Viviana Domínguez, una mujer dedicada a la noble tarea de cuidar
Viviana Domínguez trabaja en el sector de Clínica Médica de la Clínica Pergamino.
(LA OPINION)
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Viviana Domínguez tiene 50 años, un aspecto apacible y un tono de voz suave que acompaña a la perfección su tarea de cuidar a otros. Es enfermera y desde hace 30 años trabaja en la Clínica Pergamino. Celebra su vocación y agradece la posibilidad de haberse desarrollado en lo que ama hacer: servir a los demás desde un lugar de profundo compromiso ético. Hablar con ella es una experiencia que enriquece por sus testimonios y por la humildad con la que rinde culto a su profesión que supone una entrega incondicional. Cuida cada palabra, escucha cada pregunta y se muestra sincera en cada respuesta. Posee una sensibilidad a flor de piel que se expresa en las lágrimas que deja correr en más de un tramo de la entrevista.
“Hace 30 años que trabajo en la Clínica Pergamino, este año me dieron una medalla por eso, algo que viví como un reconocimiento”, señala en el comienzo de la charla.
Su vocación de cuidar a los otros nació temprano, cuando tenía apenas 14 años. “Mi abuela se enfermó y yo la cuidaba, las enfermeras que la atendían me decían ‘Vos tenés que ayudarnos’ y yo lo hacía, creo que esa experiencia me marcó para siempre”, cuenta esta mujer que se define “pergaminense por elección”, ya que nació en Entre Ríos, vivió en Buenos Aires y en Campana hasta que llegó aquí para estudiar enfermería en la emblemática Escuela “Luciano Becerra”, en el Hospital San José.
“Venía de Campana, allí tenía a mi mamá, una separación reciente de mis padres; se dio la posibilidad de venir y empecé una nueva vida aquí cuando tenía 18 años.
“Hace más de 30 que llegué para estudiar en un lugar que era una referencia para la formación de enfermería y que personalmente para mí fue un encanto, porque me dio no solamente la posibilidad de estudiar, sino de vivir y de nutrirme de una experiencia que no olvidaré jamás.
“En la Escuela de Enfermería obtuve casa, comida, estudio y mucho conocimiento; viví nueve meses allí”, refiere.
Esa decisión de vida fue nutriéndose de los primeros afectos. “En aquellos tiempos encontré acá una familia espectacular, la familia Ramírez; Isabel, una enfermera ya jubilada a la que quiero profundamente, me adoptó como una hija más; yo estudiaba de lunes a viernes y los fines de semana me iba a su casa, me apoyó mucho, fue muy importante para mí y de hecho la quiero como a una madre, hasta el día de hoy conservo con ella una relación entrañable.
“Siempre encontré en esta ciudad todo lo que necesitaba, estudiaba cuando la Clínica Pergamino me llamó para trabajar”. Así se inició su carrera. En aquel tiempo tenía el título de auxiliar de enfermería, tomó el desafío y dio los primeros pasos.
“Me llamaron para Neonatología, que en aquel momento era Nursery”.
Su experiencia en la Terapia Intensiva Neonatal le permitió adquirir las experiencias más intensas de su tarea; también asumir un compromiso con los pacientes y sus familias. “Atender bebés es lo más lindo que te puede pasar en la vida”, asegura.
“Ahí pasé 19 años; luego estuve unos meses en Terapia Intensiva y desde hace unos cuantos años estoy en Clínica Médica”, relata en lo que constituye el inventario de una prolífera labor.
“Creo que todo tiene una etapa, cuando era joven entendía que Neonatología era mi lugar, ahí trataba con gente joven, de hecho yo era muy joven cuando llegué, después fui mamá así que me resultaba sencillo identificarme con lo que allí ocurría, me sentía muy cómoda trabajando en Neo.
“Con el transcurso del tiempo entendí que el ejercicio de mi profesión tenía que encarnar también otras etapas, así que acepté el desafío de trabajar en otros servicios.
“Cuando vas hacia el final de la profesión, y mirás hacia atrás descubrís que hiciste casi todo: Neonatología, Pediatría, Adultos, Clínica, es como si se fuera cerrando el ciclo con experiencias muy ricas”.
Actualmente trabaja en Clínica Médica, pero siempre está cerca de los chicos “como en la Clínica Pergamino no hay un sector de internación de Pediatría, en el sector de Clínica suelen llegar niños, pero en general hoy trabajo con adultos, es otra etapa”.
Un lugar propio
Viviana se reconoce pergaminense y ama el lugar en el que vive. “Soy más pergaminense que otra cosa”, confiesa y recuerda que llegó a esta ciudad siendo soltera y muy joven. Pero su vida familiar se fue estructurando y eso facilitó su sentido de pertenencia. “Me puse de novia y a los dos años me casé con Osvaldo Aita, mi esposo desde hace 28 años, él es cartero del Correo Argentino y empleado en una vidriería; es un compañero de vida incondicional y un pilar para mí, muchas cosas nos han pasado juntos y somos muy compañeros”.
Con él tuvo a sus hijas: Sofía (25), Sabrina (23) y Brenda (19).
“Sofía es contadora, Sabrina está terminando su carrera de Abogacía y Brenda está en segundo año de Medicina”, cuenta con orgullo.
El arte de cuidar
Cuesta que la entrevista se vaya del cauce de su profesión. Quizás porque ejerce una tarea que cuesta dejar a un lado. Lo profesional y lo personal confluyen en Viviana para configurar su presente. “Me considero una afortunada”, asegura. Se nota en la expresión de sus ojos que lo que dice es cierto. Disfruta de su familia y de su trabajo y le cuesta separarse de las emociones que genera su tarea.
