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Ya están instalados, ahora el costo de sacarlos será alto y cruel

15 de octubre de 2016 a las 12:00 a. m.

Es lícito y lógico que los argentinos comencemos a tener miedo ya no a la inseguridad como siempre la entendimos, la que pone en vilo nuestros bienes y nuestra sobrevivencia sino a todo oscuro que atraviesa las comunidades de cada ciudad del país, silenciosa y soterradamente. Paulatinamente nos estamos dando cuenta de que convivimos con una nueva delincuencia, de accionar feroz y mafioso. Y decimos convivimos porque a lo que estamos haciendo referencia es a los “señores” del narcotráfico, que caminan por las calles con un talante y una estirpe que no nos permiten identificarlos como lo que en realidad son: delincuentes de la peor calaña, los más inescrupulosos y faltos de todo código. Conviven de igual a igual con toda la sociedad, se mimetizan usando trajes de empresarios exitosos, adquiriendo la apariencia de ciudadanos ejemplares y hasta altruistas y comprometidos con la comunidad. 

Indudablemente, ya tenemos instaladas en el país a las mafias, entendidas como sectores del narcotráfico y la alta criminalidad que cuentan con grandes recursos y amigos en todos los estamentos policiales, judiciales y políticos. Sin ellos y un marco legal y represivo laxo, no les sería posible radicarse y hacer su sucio trabajo.

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De manera paulatina, han ido afincando en el país, como bacterias resistentes, estas bandas. Aquí encontraron una logística accesible para hacer correr su dinero por la ausencia de un control incisivo y también hallaron mano de obra capacitada: aquellos dealers de otro tiempo pusieron a disposición todos sus conocimientos y se convirtieron ya no en empleados sino en socios, incrementado exponencialmente sus fortunas. El caso más emblemático es de los Cantero, en Rosario, que si bien siempre estuvieron en el negocio, subieron varios escalones y llegaron a tener no solo enormes patrimonios sino una estructura operativa similar a  un ejército, con sicarios incluidos. 

Todo lo que siempre vimos que sucedía en Colombia o México está pasando en nuestro país. Esa sería la mejor síntesis. 

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Si bien no nos cabe indicar nombres y apellidos de facilitadores de esta realidad que vivimos, el simple análisis de la crónica periodística nos da los elementos para circunscribir en el tiempo cuándo empezó a conformarse. Por acciones directas y por omisiones voluntarias, en los gobiernos kirchneristas cambió la relación de Argentina con el mundo del narcotráfico. 

El narco es global, es una organización que tiene presencia en todo el mundo. El cartel de Sinaloa, por ejemplo, tiene actividades en 85 países. La necesidad de esa trasnacionalización de los negocios los tiene siempre en busca de nuevos mercados y nuevas salidas de los grandes cargamentos. Es como una empresa global.  Se encontraron aquí con un país muy fácil desde el punto de vista de la represión o desde el punto de vista legal para operar. Vinieron aquí, en principio, en busca de la efedrina que necesitaban para un nuevo mercado extraordinario que se les abría en Estados Unidos con las drogas sintéticas. Dentro de la narcoguerra que lanzó el presidente Calderón en México, y que tiene 100 mil muertos y 20 mil desaparecidos, tuvo un momento en que se dan cuenta y prohíben toda importación a México y entonces van a buscarla al lugar en donde les era más fácil y eso era Argentina, que pasó de importar una tonelada y media que necesitaba la industria local, a 40 toneladas de un año para el otro.

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Eso por un lado, pero además vienen acá y ven dos cosas fundamentales: puertos de salida hacia Europa en el Paraná en donde había organizaciones delictivas locales que podían darle toda la infraestructura y, al mismo tiempo, particularmente los colombianos, encontraron que era un lugar seguro para la retaguardia, para traer aquí a la familia y que puedan estar en los countries en los alrededores de Buenos Aires o Rosario. Encontraron un verdadero paraíso para operar y están operando.

Pistas, puertos, mercado negro de actividades financieras y barrios cerrados confortables y seguros. Esas mismas cosas se podrían encontrar en otros países pero ¿por qué la Argentina? Por el hecho de que no hay mayores consecuencias ya que hay un entramado de corrupción sin el cual es imposible que opere el narcotráfico. Necesitan ese entramado de corrupción. Es una mezcla de diversas cosas: primero obviamente tiene que haber corrupción en el Estado, es imposible que operen si el gobierno de turno no tiene elementos de corrupción. Esto no quiere decir que particularmente un presidente o un gobernador sean corruptos, o todos sus funcionarios: con que algunos  hagan la vista gorda ya es más que suficiente. Al mismo tiempo, la enorme corrupción en las Policías o simplemente un testaferro que haga transcurrir el dinero de una punta a la otra a través de una cuenta o los aviones que vienen desde Bolivia y los largan a campos en Santiago del Estero, Chaco, Misiones, Salta y ahí el dueño del campo no sabe nada. O sí, y creyendo que prestar su servicio no hace daño a nadie, termina siendo parte de un entramado mafioso y perverso a cambio de unos cuantos miles de pesos. Pensemos por un momento en el dueño de un campo en el norte argentino: con las cantidades de dinero que bajan en droga en cada cargamento, es muy probable que la cifra que se pague por el alquiler de estas pistas supere ampliamente la rentabilidad de esas tierras. Será por ello que se calcula que hay en el país una 15 mil pistas ilegales utilizadas por narcos.

