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Vidal, una gobernante sincera hasta lo políticamente incorrecto

13 de noviembre de 2016 a las 12:00 a. m.

La gobernadora María Eugenia Vidal es lo que se llama en la jerga política una dirigente “blindada”, haciendo referencia a que “no le entran las balas”, léase ajuste, aumento de tarifas, inflación. Esos costos los está pagando Mauricio Macri, mientras la imagen pública de la mandataria provincial es la más alta de la dirigencia política argentina de todos los sectores.

Las razones profundas de este gusto ciudadano por la gobernadora hay que buscarlas en su personalidad: es la macrista más sensible a la pobreza, la más cercana a la gente y la más corajuda para enfrentar los problemas menos técnicos y más humanos que azotan a la población, como la corrupción policial, la expansión del delito y el accionar de la Justicia, visto por separado o entrelazados, como lo prefiera el lector.

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Tampoco le escapa a los asuntos que, si bien son sociales, están atravesados por la puja de intereses sectoriales de la dirigencia. Sincera hasta lo políticamente incorrecto, Vidal encara a los docentes afirmando, por ejemplo, que el paro realizado esta semana que dejamos no tenía razón de ser. Fue tajante, no dispuesta a negociar desde ese punto de partida. Y lejos de enfrentarse con la gente por esa actitud poco conciliadora, por el contrario la mayoría de la sociedad bonaerense coincide con la mandataria. Los políticos tradicionales le hubieran aconsejado que no hiciera declaraciones sobre el tema, que dejara pasar el momento, que no enfrentara a los docentes más rebeldes, que lanzara “alguna punta” para calmar los ánimos. Pero la gobernadora es de la nueva política y tiene una personalidad que no le permite “esquivar el bulto”; dice lo que piensa y al fin le va mejor que a sus antecesores. Quizá porque el ciudadano está esperando, en definitiva, menos sobreactuación y más verdad de parte de sus gobernantes.

Que no sea políticamente correcta y haga lo que siente o considera oportuno más allá de los efectos partidarios le ha redundado en un efecto contrario al esperado en términos de política eleccionaria ya que le ha valido mucha adhesión ciudadana. Será que además de decir que está del lado de la gente y desprovista de otro tipo de compromisos, lo demuestra. 

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Decir esto no implica que Vidal no haga política. Esta es una obviedad plantearla pero es necesario poner blanco sobre negro. Lo que ha encontrado Vidal es la forma de hacer redituable lo que piensa, sin tener que “adaptarse” a los moldes preestablecidos.

No es poco. O será que, como todo cambia, el electorado ha mutado y nuestros dirigentes mayormente no, haciendo sobresalir a aquellos que han sabido leer los signos de los tiempos, como Vidal. Dicho de otro modo, si la gobernadora hubiese actuado así 10 años atrás, seguramente los resultados no hubieran sido los actuales. Claramente es una dirigente para nuestro tiempo y otros deberán reconvertirse o apartarse para seguir siendo una opción para la gente.

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Por todo lo dicho, el macrismo descansa la provincia de Buenos Aires en su figura para las elecciones legislativas de medio término. Por eso la danza de nombres para senador nacional bonaerense es un tema que no comprime al oficialismo. El colaborador ad honorem y neurocirujano Facundo Manes, el intendente de Vicente López Jorge Macri y la diputada nacional Gladys González (interventora del Somu, el sindicato del actualmente preso “Caballo” Suarez), aparecen en la lista como posibles candidatos. Son todas figuras que rodean a Vidal y que emiten la misma imagen empática de la gobernadora. Por estos días están recorriendo ciudades, incluso vecinas como Colón, Salto y Capitán Sarmiento, cumpliendo pedidos de los distritos y tomando contacto con la gente. A nadie escapa que son distritos donde los intendentes son peronistas y quizá por eso mismo va hasta allí  la gobernadora antes que a las ciudades donde el jefe comunal es propio, como el caso de Pergamino.

Estas recorridas de trabajo son, en realidad, la campaña de Vidal, su manera de entender la política y de hacer campaña cuando se está gobernando. Sin nombres históricos ni billetera inagotable para cooptar los distritos opositores.

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Y así es cómo, de cara a las elecciones de 2017, el Gabinete provincial va tomando otra fisonomía, más política sin descuidar la cuestión técnica.
El cargo de ministro de Obras Públicas, que dejó Edgardo Cenzón por decisión propia, será ocupado por el actual ministro de Coordinación y Gestión Pública, Roberto Gigante. Esta modificación impactó de lleno en el resto del Gabinete, y el actual ministro de Gobierno, Federico Salvai, esposo de la ministra de Desarrollo de la Nación Carolina Stanley, asumirá como jefe de Gabinete y absorberá las funciones de la cartera de Coordinación y Gestión Pública. En tanto, el área que hasta ahora controla Salvai quedará en manos del peronista Joaquín de la Torre, que dejará el Ministerio de Producción (asumió a finales de agosto) para ser el nuevo ministro de Gobierno. De esa manera, la cartera productiva quedará vacante a la espera de un nuevo titular.
Pero aquí no se trata solo de mirar el Gabinete, ese sería un error primario de la política. Si se observa con detalle, se podrá encontrar que numerosos dirigentes peronistas encontraron amparo en el gobierno de Vidal. Se los puede encontrar en diferentes organismos descentralizados o empresas con participación del Estado. Los cargos se dividen para massistas y peronistas. Y la realidad es que nadie pegó el portazo, al contrario, la mayoría están gustosos de quedarse.
Las vacantes fueron ocupadas a raíz de acuerdos políticos, que en el caso del peronismo fueron con un solo sector (los no kirchneristas como es obvio explicar) que acercó una lista de 80 nombres y ya tiene unos 60 lugares. Acuerdos legislativos, de gobernabilidad, lo cierto es que son decenas los exfuncionarios que se conchabaron en la nueva estructura de gobierno. Hay exlegisladores, exintendentes y exconcejales. De todo un poco.

Estos acuerdos a la hora de los comicios terminan teniendo sentido, más allá de la coyuntura. Y en la gestión también: al fin, no se trata de poner a todos en la misma bolsa y terminar despreciando gente valiosa. Eso es lo que quiere la gente: que estén en la gestión los más capacitados, independientemente del sello al que pertenezcan y que se mancomunen esfuerzos. Para ello, los que piensan distinto pero también tienen que estar adentro, si es que en verdad su interés es el progreso y no el posicionamiento, y no afuera tirando piedras.

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Radicales, peronistas y macristas conviven en el nuevo Gabinete y en la estructura bonaerense donde Vidal hizo algunas jugadas estratégicas para que el año que viene que es electoral, tenga funcionarios con visión estratégica de la política.

Lo cierto es que al día de hoy, a menos de un año de haber asumido, María Eugenia Vidal ya tiene nombre propio en la política argentina, una imagen positiva altísima y un futuro asegurado en el que podrá darse el lujo de elegir qué quiere hacer cuando culmine su gestión: si quedarse y tal vez empezar a cosechar resultados o irse por la puerta grande con otros rumbos.

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