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Venezuela, el país donde se suman los desesperados

23 de febrero de 2017 a las 12:00 a. m.

La situación política en Venezuela sabemos que es muy difícil, la violencia es el signo de los enfrentamientos ideológicos que de una grieta se ha convertido en un abismo. Sin embargo esta lucha de ideas empalidece frente al aumento de la pobreza, que escaló nueve puntos en 2016 frente a 2015, alcanzando a 81,8 por ciento de los hogares, mientras el Gobierno esconde la realidad y habla de una cifra oficial de 22,7 por ciento. Mañas del gobierno de Nicolás Maduro que a los argentinos nos trae recuerdos de un Indec manipulado en los índices de pobreza, del que hicimos gala los últimos años.

Ayer, en nuestra reunión matutina de Redacción, quedamos unánimemente sorprendidos por los datos que difundió la inefable agencia de noticias Agence France Press (AFP), -sobre un relevamiento de la Encovi  (Encuesta de Condiciones de Vida en Venezuela) . Las cifras dan escalofríos, y más cuando se cae en cuenta que cada vez detrás de los números hay familias, gente que padece los rigores de una situación límite. El 81,8 por ciento de los venezolanos son pobres. Y como dato más horroroso aun, se grafica que siete de cada 10 habitantes perdieron un promedio de ocho kilos de peso por no poder alimentarse de manera apropiada.

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Los bolsones de pobreza son, lamentablemente, una constante en América Latina, sin ir más lejos la Argentina supera en poco el 30 por ciento y realmente es un dato que nos agobia, más cuando lo relacionamos con la riqueza que tiene en alimentos nuestro suelo. Pero lo que sucede en el país caribeño excede el marco de lo que estamos acostumbrados a ver, sobre todo en las cifras de la pobreza extrema, que no es otra cosa que la miseria, el padecimiento más inhumano. Y así como nuestro país es rico por lo que dan sus tierras, en el caso de Venezuela también es inaudito porque bajo su tierra está la mayor reserva de petróleo, el “oro negro”, de Latinoamérica. Es decir que no hablamos, como se dice en la jerga, de un país “bananero”, por su pobreza estructural y escueta formación cultural.

En medio de una crisis económica muy grave que se agravó en 2014 por la caída de los precios del petróleo, 80 por ciento de los consultados aseguró necesitar asistencia social. Pese a que la cobertura de los programas oficiales aumentó tres puntos -actitud propia de un populismo que no tiene detrás ningún plan de crecimiento a la vista-, solo beneficia al 28 por ciento de la población. Las cifras de la Encovi distan mucho de las que enuncia el Gobierno. En su informe anual, el pasado 15 de enero, el presidente Maduro aseguró que la pobreza se redujo de 19,7 a 18,3 por ciento durante el año pasado, y la miseria, de 4,9 a 4,4 porcentual. La investigación de Encovi, que reveló que, por el contrario la situación ha empeorado, fue realizada por las universidades Central de Venezuela, Católica “Andrés Bello” y “Simón Bolívar”, junto con varias ONG.

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Mientras la exportación de petróleo ya no alcanza para mantener por sí sola un sistema corroído por la falta de inversión, empleo y crecimiento, la inflación alcanza valores exorbitantes. Dice AFP que el valor de la canasta básica en Venezuela aumentó 433,9 por ciento en 2016 y para poder costearla los venezolanos necesitaban 18 salarios mínimos a finales de enero, según un informe del Centro de Documentación y Análisis de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM). El Gobierno no entrega datos de inflación desde hace un año, pero el FMI estima que en 2016 fue de 475 y que trepará a 1.660 porcentual este año. Asimismo, nueve de cada 10 familias afirmó que sus ingresos son insuficientes para comprar alimentos, en tanto que siete de cada diez entrevistados reportó haber perdido peso, en un promedio de 8,7 kilos en el período analizado. Llegar a adelgazar por no tener fondos siquiera para, al menos, dos comidas diarias es dramático y no podemos menos que lamentar el punto al que han llegado, no solo por aplicar mecanismos económicos que los hacen decrecer, sino por la falta de eficiencia de quienes los gobiernan. Hay que hacer esfuerzos, realmente, para llevar a una nación a semejante ruina.

Lamentablemente, siendo la mayoría de la población claro rehén del Estado para apenas vivir, la situación política se torna complicada, ya que ante la incertidumbre de no recibir siquiera los planes escasos que ofrece el Gobierno, y en medio de una crisis económica terminal, el Gobierno tiene una suerte de ejército de defensores entre los sectores más vulnerables de la población. No hay empleo ni posibilidades de crecimiento y en este marco, apoyar a Maduro se termina transformando para muchos ciudadanos en la única forma de dar de comer a sus hijos, aun cuando cada vez alcance menos ese pequeño fondo que recibe. Por eso es tan difícil para la oposición imponerse en Venezuela; la frenan los desesperados, los que no ven ninguna posibilidad de mejoría y evidentemente tampoco confían en que los que vengan los ayudarán.

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No podemos menos que lamentar lo que sucede en Venezuela, porque estos procesos, antes o después, terminan mal y volver a crecer y normalizar el país también será parte de un sufrimiento que deberán atravesar y esa es la desconfianza que tienen con la oposición. Llegado a este punto, cuando lo que está en juego es el alimento cotidiano, la ideología no es lo que más pesa, independientemente de quienes la tengan y de quienes no se lo planteen. 

 

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Mientras tanto una mayoría intenta sobrevivir como puede frente al desastre económico en el que están envueltos.

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