¿Vale todo en el discurso político cuando se pone en clave electoral?
Que el país vive inmerso en una grieta y el clima social está exasperado no es novedad. Lo peligroso es que los propios dirigentes políticos se sumen a una escalada discursiva que no hace sino agregar violencia y sumar descontento en una sociedad que de por sí está cansada y desencantada de la imposibilidad de sus dirigencias de dar respuestas a sus problemas reales.
En los últimos días, en el diálogo político se produjo una sucesión de frases improcedentes de boca de importantes referentes políticos nacionales, incluido el presidente de la Nación. ¿Vale todo cuando los líderes de los distintos espacios se ponen en clave electoral?
Las mas leidas de Opinión
Salir de la intolerancia, la trampa de este vertiginoso Siglo XXI
Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
Matemática, a marzo
La narcocriminalidad en el centro del debate electoral, algo que va más allá de Santa Fe
El plan es durar y que le explote al que sigue
Con una opinión pública sumida en una profunda crisis, las apreciaciones molestan y causan fuerte repercusión no solo en medios de comunicación y redes sociales sino en el fuero íntimo de una buena cantidad de ciudadanos con sentido común que observan atónitos cómo sus dirigentes parecen haber perdido la cordura a la hora de irrumpir en el espacio público para decir lo que piensan.
En la provincia de Córdoba, y en el marco de un acto de campaña en el que fue a respaldar la candidatura de Mario Negri, Elisa Carrió tuvo un fuerte exabrupto sobre el fallecimiento de José Manuel de la Sota cuando expresó que Gracias a Dios se murió.
La frase se viralizó de inmediato y no tardó en generar el repudio generalizado. Y aunque luego aclaró que su intención no fue expresar felicidad o alegría por ese trágico hecho, no tardó en redoblar la apuesta y mantener una acalorada discusión en la Cámara de Diputados con sus pares en la que se definió como una persona desestabilizada emocionalmente desde que tenía dos años. La ironía ganó su discurso, lo que sumado al misticismo con el que suele justificar sus argumentos, terminó por dejarla en una posición aun más incómoda frente a una opinión pública agobiada que no quiere ver a sus referentes políticos buscando golpes de efecto cuando la situación del país es lo suficientemente complicada como para exigirles la mayor responsabilidad posible en el abordaje de los temas.
Del otro lado del arco político las controvertidas afirmaciones de Guillermo Moreno, precandidato presidencial, que hablando de la actividad delictiva en el país justificó a aquellos que deseen vivir de lo ajeno siempre que lo hagan con códigos. Es inadmisible que un exfuncionario del país y un referente que se autoproclama postulante a ocupar el sillón presidencial justifique la delincuencia y legitime ciertas prácticas. Si los ladrones quieren vivir de lo ajeno, que sea con códigos, fue lo que afirmó el 6 de abril en un acto político de la agrupación La Néstor Kirchner Generación Intermedia. Sabemos que si algún muchacho quiere vivir de lo ajeno, bueno, vive de lo ajeno pero con código. No me robés una billetera y me dejés la señora tirada con fractura de cadera, abundó en una reflexión repudiable.
En la misma línea de frases que no conducen a ningún lugar que no sea el de generar polémica, el propio presidente de la Nación Mauricio Macri tuvo una frase desafortunada cuando en una entrevista concedida a la periodista Viviana Canosa justificó las obras de infraestructura realizadas durante su gestión aseverando que hoy muchas familias tienen cloacas cuando antes convivían con la mierda. ¿Es necesario en el contexto actual y con su imagen devaluada el presidente recurra a un lenguaje tan soez para defender su gestión? Un presidente tiene muchos recursos para exhibir su gestión sin recurrir a la falta de respeto y a frases que tocan la dignidad de personas que, a pesar de las obras de infraestructura realizadas, viven sumidas en una profunda desigualdad y son afectados de manera muy fuerte por una crisis económica de envergadura mayúscula.
Esta enumeración de frases improcedentes no agota el inventario, las cuentas de redes sociales de dirigentes políticos y líderes de opinión del país están colmadas de contenido inconducente. Como si no hubiera reserva moral en los dichos de los dirigentes y como si estuvieran eximidos de cualquier responsabilidad.
En nombre de la libertad de expresión, pareciera que se puede decir cualquier cosa. Pero el discurso político no puede darse el gusto de caer en la anomia. Menos en el actual clima social. Por el contrario, el discurso político debe ser el primer generador de diálogo, debe tender puentes entre la dirigencia y la ciudadanía. Y no establecer muros. El diálogo político debe estar sustentado en valores que sean los que se quieren promover en una sociedad. Solo así se crece en el ejercicio de una democracia en la que los representantes del pueblo y quienes ostentan serlo, no entren en una conversación de sordos en la que nadie se escucha ni se entiende. No todo vale en el discurso político cuando ingresa en modo electoral.
En el actual estado de cosas, la ciudadanía exige a sus líderes prudencia. Y aguarda definiciones que nutran el diálogo de contenido y de definiciones que marquen una agenda que lejos de las agresiones, establezca prioridades para dar respuesta a necesidades que son urgentes, sin distraerse en discursos de barricada que aburren, preocupan y colman la paciencia diezmada de un electorado que está desencantado de la política y sus exponentes que parecen no tener capacidad para resolver lo que ocurre y que es de una envergadura significativa.













