Vecinos de la zona de la Plaza San José denuncian situaciones “poco agradables”

Los reclamos son de diferente índole: las motos con escapes libres que circulan a alta velocidad, la plaza poco iluminada y el establecimiento de una zona roja en la vereda del Poder Judicial.
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Los vecinos de las inmediaciones de la Plaza San José y del Poder Judicial de nuestra ciudad, zona que podría considerarse céntrica ya que a pocos metros pasa la Avenida de Mayo, se encuentran preocupados por una serie de situaciones, que ellos mismos catalogan como “poco agradables”, y que los hace permanecer en alerta.
A la luz del día, la zona se caracteriza por la concurrencia de numerosos ciudadanos que asisten al Poder Judicial, al Jardín de Infantes San Jorge, a la Clínica Pergamino, o a los diferentes comercios que allí se ubican. No obstante cuando el sol cae, la oscuridad cobra notoriedad. Y se genera entonces el marco propicio para que se lleven adelante rutinas que causan preocupación y mantienen en vilo a los habitantes de ese lugar.
Lejos de tomar partido, como siempre y desde hace 100 años, LA OPINION pretende con este informe hacer visible la problemática que aqueja a un sector de nuestra ciudad, siendo un puente entre nuestros lectores y quienes tienen en sus manos la resolución de las cuestiones planteadas.
Motos al corte
De acuerdo con lo expuesto por los vecinos, entrada la noche, las calles que rodean
la plaza, se convierten en el punto de encuentro de numerosas motos, la mayoría de ellas con escapes libres, que haciendo el comúnmente llamado “corte” molestan a los vecinos con sus estruendos, sin considerar ni tener en cuenta que a pocos metros se emplaza un sanatorio.
Son esas mismas motos las que en varias oportunidades ingresan a la plaza y allí permanecen, incluso circulan por las aceras internas que se ha convertido en una especie pista y punto de encuentro para el inicio de recorridas por la Avenida de Mayo. A partir de allí, todos los vecinos de Pergamino son testigos de la conducta que despliegan, sin respetar las señales de tránsito ni los semáforos, a alta velocidad, en grupos que ocupan toda la senda y realizando “cortes” en todo el trayecto.
“Es muy molesto el ruido que hacen las motos, casi todas las noches, pero principalmente los fines de semana se escuchan los estruendos de los escapes libres. No puedo entender esa actitud, ¿No se dan cuenta que a pocos metros está la Clínica donde hay enfermos que necesitan estar tranquilos?”, se interroga “Nelly”, una vecina de la zona.
Considerando que la oscuridad posibilita el desarrollo de situaciones desagradables, “Nelly” sostuvo que “sería bueno que iluminen más la plaza porque los árboles no dejan que esta zona sea iluminada”.
Poca presión
Aprovechando la presencia de LA OPINION, la vecina planteó otro problema que aqueja a la zona: la falta de presión de agua. Si bien se desconocen los motivos que generan esta situación, “Nelly” afirmó que realizó varios llamados al Municipio por este motivo: “Si bien me prometieron que lo van a solucionar todavía seguimos con poca presión, una problemática que se da todos los días del año y que se agudiza cuando llegan las altas temperaturas. Incluso hay días de verano en los que directamente no tenemos agua con lo necesaria y fundamental que es el agua en esa época”.
Zona roja
Otra de las problemáticas, quizá la más compleja, que exponen los vecinos del sector está relacionada con la reconocida “zona roja” que allí se desarrolla.
Desde hace algunos años, paradójicamente en la misma cuadra del Poder Judicial y frente a una iglesia, al caer el sol, varias mujeres y travestis se congregan allí para ofrecer sus servicios sexuales, desde las 20:00 hasta altas horas de la madrugada.
Diariamente confluyen allí numerosos autos que consultan acerca de los servicios, para luego ir a otro lugar o, en algunos casos, quedarse por la zona y concretar el acto sexual en la vía pública o en el interior de los autos. Estos hechos son los que preocupan y movilizan a los vecinos, algunos de los cuales han sido, en contra de su voluntad, testigos del exhibicionismo.
Sexo y ¿droga?