“Cuando trabajás en Neonatología es muy difícil separarse del problema de un paciente, te vas a tu casa y te llevás ese pensamiento, vas con los problemas a cuestas y son las tres de la madrugada y estás llamando para saber, es muy difícil desentenderte de un prematuro, de un niño enfermo o malformado; cuando atendés a adultos esa situación cambia un poco y ponés otras barreras para separarte de ese dolor, a veces lo conseguís y otras no; también es complejo cuando te toca asistir a gente querida o cercana”.
Asegura que lo mejor del ejercicio de su profesión es el contacto con la gente y la posibilidad de poder ayudar al otro. Hay en su apreciación una profunda vocación de servicio. “No me imagino haciendo otra cosa”, confiesa.
“Es muy gratificante cuando los pacientes que vos atendiste vuelven para confiarte cosas, es muy reconfortante ver que ya son grandes los chicos que viste nacer, hoy estoy atendiendo a la tercera generación de esas familias y eso no tiene un precio que se pueda pagar con dinero.
“Son los pacientes los que te van recordando cómo fue pasando la vida, los ves y en un minuto aparece la vida marcada en el testimonio de cada uno de ellos”.
Abierta a formarse
Aunque sabe que hay en ella una vocación y cierta inclinación a pensar en los demás, sabe también que la salud es un campo dinámico en permanente transformación. Eso la ha mantenido siempre cerca de la capacitación y la actualización.
“La Clínica me dio la posibilidad de formarme, me pagó la carrera, soy enfermera profesional egresada de la Universidad Maimonides y estoy muy agradecida por eso, fue muy estimulante estudiar con la ayuda de mis hijas que estaban en la facultad y me facilitaron la tarea”.
Hace cuatro años que hizo ese esfuerzo. Lo que significa para ella un orgullo y un crecimiento.
Primeros pasos
Con 30 años de camino recorrido, tiene una mirada reflexiva. En varios momentos del relato la referencia vuelve al pasado, ahí donde seguramente están los hitos y las personas que la marcaron. “Cuando pienso en mis primeros pasos, siempre me recuerdo al lado de una criatura enferma, siempre ayudando a los familiares de esos chiquitos; eso es lo que más recuerdo.
“También recuerdo a mis primeros jefes, de los que aprendí muchísimo; y a mis compañeras que ya eran enfermeras cuando llegué: Susana Marchén, Irene, María del Frade, Clarita Bilisich, ‘señoras enfermeras’”.
“Uno llega y están ellas con toda su experiencia, querés parecerte a ellas, sentís una admiración y decís: ‘El día de mañana yo querría ser como Susana’; después va pasando el tiempo, tomás esos ejemplos, y un día te encontrás teniendo 50 años y sintiendo que ya sos como era ella; es muy gratificante hacer ese recorrido”.
La gratitud es una constante en el relato de Viviana. De ese aprendizaje inicial toma las referencias que le han permitido armarse en su profesión. La identidad se nutre de valores y hoy es ella la que recibe a otros, cuando llegan para emprender el camino. “Hoy me toca recibir a los que llegan, la mayoría de los pasantes van a Clínica Médica así que lo que yo mamé de aquellas personas que me enseñaron, hoy lo entrego”.
El porvenir
Asegura que tiene por delante diez años más de profesión, aunque confiesa que “nunca se deja de ser enfermera”. Imagina el porvenir como un espacio tranquilo, dedicado a su familia y a uno de sus máximos placeres: viajar. También supone que encontrará la forma de seguir dedicada “al servicio”.
“Con mis hijas nos gusta ayudar, tienen una vocación de servicio muy fuerte, así que me imagino acompañándolas y apuntalándolas en la tarea”.
La mejor recompensa
Viviana Domínguez es dueña de una sensibilidad particular y se nota que ama lo que hace. Tal vez sea esta condición la que le permite darles valor a los pequeños gestos cotidianos. Se siente profundamente valorada en su tarea y entiende que el reconocimiento es algo más que la retribución económica por una tarea.
“Trabajo mucho con los sentimientos, pongo el cuerpo y el alma; hay quienes no lo hacen pero ese es un tema de ellos, para mí la salud no es dinero.
“Yo me voy de vacaciones y mis pacientes me mandan mensajes al celular, los que son de afuera vienen a saludar, se establece un vínculo muy profundo con los pacientes.
“Me siento valorada por la gente y por los médicos, de hecho esta entrevista es en cierto modo un reconocimiento porque hay miles de enfermeras”, señala con humildad y emoción.
Eso no sucede por casualidad. Es la recompensa por tantos años de siembra. Sabe que si tuviera que volver a elegir, sería enfermera. Una profesión en la que hay que poner el cuerpo, la mente y las emociones. Una tarea que le demanda tiempo y exige entrega. “Trabajo cada día pidiéndole a Dios que me dé fortaleza y capacidad para resolver cada situación que se me presenta”.
Lo dice con una profunda fe. Dios seguramente escucha su pedido.
A pocos días de haberse celebrado el Día de la Enfermera, el perfil de Viviana Domínguez es la semblanza de una vida parecida a cualquier otra; pero también es un tributo a todas aquellas enfermeras que han abrazado y abrazan una tarea tan noble y desarrollan el don de cuidar.




















