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A veces hay que tomarse la sopa que cada uno se ha preparado

10 de junio de 2017 a las 12:00 a. m.

Se hace difícil explicar aquello que es más que obvio, lo que razonablemente comprendemos como incoherente o ilógico. Pero aun cuando en materia política todo puede ser opinable, cuando ingresamos en materia de institucionalidad las categorías son más claras y menos discutibles.

El affaire que se viene ventilando entre Cristina Kirchner y Florencio Randazzo en lo que debiera ser la Paso del peronismo de cara a las elecciones legislativas es un claro ejemplo de lo que no debiera suceder en materia de legalidad. Es allí donde no se trata de puntos de vista sino, lisa y llanamente, de cumplir con la ley. Y esta búsqueda de subterfugios a que acude el kirchnerismo para que se evite la contienda, dejando al exministro sin la posibilidad de participar de una interna que es, por demás, obligatoria como marca la normativa vigente, es claramente un pésimo ejemplo político para la sociedad.

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Las leyes están para ser cumplidas, tanto si conviene como si no, porque para eso son herramientas imperativas, obligatorias y exenta de discusión. Mucho más en este caso (y aquí entramos en lo obvio a lo que hacemos referencia) toda vez que Cristina Kirchner fue quien presentó el proyecto de ley de reforma política, y el encargado de elaborar la iniciativa que la expresidenta envió al Congreso fue, justamente su ministro del Interior Florencio Randazzo. La escena de ambos sentados frente a los micrófonos anunciando la ley de las Paso no deja de semejar una película del neorealismo italiano, con vistas a lo que hoy sucede. Esto se produjo tras la derrota del kirchnerismo en las legislativas de 2009 y así nacieron las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, Paso.

Ríos de tinta se escribieron alagando aquella reforma en la que la presidenta prometía que se terminaban los candidatos “a dedo” en los partidos políticos. Porque quienes pretendieran ser candidatos, de allí en más, podrían participar de las Paso de cara a toda la sociedad.

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Pero como en la Argentina es cada vez más difícil hacer coincidir el relato con las acciones concretas, a casi ocho años de aquel anuncio, la expresidenta y el exministro se enfrentan por el armado electoral de la provincia de Buenos Aires y el problema es, precisamente, que Cristina no quiere Paso sino lista única, al fin “el dedo” para las candidaturas volvió o quizá nunca se fue.

Cristina quiere un frente electoral que está armando y así evitar la interna. En cambio, Randazzo reclama que las candidaturas se definan en las primarias. El desencuentro tiene como trasfondo la disputa por el liderazgo del peronismo. Su exministro  se ha independizado políticamente y aspira a seguir un rumbo propio sin el tutelaje de la expresidenta. Para ella el desafío es inconcebible y busca el modo de evitar la confrontación, basándose en encuestas que le ofrecen mejores resultados, aunque cuando la interna empieza a rodar, nunca se sabe. También es una lectura posible que hay en Cristina el temor a una derrota, porque si el adversario fuera tan fácil, ¿por qué desactivar una contienda de la que podría no solo salir fortalecida sino que además debilitar a Cambiemos?

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Podemos entender que la situación no sea cómoda. Como dice Cristina: “Si Randazzo es candidato, ¿qué tendríamos, que ir a hablar mal de quien fue mi ministro ocho años?”

Dos opiniones: la primera, que evidentemente para muchos candidatos ya no cuenta una plataforma política, con propuestas e incluso las infaltables promesas sino que la campaña se reduce a hablar mal del otro. La segunda, que quienes fueron presidente de la República quizá debieran retirarse de la actividad militante activa, al menos por unos años, para evitar terminar en el barro con sus propios colaboradores. Salvo que la expresidenta crea, realmente, que su figura es tan central en la política que nadie puede osar disputarle el poder. En este sentido la respuesta podría darla un psicólogo con más acierto que un politólogo. Todo esto sucede mientras el sector randazzista afirma en todos los micrófonos que les acercan que los están proscribiendo  en su propio partido. En la jerga política más pedestre y popular se dice que a Cristina “le crecieron los enanos” una expresión vulgar que indica que un exsubalterno pretende el lugar de la conducción.

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Lo cierto es que el kirchnerismo está armando un nuevo frente que podría llamarse Frente Ciudadano para la Victoria, a fin de no darle la Paso a Randazzo y obligarlo a ir directamente a las elecciones generales con un sello nuevo. En este caso y para lograr el objetivo sacarían al PJ provincial de la grilla de partidos que forman el frente, de modo que el randazzismo no pueda siquiera recurrir a la Justicia para que se cumpla la ley. Todo este entramado está pensado para eludir la norma que la misma expresidenta creó en su oportunidad como parte de un plan para democratizar los partidos políticos y la elección interna de los candidatos. En fin, es difícil explicar lo inexplicable.

No obstante desde el plano político se puede ensayar algún pensamiento al respecto. En principio es sabido que las internas peronistas suelen ser salvajes, de modo que uno es derrotado y otro obtiene una victoria pírrica, porque son tan duras que ninguno de los contendientes sale ileso y eso luego se paga caro en los comicios generales. El antecedente de la interna entre Aníbal Fernández y Julián Domínguez antes de los comicios de 2015 inclina la balanza de muchos peronistas a favor de que haya una lista de unidad. Es que se hicieron tantas estocadas entre ambos sectores que se terminó, irremediablemente, perdiendo las elecciones generales, es lo que pregonan quienes se niegan a ir a una Paso.

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Por otra parte el peronismo como movimiento vertical que siempre ha sido cuando no hay un liderazgo claro, como sucede tras una derrota, se atomiza. Lo novedoso en este caso es que tenemos una expresidente que ni tiene el liderazgo tan claro como tenía cuando estaba en el poder, ni ha desaparecido totalmente y esto no hace más que complicar la lucha por el poder en el PJ.

El caso de Cristina es paradigmático por ser, junto a Randazzo, la autora de la ley que creó la Paso de la que ahora reniegan. Por lo demás el resto de los partidos políticos, desde Cambiemos hasta el Frente Renovador han anunciado que no quieren enfrentamientos sino ir con listas únicas a las elecciones generales. En cada caso por razones de economía electoral, ya que quieren comenzar la campaña analizando el presente (el pasado) y el futuro, sin perder el tiempo en una pelea entre integrantes del mismo espacio. Y la verdad es que no los podemos culpar porque no solo no fueron autores de la ley de las Paso sino que tampoco se golpearon el pecho por una reforma política que iba a “democratizar” el modo de elegir a los candidatos de sus espacios.

 

Y la realidad es que, más allá de que no se debe violar las normas, hay una falla en el sistema de las Paso, porque terminan funcionando como una primera ronda. Y una elección interna partidaria nunca debiera ser obligatoria, sino ser decidida como estrategia de cada espacio político. Haber transformado la lucha intestina en un deber cívico fue una bandera del kirchnerismo y es quien debiera dar el ejemplo y cumplirla. A veces hay que tomarse la sopa que cada uno se ha preparado.

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