Ya comienzan los realineamientos post octubre
Cuando aún faltan dos semanas para los comicios de octubre y con un resultado que se presume -según encuestas- en favor Cambiemos en la provincia de Buenos Aires por pocos puntos o varios puntos, ya están avanzadas las tratativas para los rearmados políticos de cara al nuevo Parlamento. Sucede que cualquiera sea el resultado, Cristina Kirchner ya no podrá liderar al grueso del peronismo a nivel nacional. Y esta suerte de definición de que el kirchnerismo no tendría futuro camino a las presidenciales dentro de dos años, ha hecho que finalmente las fuerzas del filo peronistas, esto es el PJ orgánico y el massismo, comenzarán a moverse en sintonía. Para Sergio Massa es también una necesidad imperiosa reorganizar sus fuerzas y acercarse a los sectores peronistas más tradicionales, ya que la polarización y su alianza con Margarita Stolbizer -dirigente vista como anti peronista- pulverizó prácticamente su espacio en estas legislativas. Y decimos finalmente, porque esta estrategia, planteada con anterioridad hubiera evitado la polarización que hoy se vive y ofrecido unos comicios mucho más atractivos.
En la Cámara de Diputados ya se habla de la reunificación del peronismo a partir del recambio legislativo de diciembre. La clave será la formación de un interbloque entre los dirigentes justicialistas no kirchneristas que incluiría al Frente Renovador de Sergio Massa. Numéricamente, esta movida implicaría el corrimiento de Unidad Ciudadana como segunda fuerza en la Cámara.
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No es una novedad la búsqueda del peronismo para despegarse de Cristina. Lo sorpresivo es el giro de Massa hacia una asociación de este tipo y la aceptación desde la estructura orgánica del PJ. Una vez más, no los une el amor sino el espanto, significado en el reconocimiento de que separados no tienen la fuerza suficiente para dar contienda a sus adversarios comunes: macrismo y kirchnerismo. Hasta un niño se da cuenta que la unidad de justicialismo y massismo es la mejor alternativa en términos electorales. Pero en el mundo de los políticos siempre se anteponen pretensiones personales y aspectos menores por sobre la idea, que llevan a intentonas individuales como la de Randazzo ahora o Massa antes. Con la desilusión y el fracaso, bajan los copetes y focalizan en las reales posibilidades.
Dejando de lado lo estratégico y electoral, es también una muy buena alternativa para la sociedad votante, porque de trasladarse esta unidad parlamentaria a los comicios de 2019, el escenario ya no sería ni extremo ni polarizado: habría una tercera fuerza con reales chances de hacer gobierno y no plantada en el antagonismo extremista.
Los gobernadores peronistas, con el cordobés Juan Schiaretti y el salteño Juan Manuel Urtubey a la cabeza, son impulsores de esta estrategia de articular el peronismo en ambas cámaras. Miguel Angel Pichetto, avisó que la expresidenta deberá conformar su propio bloque Unidad Ciudadana.
Para el Gobierno, por otro lado, no es una buena noticia esta unificación opositora porque si bien el massismo y el justicialismo pueden resultar más dialoguistas, se constituirán en una segunda fuerza de porte. Miguel Pichetto se comprometió con la CGT a no acompañar leyes sin el aval sindical y Sergio Massa les habría prometido a los gobernadores peronistas que ya no va a estar más cerca de Macri. Sobre todo porque el peronismo está convencido de que camino a 2019 el Gobierno sostendrá a Cristina para que sea la candidata opositora, sabiendo que al fin es lo que más les conviene si van a una segunda vuelta. Con este nuevo escenario, por lo pronto estará obligado el oficialismo a cambiar su estrategia discursiva que se mantiene sobre el eje de no volver al pasado.
Además de poder sumar unas 70 bancas en Diputados, la contundencia de la fuerza de este interbloque está dada por los gobernadores que hay detrás.
El macrismo entiende que, por más que pretenda sostener a Cristina Kirchner en función de su conveniencia electoral, los gobernadores peronistas -que son la fuerza territorial con que cuenta el justicialismo no K- están en otra sintonía y mirando las presidenciales bajo la misma lupa que el massismo, con la aspiración de reinventarse como un grupo opositor amplio. Es inocultable, lógico y saludable. Solo faltaba que se pusieran de acuerdo, pero Macri sabía que llegaría este momento.
De seguirse este camino que comenzaría en la Cámara de Diputados a partir del recambio, finalmente podremos salir -todos- de la trampa de la polarización entre macrismo y kirchnerismo. Tal vez estos comicios sean los últimos atravesados por la grieta, como concepto que divida las aguas en dos.
No olvidemos que un interbloque es, normalmente, el paso necesario a la construcción de un espacio político con fines electorales, porque es allí donde los legisladores debaten las normas y se van conociendo en lo más importante: qué piensan y cómo reaccionan ante propuestas concretas como las que se van a ventilar después de las elecciones de medio término en octubre. Temas tan importantes como la reforma impositiva, la reforma laboral, los cambios que se vienen ya poniendo en marcha en materia de salud pública, en educación. Son todos temas muy importantes en los que el Gobierno necesitará de consensos amplios y de una oposición que le imprima su sello a las propuestas pero que no se cierre al debate.
Para la sociedad, en cambio, es una muy buena noticia que la Argentina pueda ir retornando de a poco a una política más posible y menos extremista, con dos fuerzas, una de centroderecha y otra de centroizquierda que sostengan una democracia con la lógica de la alternancia y la diferencia de estilos, sin batallas épicas ni espacios que se planteen como fundacionales de la república. Nosotros tenemos un país con 200 años de historia y cada administración hace su aporte, ni el kirchnerismo fundó una nueva nación, ni el macrismo tampoco. Son etapas con estilos y decisiones muy distintas y también lo serán las consecuencias de ambas administraciones. Y es innegable que la posibilidad de ir retornando a un bipartidismo moderno es también un modo de acercarse al desarrollo.
La elección de octubre, para la que no falta casi nada, a la luz de estas novedades, puede convertirse en una suerte de fin de una etapa y el inicio de otra en el plano político, donde los realineamentos darán lugar a otra fisonomía no solo en el Parlamento sino también en la política no institucional, ya que la dirigencia de las provincias y de los distritos rápidamente comenzarán a alinearse en función de los nuevos sectores emergentes.
Estos vaticinios, en definitiva, dependerán de los resultados de la elección de octubre la que, de acuerdo al resultado de la Paso y las encuestas que circulan, nos dan un panorama de cómo terminará la votación y las conversaciones que se vienen generando son pasos adelantados. Ya llegará el momento de sellar los acuerdos políticos definitivos, una vez que cerremos la elección de medio término.














