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Ana María Nazar, una mujer que armó su vida en Pergamino en torno a la música

05 de enero de 2014 a las 12:00 a. m.

Ana María Nazar “Mamá María” como la conocen en el ambiente musical, nació en Arias, provincia de Córdoba, pero vive en Pergamino desde 1976. Llegó a esta ciudad con su esposo Carlos Gallucci y su hijo para forjarse un destino y encontró aquí una ciudad que le abrió las puertas.

Tiene 65 años y es viuda desde 1998. Vive cerca de su hijo, rodeada por sus nietos y bisnietos y extraña al que fue su compañero de vida, un músico que hizo que “todo en mi vida fuera una melodía”.

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“Viví en mi pueblo hasta los 17 años, después nos fuimos con mi esposo, Carlos Miguel Gallucci, a Venado Tuerto, vivimos diez años allí, y más tarde nos radicamos en Pergamino, una ciudad que nos adoptó y  nos abrió las puertas.

“Mi esposo era  músico y acá había más posibilidades de trabajo, integraba grupos musicales, tocaba con su orquesta y también daba clases de música”, recuerda y confiesa que aunque vuelve siempre a su pueblo, se siente pergaminense en virtud de que “esta ciudad me recibió con las manos tan abiertas que la considero como propia; estoy muy agradecida a esta ciudad y a su gente.

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“No me imagino viviendo en otro lugar, aquí está mi hijo, mis nietos y mis bisnietos; acá tengo mi casa y mucha gente querida y es en esta ciudad donde imagino mi vejez”, asegura.

La historia de vida de Ana María gira en torno a la actividad profesional de su esposo, un músico de ley que dedicó a sus composiciones gran parte de su vida. “El hacía todo tipo de música, tropical, era compositor, tenía su grupo y muchos alumnos en Pergamino, nuestra casa era el lugar donde él enseñaba, así que mi hogar siempre estuvo rodeado de música”. 

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Su primer lugar de residencia en Pergamino fue en Florida, entre Doctor Alem y Moreno. Más tarde compraron su casa en Bombero Esquivel, donde vive actualmente.

Comenta que laboralmente su esposo estuvo vinculado a casa D’Amico, un lugar de venta de instrumentos musicales y manifiesta con gratitud que “esa oportunidad laboral nos ayudó mucho a establecernos en Pergamino, era la época en que comenzaban a venderse órganos eléctricos, así que Casa D’Amico contrataba a mi esposo para brindar clases a los clientes que compraban esos instrumentos, la instrucción duraba tres meses y luego muchos seguían con él tomando clases a domicilio”, cuenta.

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Los bailes

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La música es el eje vertebral del relato de su historia de vida y algo en el tono de su voz delata placer cuando recuerda las épocas en que con su esposo se dedicaban a organizar bailes en los clubes de barrio.

“Durante muchos años estuvimos organizando bailes en el Club 25 de Mayo, los viernes y sábado; desde 1991 a 2005 estuvimos en el Club Compañía, donde éramos conserjes y organizábamos espectáculos”, señala y confiesa: “Nuestra vida ha tenido mucho que ver con la música y mi hijo, Ariel Jorge Gallucci, de algún modo siguió los pasos del padre, ya que integró algunos grupos musicales y es propietario de FM Líder, está siempre vinculado a lo artístico.

“Mi esposo hizo siempre lo que le gustó y creo que fue feliz porque tuvo el privilegio de trabajar de lo que le gustaba, y siempre le inculcamos eso a mi hijo y ahora a mis nietos y bisnietos”.

A Ana María le cuesta separar sus experiencias de las vivencias transcurridas junto a su esposo. “En Venado Tuerto trabajé en una fábrica, y cuando vinimos a Pergamino lo hice a la par de mi marido, siempre lo ayudé y era yo la que estaba al frente de la conserjería del Club Compañía y de hecho cuando él falleció en 1998, decidí continuar y estuve hasta 2005”.

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Se lamenta de que los bailes hayan desaparecido. “Si nuestra llegada a Pergamino se hubiera dado en el presente, nuestra suerte no hubiera sido la misma, porque la organización de los bailes fue para nosotros una actividad que nos permitió subsistir, al tiempo que incluirnos en la vida de esta comunidad.

“Mi familia es una agradecida a los clubes, empezamos en Vicente López, continuamos en 25 de Mayo, y luego en Compañía”.

 

De la conserjería

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De su experiencia en la conserjería del Club Compañía guarda los mejores recuerdos. “Ahí hice amistades entrañables”, confiesa y describe la tarea como “un tanto sacrificada porque se hace de todo, estás al servicio del socio y no tenés horarios, pero tiene su cosa gratificante y el club se transformó para mí en mi segunda casa”.

En otro tramo de la charla recuerda que en el club había bochas y se define como “una buena jugadora”. 

