Vértigo, histeria y fragilidad en un jueves negro
Un día de vértigo se vivió en los mercados, con un precio del dólar que en menos de dos horas de operaciones saltó de 34,4 a 40 pesos, de allí bajó a 35 y volvió a apuntar a 37 al mediodía de este jueves frenético. A las 12:30 volvía a tocar los 40 y no paró ahí sino que escaló un poco más en lo que ya podemos decir que fue un jueves negro para el gobierno de Mauricio Macri.
Lo que no deja de llamar la atención es que el pico del día se alcanzó con un volumen de operaciones de apenas 75 millones de dólares, lo que da una idea de nuestra fragilidad, ya que el mercado está operando más con histeria que con lógica, dicen en la misma city porteña. La verdad es que es insólito que una corrida cambiaria sea motorizada con tan poco dinero, por eso decimos que la fragilidad de nuestro país en materia financiera, sumada a una profunda desconfianza hacia el Gobierno, ha generado este desastre en el que estamos inmersos.
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Y es así que en la locura por parar la divisa, el Banco Central sigue tomando medidas que, a la postre, perjudican al resto de la economía: subiendo la tasa de política monetaria al 60 por ciento y elevando un poco más los encajes para restarle liquidez al mercado. El problema es que hasta ahora estas medidas han tenido un impacto más que parcial.
Es que la demanda del dólar viene de una canilla que el Central no puede frenar, porque paralelamente se está tratando de desarmar la bomba que dejó Sturzenegger y los inversores de fondos comunes de inversión que piden hacerse de su dinero -mayormente invertido en Lebac-, lo que obliga a los administradores de dichos fondos a vender los activos. Estos inversores ordenaron el rescate y ya disponen de sus fondos. El inversor entonces sale corriendo a hacerse de los pesos con los que paga la compra de dólares. A cualquier precio, como se está viendo en estos momentos.
Los analistas están esperando señales concretas que por ahora no aparecen, porque esta crisis de desconfianza no registra razones netamente económicas para una tan extensa corrida con crisis incluida. En términos de mercado, Argentina vienen haciendo todos los deberes, aplicando las reglas de oro sin ningún tipo de distorsiones del estilo cepo, corralito, precios máximos. A su vez, está cumpliendo ampliamente las metas de déficit que propuso el FMI y tiene respaldo absoluto del organismo. Entonces, ¿por qué el mercado reacciona de esta manera? Quizás hay que buscar razones en la política. En toda la política, la que gobierna, la que acompaña y la que ejerce una oposición estrecha de mente, punzando para que a esta gestión le vaya mal y así ganar terreno, sin considerar que en este barco, si se hunde, estamos todos los argentinos.
En el oficialismo, además de los errores no forzados cometidos por el equipo económico, hay un lastre de la pesada herencia y un mal momento internacional para las economías emergentes. Pero además de estas cuestiones técnicas, en el aspecto político hay una tozudez de parte de Mauricio Macri y su círculo rojo, comparable al kirchnerismo que tanto critican. El diálogo que vinieron a instaurar, a la luz de los hechos y de los dichos de los ocasionales interlocutores, es una puesta en escena. Es como que hacen que escuchan pero luego todo se resuelve puertas adentro. Y eso también incide en las reacciones del mercado, especialmente cuando se avecina un año electoral. Así como nosotros, todo el mundo conoce nuestra historia pendular en cuanto a modelos. Entonces, ¿cómo genera confianza un gobierno para inversores a largo plazo si, aunque hace ahora todo bien, no instrumenta los mecanismos para que un eventual cambio de signo político no signifique un cambio de timón sobre los compromisos asumidos con el FMI y demás acreedores? En lugar de promover un pacto político de gobernabilidad y de cumplimiento de metas, el presidente se sigue cortando solo; el miércoles salió a hablar, menos de dos minutos, a los mercados para llevarles tranquilidad. Se valió de su discurso edulcoradamente optimista y a la hora el dólar se había disparado dos pesos. Eso muestra a las claras que la desconfianza no es hacia la economía sino hacia la política y particularmente, Macri ya no tiene crédito. Ya no tiene el golpe de efecto que supo tener para encauzar al mercado.
Hay un par de maniobras que podría hacer el presidente para lograr un shock que sacuda la actual situación: hacer un pacto público con el peronismo cercano, que se ha mostrado conciliador e interesado en no entorpecer la cancha. La otra, mover ciertas figuras que, al igual que Macri, no generan confianza. Tal el caso de Marcos Peña o Nicolás Dujovne. Y a la vez, darles más espacio a funcionarios fuertes, con buena llegada a la oposición constructiva, como Rogelio Frigerio y María Eugenia Vidal. Incorporar nuevos técnicos, como Daniel Artana o Carlos Melconian, también traería una cuota de oxígeno.
Pero sobre todas las cosas, abrir el juego al peronismo; no por adherir al imaginario colectivo de que solo el peronismo puede gobernar este país sino para dar al mercado las garantías políticas que, evidentemente, hoy le faltan.
Tampoco es fácil para la oposición tener un gesto de acompañamiento. Porque, al final, ya casi cumpliéndose tres años de mandato, aún no conocemos cuál es el plan económico de este Gobierno. Hasta ahora todo ha sido corregir, enmendar pero nada de proyectar un plan de desarrollo como para que todo el arco opositor pueda decir adherimos y acompañamos o bien, no.
Ahora estamos en un atolladero pero tampoco en los buenos (o mejores) momentos que pasamos se supo de un plan de desarrollo; solo se habla de ajuste y de la movida financiera, en un escenario en que cayó el PBI per cápita, cayó en picada la actividad económica, hay más inflación, depreciaron de manera formidable el salario de los argentinos, crece la desocupación.
¿Cómo vamos a salir de la crisis de endeudamiento y brutal devaluación si no logramos ampliar nuestra base productiva, nuestras exportaciones con ingreso genuino de dólares?
En fin estamos atravesando un momento muy difícil, angustiante, todos los medios de comunicación seguían minuto a minuto la crisis, transmitiendo más inquietud si es que eso hace falta. Porque los argentinos que hemos padecido brutales caídas y resurrecciones económicas, cuando las variables se enloquecen terminamos temiendo lo peor, el Rodrigazo, la hiper de Alfonsín, el Tequila, podemos dar cátedra de cómo darnos la piña cada 10 ó 15 años. Algo de aquello que cuando uno se quemó con leche ve la vaca y llora. Macri vino y prometió rehacer las bases de nuestra economía, empezar a ser un país en serio, sólido, con seguridad jurídica y reglas claras. Y en eso estábamos cuando sobrevino esta debacle. Bien lo dijo Frigerio: lo que propone Macri es un cambio cultural que llevará muchos años y justamente por ello, para que no se cambie el rumbo cada cuatro años, hay que promover desde ya un pacto político.
















