Volvió la presidenta con un plan de ayuda y sus ironías clásicas
Tras más de un mes de ausencia pública, la presidenta volvió a las pantallas de TV en un acto que no tuvo otro fin que oficializar su retorno a la vida pública y anunciar un plan de asistencia a jóvenes “ni-ni”: que ni estudian ni trabajan.
Ya es una manifiesta estrategia la de guardarse en tiempos tumultuosos, delegar en algún funcionario de turno el “dar la cara” y sólo utilizar la cadena nacional para dar buenas noticias; también son artilugios propios de un fin de ciclo, cuando la preocupación por ciertos temas es generalizada y perenne y nadie da respuesta. En el presente, estos tópicos son: la devaluación –la de esta semana fue la mayor desde 2002-, la caída de reservas y la inflación, la falta de inversión, las inminentes paritarias que reflejarán la pérdida del poder adquisitivo, acompasada por los efectos dramáticos del cepo cambiario en el dólar paralelo, la crisis energética, entre otros. Pero de esto, nada dijo la máxima figura del país. Si para algo sirvió su vuelta a las cámaras fue para despejar las dudas respecto de su salud.
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“Creo que lo que quieren hacer es asustar a la sociedad”, se quejó Cristina Kirchner durante un discurso de media hora por cadena nacional, en referencia a las especulaciones por su larga ausencia. Al salir al cruce de esos rumores, confirmó que hoy viajará a Cuba, tal como estaba previsto.
El acto tuvo lugar en el Salón Mujeres del Bicentenario, que quedó chico. Asistieron todas las principales figuras del Gobierno y del kirchnerismo en el Congreso, pero llamó la atención la ausencia de gobernadores.
Con el estilo de siempre, apelando a la ironía, repasó los temas de la agenda mediática, aunque sin reparar en el dólar o la inflación, temas que el oficialismo no toca. Tuvo su tiempo incluso para defender las estampillas que diseñó el Correo Argentino bajo el nombre de la “Década ganada”, que había despertado críticas del director de cine Juan José Campanella. “Hoy leía a algunos que estaban enojados por las estampillitas hermosas. No las había visto y dije: ¿habrán puesto alguna foto con la cara mía, de Néstor o de Máximo o de Florencia o de alguno de La Cámpora?”, se preguntó, deteniéndose en un tema que poco interesa a la ciudadanía.
Cristina decidió como estrategia correrse públicamente del día a día de los problemas de la gestión y mostrarse sólo para los grandes anuncios. Y efectivamente, reestrenó esa impronta con la creación del plan Progresar para la contención de los llamados “ni-ni”: jóvenes que ni estudian ni trabajan.
El programa dará 600 pesos mensuales a chicos de entre 18 y 24 años para incentivarlos a estudiar. Deberán, a cambio, presentar certificado de alumno regular de escuelas públicas y chequeo médico anual para poder cobrar el valor pleno de la ayuda estatal, como sucede con la Asignación por Hijo. De hecho, bien puede decirse que este plan es precisamente la continuidad de la Asignación: cuando deja de correr una, aparece la otra.
La gran diferencia con otras ayudas estatales es que esta vez quien lo financiará será el Tesoro Nacional y no la Anses, como sucede con el resto de los programas. Una buena noticia para los jubilados, actuales y futuros, hartos de que les saqueen las cajas para todo tipo de ayuda social. Más aún, siendo los pasivos uno de los sectores más vulnerables de la sociedad, quizá esperaban esa ayuda, ya que por su edad y condición no pueden aumentar sus ingresos. Los jóvenes a quienes va dirigido el programa están en edad productiva y tienen otras opciones, si así lo quieren, para lograr sus objetivos de vida, entre ellos estudiar. Recordemos que no es potestad del Estado garantizar la educación superior, como sí la básica, que abarca hasta la primera parte del secundario. No obstante, el Estado proporciona la universidad pública y gratuita. Vale decir entonces que no existe un motivo genuino para “pagarle” a un joven de 18 a 24 años para que estudie, mucho menos para engrosarle un salario que percibe “en negro”. Porque este programa también enuncia que aquellos que trabajan informalmente y no alcanzan el Salario Mínimo, Vital y Móvil (Smvm) pueden acceder a los 600 pesos. Es decir que el Estado se asocia con la informalidad.
Según los datos que mostró la presidenta, el universo de chicos que quedarán incluidos será de 1.555.817 y dijo que en esa franja de menores recursos es donde se detectó la mayor desocupación del total de desempleo. Se beneficiarán quienes, en caso de trabajar, lo hagan en la economía informal o cobren un sueldo por debajo del Smvm.
Aquí no se trata de asumir actitudes clasistas ni el egoísmo de quienes más tienen y sienten rechazo a que se ayude a los que más lo necesitan. Pero completar un salario en negro de un joven, es lisa y llanamente, asumir que el trabajo informal es aceptado en la Argentina cuando, quienes trabajan en blanco pagan pesadas cargas impositivas.
El impacto económico para las complicadas arcas estatales no es menor: serán 11.202 millones de pesos, según la estimación que realizó la Anses, que a pesar de que no pagará, será la que organice la inscripción y puesta en marcha del plan. En paralelo, el Ministerio de Trabajo instrumentará cursos de capacitación laboral, otro de los requisitos del programa. Esta parte de la movida también demandará recursos, cuando a decir verdad tanto la Nación, como la Provincia y los municipios ya cuentan con este tipo de espacios, lo mismo que con opciones de terminalidad educativa. Por ejemplo, el municipal Emprender, el provincial Envión o el nacional FinEs. Es decir, insistimos, que si era voluntad del Gobierno inyectar dinero a través de dosis de 600 pesos, viendo las posibilidades físicas de los jóvenes y los programas de asistencia ya existentes, claramente los jubilados eran la prioridad, con haberes magros que se ajustan dos veces al año y quedan siempre por detrás de la inflación sin ellos poder hacer algo por mejorar sus ingresos.
La verdad es que ojalá por recibir 600 pesos los jóvenes que no estudian ni trabajan se capaciten o culminen sus estudios, al fin de cuentas para eso es la ayuda que les brindará el Estado. Pero permítasenos ser un poco escépticos con los resultados del programa. Nada ayuda más a un joven que poder conseguir empleo y que sus padres tengan empleo y puedan apoyarlo si decide estudiar.
El tiempo dirá.













