Argentinos huérfanos, en un barco a la deriva
Como a todo últimamente, los argentinos también nos hemos acostumbrado a que en momentos críticos no contemos con la palabra, ni siquiera la presencia, de la principal referente de todos los argentinos: la presidenta de la Nación.
En todas las circunstancias adversas que sucedieron durante sus dos mandatos, la característica fue aparecer días después, cuando el panorama ya estaba más claro o la situación resuelta. Pero esta vez se le fue la mano.
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Llámese ola de calor inédita o crisis energética, el país -principalmente el área metropolitana- está viviendo horas terribles, en condiciones infrahumanas, de insalubridad, al no contar con elementos de primera necesidad como luz y agua, y de ella nada se sabe. La última vez que se la vio fue hace 20 días, en el cuestionado acto por los 30 años de democracia, que se desarrollaba al mismo tiempo en varias provincias donde se sucedían episodios violentos vinculados con la huelga de las Policías regionales, incluso con muertos en Tucumán.
Duele tanto como preocupa esta orfandad que tenemos los argentinos, que no alcanza a ser cubierta por el vocero más oficioso de estos días, Jorge Capitanich.
La derrota electoral, la inflación, la inseguridad, las causas de corrupción activadas en los tribunales, el vicepresidente Amado Boudou acorralado por la Justicia, la pelea con los holdouts, la fallida reforma judicial (o “democratización de la Justicia”) y el cuestionado acuerdo con Irán para investigar el atentado a la Amia que sigue sin ser aprobado en el país de Oriente Medio. Todos estos conflictos de 2013 se acumularon y conformaron una larga lista de disgustos presidenciales que nunca fueron asumidos y digeridos.
El inicio de 2014 encuentra a la presidenta Cristina Kirchner recluida en Santa Cruz. Tras haber utilizado a destajo en los primeros meses del año la cadena nacional, con temas importantes en algunos casos y en otros banales, terminó alejada de la escena en forma abrupta.
No escapa al análisis que el 8 de octubre fue sometida a una intervención por un hematoma subdural en el cráneo. Primero por prescripción médica, después por recomendación de sus familiares directos, retomó sus funciones tras 40 días, gradualmente y con contadas apariciones.
Pero tampoco escapa al análisis “la paliza” que resultaron ser las elecciones legislativas del 28 de octubre, especialmente en la provincia de Buenos Aires, donde se juega la “madre de todas las batallas”. El propio Miguel Angel Pichetto, defensor a ultranza del modelo, criticó la performance del candidato Martín Insaurralde y admitió haberse cansado de ser “políticamente correcto” en su comportamiento partidario.
Por eso es dable pensar que este alejamiento de la escena de la mandataria sea más estratégico que médico. No quiere mancharse pero tampoco el país puede seguir con “piloto automático” o comandado por segundas líneas que reciben instrucciones de no sabemos quién.
Cristina Kirchner es un cuadro político de primera línea, es una mujer inteligente y decidida. Realmente no encaja esta actitud de reclusión con su perfil.
Pero haber perdido a su marido, inmolado en la exacerbación de la política y estar enfrentando sus propios problemas de salud, la hayan llevado a bajar al mínimo su nivel de actividad y a dejar el país en manos de un equipo de gobierno cuyos integrantes no se llevan bien entre ellos.
Si fuera así, si Cristina está pensando en ella, no deja de ser una posibilidad que adelante las elecciones bajo este argumento. Claro que de hacerlo, sería sólo después de haber ungido un sucesor que le garantice la continuidad del modelo.
De todos modos, el hecho de que haya elecciones cada dos años, hace que nuestros políticos siempre estén en campaña, sin necesidad de que se adelanten los comicios. Por eso la gestión en Argentina es cortoplacista y las medidas que se toman simpáticas para poder levantar votos. En cambio las necesarias, las que a veces no se ven y que pueden resultar violentas, siempre se toman por colapso, como sucede con la infraestructura y la realidad energética que estamos viviendo en estos días.
Ya comenzó a correr el nuevo año entonces, sin la presencia visible de la presidenta pero con los entramados políticos a la orden del día, camino a un 2015 que es claro objetivo para todos los sectores.
En la vereda de enfrente, el Frente Renovador de Sergio Massa se sigue armando y sumando figuras, Roberto Lavagna, Carlos Reutemann y dirigentes peronistas que todos los días van pegando el salto al massismo.
Pero a su vez, socialistas encabezados por Hermes Binner; radicales comandados por Ernesto Sanz; dirigentes leales a Elisa Carrió; miembros del GEN de Margarita Stolbizer; el Frente Cívico cordobés de Luis Juez, y Libres del Sur están convencidos de que la reunión organizada por el exgobernador socialista de Santa Fe, y que culminó con un documento conjunto, fue el puntapié inicial para un largo y trabajoso camino: enfrentar con éxito otras opciones para suceder a Cristina Kirchner cuando finalice su mandato.
Luego de la extensa reunión en Rosario, y con un sentimiento de moderado optimismo, el progresismo no kirchnerista ya avanza en el armado de una propuesta unificada que se basa, al menos por el momento, en tres objetivos. El primero de ellos será consensuar posturas en el Congreso sobre temas trascendentes como la inflación, la inseguridad y el narcotráfico. Esta es una meta más sencilla. El segundo punto acordado establece privilegiar gestos futuros de unidad entre los partidos que componen el flamante conglomerado e invitar a fuerzas afines que todavía no se sumaron. Esta tarea ya es más complicada en función de las experiencias que hemos visto, cuando se imponen los liderazgos pero conspiran los vedettismos. Por último, los protagonistas se comprometieron a trabajar en un programa conjunto que incluya la resolución, vía internas abiertas, de la disputa por las candidaturas en 2015.
Todo indica que 2014, no siendo un año electoral, será claramente un período politizado, porque es en el cual se sentarán las bases de las candidaturas 2015. Mientras tanto, los argentinos seguiremos bailando al compás de los intereses políticos, que hace años superan a los nacionales, esos que deben trascender a las personas y los partidos. Y así estamos en consecuencia, sin infraestructura elemental, ni siquiera para soportar una ola de calor (imaginemos si se quisiera producir más con esta misma generación de energía), con subsidios que cuadruplican la inversión real, una inflación que no detiene su ritmo y nuestras vidas a merced de la delincuencia. Es decir, navegando en medio de una tormenta y sin la capitana del barco: a la deriva.














