Una sociedad estratégica para combatir la droga
Cuando nos azorábamos por la fiesta electrónica realizada en Buenos Aires, la Time Warp (el túnel del tiempo en inglés) que arrojó cinco jóvenes muertos por drogas sintéticas, la sensación, además del dolor y la impotencia, fue que nuestros jóvenes estaban más a resguardo en nuestra pequeña urbe, al margen de esos eventos que se organizaban en grandes ciudades. No porque pensáramos que no hay drogas en el interior, en este caso en Pergamino, sino por la modalidad, estas fiestas electrónicas masivas, donde se genera el mercado propicio para estos mercaderes de la muerte.
Y así nos pasamos días y días hablando de las nuevas pastillas Superman, una droga sintética que, junto a otras sustancias, fue la que produjo los decesos. Supimos que el cuerpo literalmente se hervía de fiebre bajo los efectos de este estupefaciente y también nos enteramos que muchas de estas fiestas electrónicas se organizan con el único fin de vender las pastillas, que la música y el evento en general son el escenario, pero el protagonista del negocio es la droga.
Las mas leidas de Opinión
Salir de la intolerancia, la trampa de este vertiginoso Siglo XXI
Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
La naturalización de la pobreza en los actos de gobierno
Colocar el flagelo de la inseguridad en la agenda urgente
Biorevolución o Muerte

Claro que hay cultores de este tipo de música, que disfrutan en eventos en que pueden bailar a este ritmo de manera excluyente, sin que esto implique que haya droga de por medio. Pero lo cierto es que sin estas fiestas, no hay forma de que las drogas sintéticas tengan el mercado que necesitan para que sean un negocio.
Como todo, lo bueno y lo malo, más temprano que tarde lo que ocurre en las grandes ciudades llega a las más pequeñas. Este fin de semana hubo un allanamiento en nuestra ciudad, que fue parte de una redada que incluyó otros ocho operativos en distintas localidades. Fue detenida una joven por la organización de una fiesta en Pergamino y se le secuestraron 70 pastillas. Una pequeña Time Warp.
La mecánica es similar a la de Buenos Aires, se alquila un boliche y se promociona una fiesta donde la música acompaña. Los interesados en lo que hay detrás de estas fiesta, rápidamente las identifican. Muchos otros concurren, ignorantes, a lo que se supone que es una noche de boliche más, con el ingrediente de la temática electrónica. Misma situación puede ocurrir con los dueños del lugar, ya sea pub, discoteca o un club, que rentan su espacio y pueden conocer o no la actividad oculta del ocasional inquilino.
En nuestra ciudad no se produjo la tragedia de Costa Salguero, no hubo muertos ni internados graves como en aquél caso, pero las probabilidades de que en estas fiestas donde se venden pastillas pase algo grave está abierta.
La cuestión no es menor porque, en general, cuando la gente habla de una fiesta piensa con una estructura de otras épocas: un boliche, una pista de baile y algún joven que se excede con el alcohol. Sin embargo la misma denominación tiene ahora, en algunos casos, otro sentido muy distinto. Se trata de eventos previstos para la venta de pastillas y esto es lo grave. No se trata de una casualidad que en las fiestas electrónicas a los jóvenes se les ocurre tomar pastillas, estos eventos se crean para el consumo.
Es positivo que tras la tragedia de Costa Salguero las autoridades hayan tomado debida nota y hagan los operativos necesarios para ir desalentando estas fiestas que, como tenemos a la vista, pueden terminar siendo letales para los jóvenes.
Pero también sabemos que solo con el control de las autoridades no alcanza, porque quienes organizan estas fiestas buscan nuevas formas de seguir con el sucio negocio. En este caso, por el cariz del operativo del fin de semana, vemos cómo una única unidad de negocio se mueve entre varias ciudades en simultáneo, posiblemente buscando sociedades desprevenidas, neófitas en el asunto. Tenemos la prueba a la vista: cuando la situación en la Ciudad de Buenos Aires se pone difícil tras el desastre de la Time Warp, salen al interior a promover el mismo tipo de eventos, esperando quizá que pase el momento para volver a promover estas fiesta también en el mayor distrito del país. Es presumible que en Ramallo, de donde es oriunda, esta joven que fue detenida ya sea conocida por lo que hace a tal punto que esté desactivada, pero no tardó en encontrar nuevos mercados. Hoy fue así, mañana la droga llegará de otro modo, con total seguridad.