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El actual gobierno dice haberle declarado la guerra a la droga y podemos entrever que esta vez la cosa parece que va en serio porque empezamos a ver las reacciones, con crímenes y acciones de sello mafioso que hacen visible lo que estaba, pero no en la superficie. El incendio intencional en los Tribunales de San Martín, donde se destruyeron  varios expedientes judiciales y, para que no queden dudas,  la hoja pegada a un poste de la terraza de ese inmueble  con el inquietante mensaje “Vidal andate de San Martín”, más la palabra “droga” y la imagen de un revólver, son muestras inconfundibles tanto de la existencia de las mafias como de que se están viendo amenazadas por la impronta de la nueva gestión.

No es la primera intimidación que sufre la gobernadora, que viene demostrando que no van a pararla fácilmente en su objetivo de acorralar las mafias. Antes había sufrido la intrusión en su despacho en La Plata y le habían dejado un cartucho en el garaje que habitó hasta antes de asumir. Seguramente habrán habido otras que no tomaron estado público y mucho temor por cómo esto pueda seguir, lo que determinó que la gobernadora viva en una base militar.

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Dentro de todo lo negativo que un hecho de estas características implica, lo positivo que podemos rescatar es que es un indicativo de que su desafío a los narcos los ha obligado a salir a luchar a campo abierto. Y también es bueno para que a todos los argentinos nos quede en claro lo que está sucediendo: el país está cartelizado. La situación es más que compleja para María Eugenia Vidal, porque “las balas” pueden venir de cualquier lado, ya que en esta avanzada se está llevando “puesta” a la corruptela de la Policía Bonaerense, la misma que debe protegerla, y protegernos. No se descarta la posible participación en el hecho de policías desplazados de su cargo en los últimos tiempos. Así, a las mafias que actúan en el territorio, se suman los bonaerenses desplazados por corruptos, lo que genera un combo que lleva a la gobernadora a enfrentar una verdadera guerra.

Además de Rosario, donde el narcotráfico ha hecho estragos, en estos días también Tucumán fue noticia por la muerte de un sacerdote que durante años denunció a las organizaciones vinculadas a la venta de drogas que operaban en la provincia. Lo encontraron ahorcado como si se hubiese suicidado, pero la autopsia reveló que fue asfixiado antes de ser colgado para fingir una muerte por mano propia. También hubo una intentona, vaya uno a saber planificada desde dónde, de aplicar la misma estrategia que con Nisman: buscar un su vida íntima los motivos que lo hubieran llevado a matarse. Pero el pueblo tucumano enseguida advirtió la maniobra y se alzó en reclamo de esclarecimiento, no sin consecuencias para las caras más visibles de la protesta. 

Se trata del sacerdote Juan Viroche, conocido en su provincia por enfrentar con su prédica a las mafias de la droga. El obispo que corresponde a su parroquia pensaba trasladarlo con urgencia para salvarle la vida, ante las permanentes amenazas que recibía. No le dieron tiempo.

La violencia que impulsa el narcotráfico se ha acelerado en el país; Rosario y Santa Fe están ubicadas entre las 30 más peligrosas del mundo por sus niveles de homicidios, dicen los especialistas. Mar del Plata tiene hoy una tasa de homicidios similar al Distrito Federal de México y casi todas las localidades del Conurbano tienen tasas endémicas con más de 10 homicidios cada 100.000 habitantes. Todo a consecuencia de las peleas por el control del territorio entre bandas, la influencia de las drogas sobre el comportamiento de los delincuentes y la cantidad de dinero que se maneja en el negocio, suficiente para comprar funcionarios, policías y jueces. Y cuando no acceden por dinero, tienen los recursos humanos para que cedan por la fuerza.

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Según indican los conocedores del tema la Argentina entró en la tercera etapa de evolución del negocio narco. Además de comenzar con la faz productiva, que transforma la pasta base en cocaína y genera subproductos como el Paco, los narcos ahora pasan a controlar territorios tanto en la zona de fronteras calientes, como en enclaves físicos en las ciudades grandes y medianas, donde controlan ingresos, egresos y actividades en el interior de varios barrios carenciados.

Producimos cocaína, paco, pastillas con base de efedrina, se vende en el territorio y se exporta en grandes cantidades. Lo que implica que estamos en medio de una tragedia que a medida que pase el tiempo peor será la situación, en la medida que las autoridades no mantengan la lucha en forma sostenida. Y esta lucha sostenida, también implicará violencia e incremento de la criminalidad porque habrá resistencia, sin dudas.  Las cifras de Colombia (que ha hecho un gran trabajo en disolver estas células) y México nos pueden poner en autos de los costos humanos de esta guerra. Pero tengamos por seguro que si nada de esto pasara sería porque no se estaría dando batalla. Si reaccionan, aunque sea criminalmente, es porque los narcos se sienten tocados.

Lamentablemente el problema de la droga no fue tomado a tiempo, y luego nuestra insolvencia institucional sumada a funcionarios que vieron el negocio mas no el daño que hacían -como si por no vender directamente la droga no fueran parte del narcotráfico-  nos colocaron en un escalón más complejo, con la  instalación de estas mafias merced al juego del “distraído” de políticos, jueces y fuerzas de seguridad. Ahora la pelea será más difícil, pero no imposible y es allí donde ciframos nuestras expectativas, en los honestos que aún quedan en la dirigencia, en que dure poco tiempo para que saldo de pérdidas humanas sea el menor posible. 

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