estados Unidos que es el país elegido, en su momento, para dirimir estas cuestiones por el Gobierno nacional. Aquí, hay un gran debate político en la oposición, que toda unida son claramente mayoría ante el macrismo, para ver si apoyan la derogación de la ley cerrojo y la ley de pago soberano, en primera instancia y luego ya concretamente el pedido de la administración central para endeudarse.
En el Frente para la Victoria y el peronismo (porque se marcan divisorias políticas pero al Congreso del PJ concurren todo juntos) se analizó esta cuestión en un clima de tensión. Unos porque están de acuerdo en apoyar al macrismo para lograr estos objetivos, siempre que la deuda que se tome sea para obras de infraestructura y con el objetivo del desarrollo, no para fines de gastos sino de inversión (igual que el ejemplo que pusimos con la economía familiar). Y otros que se niegan rotundamente al endeudamiento, porque consideran que estamos ante una mala palabra, quizá porque muchas veces han visto pedir deuda en forma viciada y las consecuencias estuvieron a la vista.
Sin embargo, entre quienes se niegan al endeudamiento hay un costado político y pícaro inevitable, son los que creen que cuanto peor, mejor. Es decir si le va mal a Macri, allí están ellos, los peronistas como salvadores. En este esquema, un sector del peronismo apoyará al macrismo en esta pelea y otro se negará a levantar la mano en favor de la medida. Más allá de la resolución que tome el Congreso del PJ. Entre los que apoyarán al oficialismo se encuentran legisladores cercanos a los mandatarios peronistas que, esperan ver fondos de esos créditos para las obras públicas que necesitan, como es natural que suceda.
La palabra crédito o endeudamiento, insistimos, no es buena o mala en sí misma, sino teniendo en cuenta el destino que tiene el dinero. Si se trata de fondos para obras de infraestructura o desarrollo es positivo, si es para gastar es absolutamente negativo. Los gastos corrientes deben salir de los impuestos, como en una casa la mantención del hogar debe salir de los salarios. Tan sencillo como eso.














