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Una nueva tragedia aérea

21 de marzo de 2015 a las 12:00 a. m.

Hace menos de una semana, el choque de helicópteros en La Rioja mientras se filmaba un reality para la TV francesa, causó la muerte de varias personas jóvenes oriundas de Francia y los dos pilotos argentinos, muy experimentados según testimonios. Ahora se cayó un avión Beechcraft B90 King con matrícula argentina en las cercanías de Laguna del Sauce, Departamento de Maldonado, donde se ubica el aeropuerto más próximo a la turística Punta del Este. Tampoco hubo sobrevivientes en este siniestro, de modo que al igual que en caso de los helicópteros, sólo se pueden avizorar hipótesis de lo sucedido, a partir de investigaciones y pericias, que bien pueden estar viciadas de intereses. La verdad se fue con los protagonistas.

En la aeronave viajaban dos pilotos y ocho pasajeros, todos vinculados a la organización de eventos y a la Sociedad Rural ya que la firma que administra el predio de Palermo también participa del gerenciamiento del Centro de Convenciones de Punta del Este, por lo que estos “cruces de charco” eran frecuentes, aunque no para uno de los pilotos que, aunque experimentado, era la primera vez que volaba la aeronave con matrícula LV- CEO, perteneciente a la flota de una empresa de taxis aéreos. Sin embargo, no era por lejos la primera vez de la avioneta, que fue utilizada por primera vez en 1969 y desde 2010 tenía matrícula argentina.

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No hay resultados concretos respecto a qué sucedió, pero los primeros testimonios recogidos en las cercanías del lugar hacen referencia a una gran explosión en la zona del posible impacto. Podría ser un problema técnico o un error humano, habrá que ver qué muestra la caja negra del avión de lo registrado en los últimos minutos del trágico vuelo.

Las autoridades uruguayas ya empezarán a analizar las posibles causas de este mortal accidente, el segundo de estas características en que aeronaves argentinas se precipitan en las cercanías de aeropuertos uruguayos. En mayo de 2014 se precipitó a tierra un Beech Super King Air B200 matrícula LV CNT. El accidente se produjo antes de llegar al aeropuerto de Carmelo, luego de haber despegado de San Fernando. Se trataba de un vuelo que transportaba a ejecutivos de diversas empresas y de la compañía textil Kosiuko, propietaria de la aeronave, como oportunamente comentáramos en esta misma página. Cinco personas, incluido el piloto, murieron y cuatro pasajeros se salvaron. La junta de investigación de accidentes de Uruguay determinó meses después que la niebla fue un factor determinante para el accidente.

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En este caso el piloto tiene más de 10.000 horas de vuelo, se llamaba Luis Pivida; era un hombre con vasta experiencia en su labor por lo que no se esperaba este resultado, salvo que la falla fuese técnica de la aeronave. Según la información de aeronáutica, él habría estado en los controles de la aeronave en el malogrado despegue en el aeropuerto de Punta del Este.

Como decíamos, la aeronave tenía ya sus años pero ello en ningún caso es sinónimo de inoperatividad; sí lo es, claro está, cuando carece del mantenimiento adecuado. Para garantizar que así sea, los controles en los aeródromos oficiales, como San Fernando o Laguna del Sauce –que intervinieron en este caso- son muy rigurosos, mucho más de los que se ejecutan para un transporte terrestre. Ya no hay tales garantías en la práctica particular o clandestina. Pero de un aeropuerto es prácticamente imposible que un avión salga si no está en condiciones. Y hay dos visiones que prestan garantía para que así sea: por un lado la empresa de aviación puede determinar que la nave no despegue pero por el otro –y esta es tal vez la más importante- el piloto desde sus controles puede abortar una salida. Y se sobreentiende que lo hará si reconoce que está en riesgo su propia vida, además de la de tripulantes y pasajeros. 

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No obstante, siembre hay un margen de error y otro tanto de fatalidad. Y lamentablemente, a diferencia de lo siniestros terrestres, en el caso de los aéreos si bien son por mucho menos frecuentes, el saldo generalmente no incluye sobrevivientes. 

En este caso, en las primeras informaciones vertidas por los medios, se consignaba que este avión en cuestión había protagonizado en 2013 un aterrizaje forzoso por “tren retraído”. Haber lanzado estos datos es sembrar la duda sobre si entonces fue correctamente reparado, cosa que luego la empresa de taxis aéreos aclararía: “La aeronave había superado una rigurosa inspección de fase 4 a principios de este mes en un taller habilitado” dijeron voceros de la firma. De esta forma salieron al cruce de rumores que  indicaban que el avión no tenía habilitación para vuelos internacionales. De todos modos tampoco viene al caso por el destino en cuestión: si bien ir a Uruguay constituye una salida al exterior, a la hora de la funcionalidad del avión, es más corto ese tramo que uno a cualquier otro punto de la Argentina. Igualmente, dice la Justicia uruguaya que los papeles estaban en regla. Y se amplió la data diciendo que el avión pertenecía al laboratorio Droguería Meta S.A. desde 2010 y luego fue vendido a la empresa de taxis aéreos y siempre tuvo autorización para viajar al extranjero. Insistimos: en el afán de cubrir horas de aire informativo y tener un dato más alarmista que la competencia, los medios suelen incurrir en versiones sin verificar que a la postre deben desmentir pero que en el “rum rum” de la calle permanece y es repetida por la gente como una verdad empírica. 

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Error humano, falla técnica, la conjunción de ambos o algo tan fatídico como puede ser la entrada de un ave en el fuselaje; todo está aún por investigarse. Y cuando se llegue a una conclusión, seguramente deberemos buscarla con lupa -si aparece- en los mismos medios que hoy titulan con formato de catástrofe el accidente aéreo en que 10 personas perdieron la vida: los pilotos Luis Pivida (59) y Diego Chiaradia (45); Mario Barba (42), Carlos de Elías (56), Joanna Mc Cormack (41), Marcelo Zarco (48), Alfredo Dietrich (51), Horacio Peñaflor (48), Gustavo Pera (48) y la portuguesa Marta Pires Vieira (41).

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