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Una vez más La Rural fue tribuna política

21 de julio de 2017 a las 12:00 a. m.

Ya se inauguró oficialmente la 131ª Exposición Rural de Ganadería, Agricultura e Industria Internacional. La tradicional muestra abrió sus puertas  a un público del agro pero también como viene sucediendo año a año, abarca otro tipo de negocios como los del automóvil e incluso hay una gran área de recreación para los niños, área de comidas y servicios. Al fin para muchos porteños no deja de ser un paseo que no tiene que ver, necesariamente, con el campo.

Y obviamente, una vez más volvió a ser una tribuna política como hace décadas sucede y que se aceleró aun más con la disputa por las retenciones móviles con el kirchnerismo, lo que se recuerda como el debate por la Resolución Nº 125. Es innegable el alto perfil que han tenido las inauguraciones de muestras de acuerdo a las administraciones nacionales que tuvo nuestro país. Los conflictos cuando lo silbaron a Raúl Alfonsín que terminó vilipendiando a los dirigentes del campo en su discurso y en su propia casa; cuando aplaudieron rabiosamente a Carlos Menem que era recibido como una suerte de emperador; los conflictos con Néstor y Cristina Kirchner que no iban a las inauguraciones, espacio que utilizaba como tribuna Mauricio Macri como jefe de Gobierno porteño y que era calurosamente recibido. Todas estas idas y venidas entre los ruralistas y el poder de la Casa Rosada han transformado a La Rural también en un factor político en la Argentina.

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El tradicional corte de cintas de este año lo realizó el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, junto con el presidente de la Sociedad Rural Argentina Luis Miguel Etchevehere, y el ministro de Agroindustria de la Nación, Ricardo Buryaile.

El presidente de La Rural no escatimó críticas al kirchnerismo, y se despachó diciendo que “cada vez es más evidente el desastre que hizo el gobierno anterior, y el tiempo que lleva reconstruirlo”, y destacó que el sector “no quiere volver al pasado. Estas son las reglas del juego para recuperar el potencial”. Por su parte, Buryaile se sinceró, “es una enorme satisfacción para el Gobierno nacional volver a Palermo. Es un año difícil para el campo porque hay 18 provincias en emergencia agropecuaria y millones de hectáreas inundadas, pero tenemos récord de producción en trigo, maíz y crecimiento del stock de las cabezas bovinas”. Larreta, en su discurso, observó que “acá se ve el talento del campo argentino que interesa tanto al campo como a la ciudad. Es el evento del año que más convoca a la gente de la Ciudad de Buenos Aires”, y le hizo un guiño a lo dicho por Etchevehere: “quedate tranquilo, Luis, que no volveremos al pasado”.

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Una vez más La Rural fue una tribuna política donde dirigentes agropecuarios y funcionarios exhiben sin disimulo sus preferencias políticas, sin dejar de lado que al fin estamos en un año electoral y a poco de los comicios. Pero como hemos planteado, el sector del agro ha hecho sentir su voz y su presencia a todas las administraciones, aplaudiendo o silbando pero con una personalidad muy definida. El conflicto más serio de los últimos años y donde el productor fue más allá y se lanzó a las rutas a cortarlas y a las calles a militar fuertemente su desacuerdo con las retenciones móviles, la 125, que implicó un quiebre definitivo con el kirchnerismo y cuyos efectos duraron por toda la administración de Cristina. Este conflicto unió a los distintos sectores del campo, alrededor de lo que fue la combativa Mesa de Enlace, reuniendo a dirigentes de distintas entidades que, en realidad, nunca se habían acercado antes. La política logró lo que la propia actividad agropecuaria nunca había podido, porque el campo en su conjunto se sintió profundamente agredido con esa ley que, al fin, no fue aprobada. Justo es decir que fue Julio Cobos, el entonces aliado y vicepresidente de Cristina Kirchner quién con su voto “no positivo” hizo perder la votación clave al kirchnerismo en el Senado, en medio de una jornada cargada de tensiones. El oficialismo no se lo perdonó jamás y los radicales (su partido de origen) nunca se lo reconocieron suficientemente. La presidenta estaba tan disgustada que se rumoreaba que renunciaría, lo que obviamente no sucedió apenas se recompuso de haber perdido su batalla con el campo.

En aquel momento de la crisis con el campo se produjo un fenómeno nuevo y que no sabemos si volverá a repetirse: el campo y la ciudad aparecían unidos, dos esferas de la vida argentina que siempre se miraron de reojo, de pronto defendían las mismas banderas. Las marchas reunían a gente del agro y de muchas otras profesiones. Otro milagro que logró la política de aquellos años. Pero también abrió una nueva grieta en nuestro país, de las tantas que existen, entre quienes apoyaban al campo y sus detractores. Y tal nuestro estilo de dirimir los conflictos en la calle, había marchas de apoyo al campo y otras de apoyo al Gobierno. Muy argentino todo.

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Lo cierto es que La Rural, en específico, divide aguas en la sociedad entre quienes la apoyan irrestrictamente y quienes la consideran un factor de poder de raíces profundamente conservadoras. Unos adhieren otros no, pero lo cierto es que no pasa desapercibido cualquier movimiento que haga el sector rural en la Argentina, un país con una economía que depende en mucho de la producción del campo. De modo que es un sector para tener en cuenta cualquiera sea la administración que nos gobierne.

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