“Empecé porque faltaba gente para completar equipos y terminé siendo buena y jugué mucho tiempo”, agrega.

“La parte más linda de mi vida la pasé en el Club Compañía”, confiesa.

 

Rodeada de afecto

El repentino fallecimiento de su esposo en 1998 fue el golpe más duro de su vida. Sin embargo, fiel a su esencia, logró sobreponerse a la pérdida y mirar hacia adelante. Se siente afortunada de contar con una familia incondicional. “Mi esposo se merecía vivir más tiempo, se fue justo cuando podíamos disfrutar.

“Fue muy duro, me costó mucho reponerme a esa pérdida, pero tengo una familia hermosa, llegamos tres  a Pergamino y ahora somos muchos y nos queremos bien”, comenta y hace referencia a su hijo y a su nuera Mara; a sus nietos: Matías, Carlos, Mayra y Mariano; y a sus  bisnietos: Alexis, Tiziano, Santino y Tiago.

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Su gran amor

Carlos Gallucci fue para Ana María su gran amor. Lo conoció a los 12 años viéndolo tocar en una orquesta. “El me llevaba casi 11 años, yo era una nena y no me dejaban salir, un día me llevaron a un baile y estaba mi marido tocando en la orquesta, me pareció tan lindo, que no podía dejar de mirarlo y de imaginarme qué lindo sería si algún día nos poníamos de novios”, cuenta. 

Cuando cumplió 15 años salió con sus amigas y un domingo a la tarde lo vio cuando estaban cargando los instrumentos para ir a tocar, se pusieron a hablar y ahí nació una amistad que desembocó en el noviazgo que Ana María había soñado de pequeña. “Otro día pasó por casualidad por el frente de mi casa, paró, nos pusimos a charlar y terminamos de novios, mi padre se oponía por la diferencia de edad y porque era músico, pero se ve que yo le importaba en serio porque aceptó todas las condiciones que le pusieron y seguimos adelante.

“Nos casamos cuando yo tenía 16 años y no nos separamos más”, refiere y acerca a la conversación fotos que son testimonio de esa historia. Están las de la boda, las de las actuaciones de la orquesta. Para Ana María son tesoros.

Se emociona cuando cuenta que siempre le pedía que tocara para ella Zorba el Griego. “Siempre le pedía que tocara esa canción, creo que tiene que ver que era el tema que él estaba tocando cuando lo vi por primera vez; cada vez que veo a un músico y tengo oportunidad le pido que interprete esa canción”.

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Una vida sencilla

Con el recuerdo siempre vivo de su esposo, Ana María tiene una vida cotidiana sencilla. “Ayudo a mi hijo, me gusta cocinar, salir a caminar y los fines de semana disfruto de ir a tomar algo a Los Naranjos con mi amiga Rosana.

“Si pudiera pedir algo, me gustaría viajar más, ya que no conozco demasiados lugares, pero eso no siempre se puede”, señala.

Aunque asegura que la viudez fue una experiencia difícil de transitar, en ningún momento de la charla se queja. Por el contrario, se muestra agradecida por la familia que armó junto a su compañero. “Su muerte fue muy repentina, mi esposo falleció de un infarto el 29 de diciembre, sentí que me derrumbaba, pero mi hijo era joven y tenía chicos a sus hijos, así que hice de tripa corazón y seguí adelante.

“Lloraba a escondidas, y un buen día leí una oración que se transformó para mí en el segundo Padrenuestro: ‘Que nadie ni nada que se agite sobre la faz de la Tierra detenga tu andar, que sólo Dios guíe tus pasos’; desde ese día la repito cada vez que algo me entristece. 

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“Perder a mi esposo fue lo más grave que me pasó, porque se merecía haber vivido más tiempo; era cuando mejor estábamos, se había comprado un coche y podíamos disfrutar, me costó mucho afrontar esa pérdida, y de hecho es algo que nunca se supera del todo, siempre digo que mis fiestas son polares, aunque tengo una familia hay un frío que entristece mucho”.

 

En la música

Encuentra en la música el mejor homenaje a su esposo y se gratifica con señales que lo mantienen vivo. Sobre el final de la entrevista lo cuenta. “Trato de seguir siempre en contacto con los músicos, de hecho hay un grupo musical ‘Yago y los duendes’ que grabará con Magenta un tema de autoría de mi esposo: ‘Te juro que lo vi’; eso me alegra mucho y los llamaré para agradecerles.

“Hay muchos grupos que tocan temas de mi marido y esa es una manera de tenerlo vivo, de hecho en la placa que hice cuando falleció elegí poner: ‘La leyenda continúa’, para significar que aquellos seres queridos que mueren, siguen vivos en el recuerdo, en el caso de mi esposo, sigue vivo en la música, en mi hijo, mis nietos, mis bisnietos y en todo lo que a diario me recuerda el amor que nos tuvimos”.

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