Una mirada política para una corrupción vergonzante
Va pasando ya el primer impacto que produjo el mayúsculo escándalo del exsecretario de Obras Públicas y actual diputado del Parlasur, José López, tirando bolsos con divisas por encima del cerco de un convento para esconder dinero sucio de las obras públicas. Y si bien ya se sabe que hay una matriz sucia basada en coimas y sobreprecios en el área que manejó en 12 años Julio De Vido, mientras fuera Lázaro Báez la línea de corte judicial del caso, hasta ahí el kirchnerismo de base pudo digerirlo y excusarse. Al fin era un empresario privado que aunque fuera del mismo riñón de Néstor Kirchner, podían plantear que se había desviado. Claro, cuando el hecho apunta al segundo del área, un funcionario altísimo de Néstor y Cristina, que manejaba decisiones y caja, con el que han trabajado en los últimos años el golpe fue brutal. No encontraron ningún modo de autoengaño posible y salieron directamente de cara a la sociedad afirmando que sentían asco y vergüenza, por lo sucedido.
Esto marca el fin de una historia, pero el comienzo de otra.
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En principio el Gobierno de Mauricio Macri debe haberse sentido aliviado, porque semejante escándalo de corrupción ocupa la opinión pública de manera absoluta y mientras tanto los tarifazos y el duro sinceramiento de la economía dejan de ser el tema del día, con el que se retroalimentaban todos desde los medios de prensa y en la privacidad del hogar.
La verdad es que en la peor etapa de la crisis de una economía que se trata de reacomodar, el conflicto kirchnerista no puede haberles venido mejor. A simple vista, y haciendo una lectura política del lamentable asunto, podría decirse que Macri es el gran beneficiado con este episodio. Sin embargo, un análisis más tangencial nos permite ver que la cosa no es tan así, que hay otro sector más beneficiado y que, este episodio puede engendrar un problema mayor al oficialismo.
Cierto es que a Macri le convenía esa grieta aún abierta en la sociedad, porque la contrafigura en la que se reflejaba era Cristina Kirchner, una líder política en decadencia que le permitía, por efecto comparativo, mantener una alta intención de voto, incluso a pesar de las duras medidas que viene aplicando y el momento adverso de la economía.
El golpe al corazón del kirchnerismo que le dio López (con todas las implicancias que tiene el caso si se sigue la línea del poder), está permitiendo que lo que hasta hace poco era un goteo de diputados del Frente para la Victoria que se marchaban hacia sectores tradicionales del peronismo, ahora se haya convertido en una catarata. Salvo el núcleo duro K que ha quedado muy pequeño y cuyas figuras no son apetecidas por ningún grupo interno, los peronistas en general se han sentido liberados de todo compromiso con los años pasados y se están reagrupando, en una actitud que el peronismo conoce de memoria.
La estrategia peronista, desde siempre, ha sido acompañar al muerto hasta el cementerio pero quedarse en la puerta, reagruparse y salir con nuevas figuras a la batalla política. Y eso es lo que ha permitido su supervivencia y su fuerza como movimiento político. Por eso pudo existir un Carlos Menem como peronista de centro derecha y un Néstor Kirchner como peronista de centro izquierda, dentro de la ancha avenida del justicialismo.
Lo cierto es que el kirchnerismo, que venía desarmándose muy lentamente, ha acelerado su fecha de defunción y el peronismo se apresta a reemplazar este ismo por otro.
El macrismo tenía una ventaja con Cristina agónica pero manteniendo su sector, porque a la postre el peronismo aparecería dividido en los comicios legislativos del año que viene. Muchos no irían con los K pero otros sí, y era una forma de asegurarse un espacio electoral vacante en la centro derecha y sobre todo con los independientes, peleando con Sergio Massa que quedó atrapado en la avenida del medio de la que terminan desconfiando unos y otros.
El peronismo ya prácticamente liberado del kirchnerismo habrá de reagruparse, conversará con Massa y los sectores internos sin Cristina en medio se unificarán, posiblemente, con más facilidad.
El núcleo duro K está muy atento a estos movimientos y advierte que no se dejará aislar, pero aquí no se trata de intenciones ni declaraciones sino de apoyos concretos. Y lo cierto es que la estructura del poder peronista hoy pasa por sectores anti K. Hablamos concretamente de intendentes, gobernadores y cada vez más legisladores, que son los dueños del poder territorial del peronismo.
Para ser claros, no es que López le haya hecho un favor al peronismo con sus actitudes francamente impresentables y corruptas, que se comprenda bien el análisis. Lo que afirmamos es que este golpe ha permitido que los peronistas ya no se sientan traidores al reagruparse en otros sectores, como lo hicieron sentir a Diego Bossio que al romper el bloque antes de todos estos hechos, fue duramente atacado y exhibido como un paria del resto mayoritario. No en vano era el niño mimado de Cristina y pasadas las elecciones jugó demasiado pronto al distraído. Florencio Randazzo en cambio manejó los tiempos con más astucia y pese a ser ministro de Cristina, hoy que se perfila como una de las figuras bonaerenses para las próximas elecciones y dicen que se ha dado el lujo de decir que no quiere figuras K en la lista de diputados, si es que finalmente la encabeza.
Otro de los peligros que encierra este reagrupamiento peronista es una posible alianza con Massa, que necesita crecer sobre la base a una estructura más sólida y con más despliegue territorial que la actual. Y así, juntos enfrentar a Macri en las legislativas para birlarle la posibilidad de una reelección en 2019, porque los comicios de medio tiempo serán clave en orden a consolidar o no la gobernabilidad del oficialismo de cara a un segundo mandato.
Estas son las cuestiones que a estas horas se debaten entre los analistas políticos, viendo un futuro que es cambiante a un ritmo que no es sencillo de seguir.
Llegado a este punto no será solo la política la que juegue sus cartas sino la economía, en este sentido, debemos sincerarnos, al votante le interesa mucho el bolsillo. De modo que si el macrismo logra estabilizar la problemática económica, será imbatible en los comicios por venir, aun cuando el escenario político no lo favorezca. Porque los independientes que mantienen esperanzas en el proceso que inició el nuevo Gobierno verá, aunque sea en parte, el cumplimiento de los objetivos que lo llevó a votar al PRO.
En cambio, si la cuestión económica no ve mejoría, habrá complicaciones en el plano político para el oficialismo y la oposición tendrá su chance.
Aunque parezca paradójico, nos atrevemos a afirmar que si hay un ganador en términos políticos de esta gran derrota de todos los argentinos contra la corrupción no es precisamente Macri sino el peronismo, al histórico, el prekirchnerista, que puede resurgir sin una pesada mochila, revalidar su territorialidad y recuperar algunos cuadros dirigenciales que se pusieron el saco K sin que lo sintieran propio, por necesidad, por obediencia debida movimentista o por simple y llano interés.















