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Una salvajada en el Posadas con sombras políticas

18 de febrero de 2016 a las 12:00 a. m.

Este es uno de los comentarios que realmente no hubiéramos querido abordar, porque se trata de un hecho inhumano que no debería haber sucedido. El sabotaje al Hospital Posadas es una circunstancia que perjudica enormemente a los más vulnerables, a los enfermos, que deben ir al nosocomio público sin opción, por falta de obra social o porque la que tienen no cubren los tratamientos necesarios. Debieron ir durante la gestión kirchnerista y sin dudas deben hacerlo también ahora, bajo el mandato de Macri. Son las mismas personas, las de siempre, los reales perjudicados por el vandalismo de un grupo minúsculo de personas que pretendieron con esta deleznable actitud ejercer su derecho a protesta. 

De pronto, en el Posadas dejaron de funcionar los 25 ascensores a la vez, se produjo una descarga eléctrica que dañó todas las heladeras del vacunatorio y apareció una silla de ruedas incrustada en la boca del único resonador magnético que, de más está decir, quedó inoperativo y su reparación demandará unos cuantos miles de dólares, además de un tiempo que puede ser vital para los pacientes.

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Pero lo más preocupante es que este hecho vandálico tiene un trasfondo político laboral, porque sucede en medio de una revisión administrativa que comenzaron las nuevas autoridades designadas por el Ministerio de Salud de la Nación. Quienes sienten que su puesto de trabajo está en riesgo, reaccionaron anticipadamente a un eventual despido de esta curiosa manera. 

El resonador magnético del Hospital Posadas es el único equipo disponible para los pacientes de la zona oeste del Conurbano bonaerense que se atienden en el sistema público de salud. Se realizan unas 30 resonancias diarias y el daño obligó a suspender todos los turnos, que incluían lista de espera. ¿Quién o quiénes pueden desearle tanto daño a la gente que tiene menos posibilidades? 

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A esto se sucedieron más circunstancias: el lunes de Carnaval dejaron de funcionar todos los ascensores, lo que impidió durante casi cinco horas que los 400 pacientes internados recibieran algún tipo de atención, como la comida, o que los familiares pudieran visitarlos. El motivo que se está investigando es el retiro de plaquetas que controlan el sistema. Durante el feriado también se produjo una sobrecarga de energía en el vacunatorio durante una reparación eléctrica y eso quemó todas las heladeras. Pudieron salvar algunas vacunas llevándolas a otro sector del Posadas, pero los equipos que se quemaron no sirven más.

Y no decimos que hay una cuestión político laboral por una simple sospecha. Circularon por el nosocomio panfletos con esta advertencia: “Que te quede claro. Detrás de un trabajador hay una familia. Dejar un trabajador en la calle es igual a destruir un hogar. Si te metés con mi familia, yo me meto con la tuya. Ojo por ojo”. Como suele suceder, en lugar de generar un perjuicio (si esa es la intención) al destinatario de la protesta, es decir a la patronal, se termina complicando la vida a pares o gente que no tienen nada que ver con el asunto. Lo vemos con los paros de trenes, con los piquetes que impiden la libre circulación y ahora se ha llegado a lo más bajo que es atentar contra la prestación de salud. 

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No hay casualidades en este caso sino causalidades, porque se están revisando más de 1.000 ingresos de personal, en su mayoría, administrativo, que se realizó el año pasado, antes de la asunción de la nueva administración, más la gran cantidad de personal que ingresó el 1° de diciembre pasado principalmente en tareas de seguridad, entre otras irregularidades heredadas de la intervención del hospital. La mayoría serían integrantes de la agrupación Nuevo Encuentro, liderada por Martín Sabbatella y del Club Deportivo Morón. Una vez que lograron desplazar al Movimiento Evita que había asentado sus bases en el Posadas. 

Al fin, el nosocomio terminó siendo, durante el Gobierno anterior, un sector donde distintas agrupaciones oficialistas descargaban sus militantes.

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Las nuevas autoridades se encontraron, también, con una deuda de más de 100 millones de pesos con los proveedores y la revisión administrativa en curso incluye el entrecruzamiento de bases de datos. Esto permitió determinar que en las planillas con los más de 1.000 nombres que ingresaron el año pasado, principalmente a través de Nuevo Encuentro y algunos de los dos principales gremios de los trabajadores del Estado, aparecen intercalados unos 50 profesionales de enfermería y dos especialistas en cirugía cardíaca pediátrica, por ejemplo, que cumplieron con todos los requisitos de ingreso y cumplen con sus tareas. Por eso se revisan los listados, para no separar de sus cargos a los profesionales y a quienes cumplen funciones, efectivas, en el Hospital Posadas.

El nosocomio ha estado envuelto en escándalos sanitarios y políticos durante el kirchnerismo y ahora se ha llegado al punto de padecer este sabotaje que, pretendiendo esmerilar al Gobierno o amedrentar a las autoridades del Hospital, termina por perjudicar a los que más necesitan y atraviesan el trance de la enfermedad. 

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Lo que no se puede tolerar es que nuestra clase política no se haga cargo de las líneas que baja a sus militantes o adherentes, de cualquier signo que sea, que no asuman que el discurso es procesado por gente de distinta condición intelectual, que a veces hacen interpretaciones literales de premisas como el “vamos por todo” y los más violentos terminan reaccionando de una manera impropia y salvaje. Más cuando ven peligrar lo que consideran un derecho adquirido cuando saben que lo obtuvieron por y para militar y no necesariamente por reunir las condiciones requeridas o haber transitado los canales habituales. 

Obviamente que la responsabilidad es de los dirigentes que conducen un proceso político en su agrupamientos y bajan una línea violenta en las palabras que algunos después llevan a los hechos. 

Lo que ha sucedido es una verdadera vergüenza para todos los argentinos y como decimos, hay responsables y deberían hacerse cargo de la gente a la que azuzan.

Ahora se presentará una denuncia penal, y ojalá se encuentre aunque sea a los autores materiales de esta salvajada y quién sabe, poniendo una gran cuota de esperanza, se llegue a los ideólogos de los sucesos.

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