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Vidal, a un año del triunfo patea una vez más el tablero

26 de octubre de 2016 a las 12:00 a. m.

La corrupción policial se topó con un adversario inesperado: una mujer. Por primera vez una mujer asume la conducción del distrito más complejo del país y en un año de gestión ha sacudido las “manzanas podridas” que hacen de las fuerzas de seguridad un “cajón” de ineficiencia y manejo espurio de los fondos públicos.

María Eugenia Vidal no solo rompió al patriarcado y terminó con 28 años de hegemonía del peronismo en la provincia, sino que además se propone lograr lo que nadie antes pudo.

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En la provincia, la candidata del macrismo, María Eugenia Vidal, daba la sorpresa y se imponía con el 39,62 por ciento sobre el candidato del Frente para la Victoria, Aníbal Fernández, quien obtenía el segundo lugar, con el 35,04 de los votos.

Entre las razones de esta decisión de los votantes se inscribe la necesidad de un cambio que recorrió como una columna vertebral el país y por eso ganó el macrismo, pero también quedó clara la responsabilidad del peronismo, en su versión del Frente para la Victoria que, en un plano de cerrada soberbia impulsó a un candidato con una alta imagen negativa. ¿A quién se le ocurriría que podían perder la provincia de Buenos Aires tras tantos años de poder? No pudieron leer a los votantes, no supieron advertir que la gente no separa el crecimiento del delito del accionar de la política y las fuerzas de seguridad, por el contrario, los vincula. Y en el caso de nuestra provincia, por ese motivo no se quería más de lo mismo ni mucho menos a un gobernador bajo sospecha de connivencia con la droga y el crimen organizado.

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María Eugenia Vidal no esperaba ganar hace año atrás. Fue candidata porque la mayoría de los dirigentes del PRO bonaerenses no querían “quemarse” postulándose para una derrota. El triunfo la sorprendió a ella y a todo el macrismo. 

Asumió el poder con toda la pesada responsabilidad que implica gobernar la provincia y se ganó en un año el tener la imagen más alta de la dirigencia política, no gratuitamente, sino poniendo el cuerpo, enfrentando a las mafias, a la Policía y al Servicio Penitenciario, recibiendo amenazas, vainas de balas en su casa y llamados intimidatorios cotidianos. Porque tocar a las fuerzas de seguridad bonaerenses no es gratis, sobre todo cuando durante tantos años gozaron de la protección y complicidad política en el manejo de las cajas blancas y negras que tenían.

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Y, precisamente, el día en que se cumplió un año desde que fue elegida gobernadora, Vidal anuncia cambios en la institución que le infringió el primer golpe: el Servicio Penitenciario que permitió la triple fuga de la cárcel de Alvear de los hermanos Lanatta y Schilacci a poco de asumir. Un claro aviso de que la situación no se la harían fácil y que resistirían los cambios.

La gobernadora no solo desplazó al jefe del Servicio Penitenciario, acusado de administración fraudulenta en concurso con vejaciones; además pasó a retiro a 132 oficiales y dispuso una suerte de intervención civil en la institución. La Comisión Provincial por la Memoria hizo un exhaustivo informe donde consta que las 55 cárceles y alcaidías, que tienen 39.927 detenidos y cupo para 30.000, son depósitos de hacinamiento humano y cada semana mueren tres detenidos dentro de las instituciones del Estado.

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La Policía provincial, con unos 100.000 uniformados, es el otro inmenso desafío de Vidal y un foco de resistencia a los cambios. Más que a los cambios metodológicos, las resistencias son a los controles, auditorías y a que les saquen el manejo de las cajas especiales, como las de horas Cores. También al no haber más superiores (o estar bajo control los que quedan) que esperan recaudaciones provenientes de negocios paralelos y “peajes”, los jefes de abajo –distritales, de comisarías, de calles- están desconcertados al ver disminuir drásticamente sus ingresos. Ya apartó a 2.397 policías, acusados de recaudar sobres de manera ilegal, cubrir el juego clandestino o directamente tener vínculos con el delito. De estos policías, 661están suspendidos. La Dirección de Asuntos Internos, que conduce un civil, logró que 205 policías fueran presos. Entre éstos, 19 eran jefes, con jerarquía superior a la de subcomisarios.

Pero mientras se trata de purgar a una Policía con grandes bolsones de corrupción, la inseguridad muerde como nunca en territorio bonaerense y esto, claramente, preocupa a la mandataria. Y mucho tiene que ver con este “desabastecimiento” forzoso de los bolsillos de los uniformados. Porque mientras intenta que la situación mejore, ha quedado sola frente al delito, con la Policía de brazos caídos, cuando no pateando en contra, y la Justicia sigue lenta como siempre.

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También debe enfrentar un tema también muy difícil: la pobreza en el Conurbano alcanza al 40 por ciento de la población. Lo que genera no pocos problemas en una provincia que por su tamaño y una desigual coparticipación de la Nación, tiene una frazada más que corta.

De este modo, la cifra de 520.000 millones será el presupuesto del año próximo, que se tramita en la Legislatura. Y claramente no alcanza. Habrá 800 obras, pero el déficit, de 35.000 millones de pesos-y la deuda consolidada que crece no parecen evitables, al menos por el momento.

Al igual que Macri en la Nación, no tiene mayoría legislativa, pero ha demostrado claramente tener cintura para sortear los peligros que encierran los acuerdos que debe hacer permanentemente con la oposición, tanto en la versión del massismo como del peronismo pero el año que viene es electoral y sus socios legislativos serán competidores de su partido y todo será más complicado de lograr.

Todos sabemos a esta altura cómo negociar en estos casos: deberá ceder más que dinero a los municipios, evaluar a cuál de los opositores entregará la Defensoría del Pueblo. Y hasta podría ofrecer el sillón vacante en la Suprema Corte de Justicia que deja Juan Carlos Hitters. Todo en pos de consolidar la gobernabilidad. Y en este sentido, justo es decir que el PRO, desde Macri para abajo, todos le respetan sus posturas, no interfieren en sus acuerdos provinciales, aun cuando muchas veces esos pactos no se reproduzcan a nivel nacional.

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Llegado a este punto, el interrogante es inevitable: ¿cómo hace Vidal para manejarse con esta libertad, tanto de negociación con la oposición, como de lucha contra las mafias de la provincia?

Quizá su secreto está en la génesis de su triunfo: como no esperaba ganar la Provincia, llegó sin compromisos, sin acuerdos previos, sin ataduras. Ganó, simplemente, contra todo pronóstico y es así como María Eugenia Vidal gobierna sobre la base de sus ideas, sin faltar a la palabra a nadie y sin deber favores.  

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