Por eso lo elemental, huelga decir, es el control por parte de los padres. O más bien la instrucción a sus hijos, tanto en lo que refiere a la toma de conciencia de lo que le pasa a un cuerpo que consume estupefacientes como en ser parte activa de la lucha contra este flagelo. Ellos, los chicos, son la presa buscada. A ellos les llegará la data de dónde está la droga, de cuál es la vía para conseguirla. Por esta razón, los padres deben asociarse a sus hijos en la denuncia y desactivación de los puntos de venta. Lo mismo tiene que suceder con los empresarios de la noche y las autoridades locales (recordemos que el allanamiento se originó en un juzgado federal de San Nicolás): los primeros deben asumir un mayor grado de responsabilidad sobre los espacios que regentean; históricamente bastó con saber de la solvencia del inquilino y alguna cosa más, pero la cosa cambió y antes de ceder un espacio hay que indagar, hasta el ADN de ser posible. Al fin, se evitarán situaciones perjudiciales para la propia actividad, como una clausura por el uso que hizo un tercero. Y las autoridades, optimizar las herramientas tecnológicas hoy disponibles, para interceptar lo que se puede venir. Hacer Inteligencia a través de las redes sociales, involucrar a la Dirección de la Juventud para que se arme de un equipo de gente que, estando en las calles, pueda alertar lo que sucede.
El problema de la droga ya lo tenemos en Pergamino; ya a un punto que se pueden ver jóvenes fumando marihuana o inhalando pegamento en las calles, sin pudor ni temor alguno. Si de algo parece- seguimos exentos es del Paco, y eso es porque la cocaína llega a la ciudad ya fraccionada para la venta y no hay cocinas aquí. Lo que queda por delante es combatir desde la concientización y generar una especie de muralla para que no comience a filtrarse aquello que aún no penetró de manera masiva: las drogas sintéticas y el Paco. Y sobre todo, las cocinas. Mientras éstas no estén, la mercadería seguirá llegando por ruta o disfrazada de fiesta. Los accesos a la ciudad y los eventos privados, además del acompañamiento de chicos y padres y de un trabajo de Inteligencia en las calles, son, por estas horas, las armas más importantes para dar batalla a este flagelo.
La Justicia y la Policía pueden buscar acorralar el negocio, pero no remplazarán la tarea de los padres frente a la problemática en que pueden verse envueltos sus hijos, ni de las autoridades políticas con sus actividades preventivas y de control.
La familia tendrá que cumplir un rol preponderante a la hora de ayudar a evitar estas fiestas y la tragedia que pueden traer consigo. Ya no sólo se trata de que el joven se haga adicto sino que es la vida de sus hijos la que deben proteger. Porque pastillas como la famosa Superman que terminaron siendo letales para los concurrentes a Costa Salguero, puede haber otras con otras nominaciones.
No debemos desconocer que muchas de las pastillas que se fabrican son experimentales y donde se mezclan una cantidad de aditivos que pueden dar como resultado la muerte inevitable.
Lo importante es que las muertes que se generan por las nuevas pastillas lanzadas al mercado no son inesperadas y esto es lo perverso y oscuro del tema, es sabido que tienen una composición mucho más tóxica que el éxtasis, consumida por los jóvenes en las fiestas electrónicas para lograr un alto nivel de excitación que les permita bailar y alucinar varias horas. Pero quien las vende sabe que lo está ofreciendo.
La atención de los padres sobre los hijos será fundamental, el averiguar a qué tipo de fiestas concurren, sin ir más lejos. No conformarse con que sus hijos están informados y no sucumbirán si les es ofrecida alguna pastilla; el compromiso debe ser mayor. Empezando por no permitir que su hijo vaya, lo que determinará un efecto imitación en otros padres. Y si un grupo no va, tal vez el otro desista. Y sin gente no hay fiesta y no hay droga. Luego, denunciar, incluso antes de que se haga el evento, para que las autoridades estén al corriente y caigan con todo su poder de control. Al fin, si solo se trata de una fiesta con música electrónica, el baile seguirá sin más. Hay que estar alerta con los hijos, no minimizar lo que puede suceder sobre la base de un historial sin mancha. Recordemos que cuando se produjo la tragedia en Costa Salguero, la mayoría de los padres entrevistados por la tragedia que envolvía a sus hijos, afirmó desconocer qué tipo de eventos eran a los que iban y menos aún que en esos lugares tomaran pastillas.
El desconocimiento de la familia en particular y de la sociedad en general es el pasaporte a que este tipo de fiestas donde se venden pastillas se extiendan cada vez más, porque no alcanzará solo con allanamientos o persecuciones, si los padres no están atentos, quienes participan de este sucio negocio encontrarán la forma de eludir los controles.