Las voces de los vecinos pretenden ser escuchadas, y si bien no quedarán expuestos sus nombres reales por una cuestión de seguridad, los testimonios son contundentes.
“Juan” expresó: “Somos testigos directos de lo que cada noche sucede en este lugar que no solo se ha convertido en una zona roja, por la que pululan mujeres y travestis, sino que también es un lugar en el que se drogan. Hemos visto que, desde temprano, cerca de las 20:00, llegan con bolsas de pegamento o aspiran cocaína al punto de que, en varias oportunidades, no se comportan bien y generan alguna que otra situación de conflicto que no es agradable para quienes transitamos por estas calles, para los que vivimos en esta zona y que somos los que tenemos que convivir con esta situación todas las noches”.
Paradoja
Lo paradójico de la situación es que en esa cuadra, que durante el día es el recinto de la Justicia, en la tarde noche, y algunos días desde antes de las 20:00, es el espacio en el que confluyen las trabajadoras sexuales y quienes por alguna razón asisten a la iglesia, personas que, en varias oportunidades, son testigos directos del exhibicionismo sexual que allí sucede.
“Por lo general salimos a hacer las compras y cuando debemos retornar a nuestros hogares nos encontramos con las mujeres que ofrecen su servicio sexual y directamente hemos visto cuando tienen sexo. No solo eso, también se dan situaciones raras que nos hacen pensar que también se está comercializando droga”, sostuvo “Juan”, quien considera que “lo peor de todo es que pasa la Policía y no hace nada, esto también nos genera preocupación porque pareciera que nadie puede hacer nada”.
Más mujeres
Desde hace algunos años que la zona roja es el punto de encuentro de mujeres, travestis y quienes, desde distintas puntos de la ciudad, llegan con sus autos para hacer uso de los servicios que se ofrecen. No obstante en los últimos meses, los vecinos dan cuenta que la cantidad de mujeres se ha incrementado: “Antes había dos o tres chicas en la cuadra pero ahora hay muchas más, hemos contabilizado 10 o más que se establecen en la esquina de Monteagudo y Echevarría y en la de Monteagudo y Pinto”.
Conflictos nocturnos
“Susana”, otra vecina del lugar, contó sobre las situaciones de conflicto que se generan por las noches entre las trabajadoras sexuales. “Todas las noches se escuchan griteríos entre mujeres y varones. Entiendo que por algo se pelean, incluso sabe venir un señor que claramente a mi criterio es quien las regentea y con quién discuten”, señaló.
Asegurando que “esta zona forma parte de un barrio que no es apto para ser declarada zona roja”, “Susana” aclaró que “no es de nuestro agrado encontrarnos con botellas rotas o profilácticos usados en las puertas de nuestras casas. Hay vecinos que hasta bombachas encontraron”.
Indignada se preguntó “¿hasta cuándo tenemos que soportar este tipo de situaciones? ¿Por qué no generan una zona roja en la plaza propiamente dicha, donde no hay vecinos ya que está el Poder Judicial?”.
“Susana” también se quejó del ruido que generan las motos con escape libre y sostuvo que “los fines de semana se escucha cuando las motos corren carreras por esta zona”.
Temerosos
Atentos a los testimonios de las personas que han decidido contar su experiencia, LA OPINION consultó a la central de Atención al Vecino 147 sobre la incidencia de los reclamos de este sector en particular respecto de otros de la ciudad, de la periodicidad con que reciben llamados y las intervenciones que han tenido que hacer. En los registros oficiales, no constan cifras que hablen de una casuística superior a la media o reiterativa en el tiempo. Es decir que si bien los vecinos se sienten damnificados y desamparados, no formalizan su queja con la misma persistencia con que padecen los hechos que relatan. Cabe plantear entonces el interrogante de ¿por qué no hacen efectiva la denuncia? La respuesta que recibió LA OPINION es que al tratarse de un tema complejo los vecinos de la zona se encuentran temerosos de denunciar y luego ser blanco de represalias. Así lo expresaron: “No nos animamos a denunciar porque tenemos miedo, porque vemos que la Policía transita y no hace nada. Esto hace pensar que podría existir complicidad y tememos por posibles represalias”.


















