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Una historia que nos respalda, nos emociona y nos obliga a dar más

28 de octubre de 2018 a las 12:00 a. m.

Frente a un nuevo aniversario de Pergamino, recorremos una historia que es, claramente singular. Es una ciudad que surgió sin acta de fundación ni documento que nos situara con precisión en el tiempo. El documento más antiguo encontrado hasta el momento que hace referencia a la Dormida del Pergamino es un acta del Cabildo de 1626.

Pero el nacimiento de la Dormida debió producirse entre los años 1586 a 1600, cuando el tráfico entre Buenos Aires y el Alto Perú se intensificó, según cuentan nuestros historiadores. La importancia que adquirió este lugar se debió principalmente al hecho que desde aquí partían tres rutas: a Buenos Aires, a Córdoba y Tucumán y a Cuyo (Mendoza, San Juan, Chile), una ventaja comparativa que al día de hoy exhibe. Al principio la Dormida fue una playa de estacionamiento donde descansaban los viajeros, las carretas y el ganado.

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Fue recién el 23 de Octubre de 1895 que Pergamino es declarada ciudad, por una ley del Congreso de la época, al mismo tiempo que Azul, Bahía Blanca y Tandil. En esa época Pergamino contaba con: tres hoteles, 22 almacenes, 10 tiendas, cinco cocherías, tres oficinas de acopiadores de frutos, siete cervecerías, cuatro carpinterías y aserraderos, siete panaderías, un molino a vapor y un molino de harina, dos barracas, tres hornos de ladrillos, dos fiambrerías, tres carbonerías, una tintorería, cuatro agencias y comisiones, una agencia de diarios y librería, cinco casas de remate, dos empresas de construcción, dos peluquerías, una fábrica de sombreros, una fábrica de jabón y de velas, dos sastrerías, dos casas de fotografía, una armería, entre otros comercios y servicios. Un dato que no deja de sorprender por la pujanza que ya tenía el futuro distrito.

Cuántas cosas han pasado desde entonces. Y marcamos un hito: la inmigración, los abuelos de la mayoría de nosotros, italianos, españoles, sirios y de otras nacionalidades que llegaron en barcos corridos por la Primera y Segunda Gran Guerra, su dolor y su hambre. Todos llegaron con un ansia de progreso que hoy genera sana envidia. Porque su llegada marcó el pulso de una ciudad que durante décadas no pararía de crecer, rodeada de los campos más fértiles del país.

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Ahora que cumplimos 123 años podemos reconocernos en nuestras características de pergaminenses, con nuestros defectos y virtudes, con una idiosincrasia un tanto apátrida que tiene que ver con nuestra geografía, con datos incontrastables de nuestra realidad, con las costumbres que fuimos adoptando.

Tenemos un municipio que en el promedio de la zona es claramente rico, porque tiene una recaudación más o menos constante, que permite un buen pasar de la labor oficial si la administración comunal es responsable, lo que hasta ahora todas han demostrado ser. Nunca en Pergamino -como hemos visto en otros distritos- los proveedores o los mismos empleados han tenido que acampar en la puerta reclamando pagos atrasados. Ni nuestros jefes comunales han tenido que peregrinar mendigando otros aportes provinciales y nacionales más allá de los que nos corresponde, porque tenemos las arcas vacías.

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Quizá hilando fino en nuestra personalidad social debiéramos tener más apego a nuestro comercio y nuestros servicios. En este punto, nuestra ubicación geográfica que varios beneficios nos reporta, nos juega en contra, Porque la cercanía con el distrito porteño y a una gran metrópolis como Rosario hace que muchos se hayan acostumbrado a vivir acá, que es más tranquilo, pero comprar y consumir en Buenos Aires, donde en un par de horas se puede ir a venir incluso. Ni hablar ahora con autopistas e Internet. Será por esto que hay rubros que directamente son inviables en nuestra ciudad. No tiene que ver necesariamente con la densidad poblacional porque hay otras localidades de igual porte donde sí se desarrollan con éxito ciertas actividades comerciales, pero es porque están lejos de grandes ciudades entonces la opción de buscar en otro lado no está y se compra en el distrito.

Los que visitan, no obstante, nuestra ciudad quedan muchas veces asombrados por la cantidad de bancos que tenemos de acuerdo a la cantidad de habitantes. Es un indicio de que es una plaza “rica” pero algo pacata en las inversiones productivas y se vuelca a la inversión financiera. Es un fenómeno que data de finales del siglo pasado y mucho tiene que ver con los vaivenes a que nos tiene acostumbrados nuestra economía. Antes, precisamente quienes generaron riquezas, las volcaban a la ciudad, ya sea por inversiones privadas o comunitarias. Tanto era así que en aquellos tiempos prácticamente nada venía del Estado sino que fueron los propios vecinos los que dotaron a la ciudad de muchos de los servicios que hoy disfrutamos, como clubes, teatros, incluso la electricidad llegó de la mano de los inmigrantes italianos asociados. Entendían -cosa que ahora no sucede- que todo el bien que pudieran aportar a la comunidad, a la postre era también beneficioso para ellos mismos.

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Este poco apego al terruño, que nos caracteriza, puede deberse a varios factores. El ser “satélites” de grandes ciudades o que nuestros chicos hasta no hace mucho tenían como única opción irse para acceder a estudios universitarios y por eso la mirada estaba siempre en un desarrollo por fuera de la ciudad, entre ellos. Lo lamentable es lo que genera este sentimiento: valoramos poco lo que tenemos y lo cuidamos menos.  Tenemos una resistencia natural a aceptar a los inspectores de tránsito y pese a los controles, las motos hacen lo que quieren y los automóviles más o menos. No es fácil el tránsito en Pergamino. En términos generales, en nuestra casa no nos comportamos del mismo modo que en ajena. Si tuviéramos la misma actitud aquí que tenemos cuando visitamos Buenos Aires o Rosario, ni hablar de cuando vamos a otro país, Pergamino sería otra ciudad, con la misma gente, pero con otro espíritu. Somos rara avis en este punto, todos los argentinos.

Hoy es la gran fiesta de cumpleaños de Pergamino, desde las 15:30 en la Plaza 25 de Mayo. Es un evento que comenzó a realizarse en el año 2015, con el festejo de los 120 años y se sigue realizando desde entonces para que la ciudadanía pueda celebrar una fecha que nos es común. Habrá números artísticos, las colectividades, los artesanos, emprendedores, eventos para niños. Y en el acto central se hará la presentación y bendición de la primera bandera de Pergamino. Es una oportunidad de las tantas que se nos dan para vivir una fiesta popular y que solemos despreciar, sosteniendo una frase que ya de tanto escucharla hemos asumido como real, cuando no lo es: “No hay nada para hacer en Pergamino”.

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Siempre hay algo para hacer en nuestra casa, tanto para estar mejor como para divertirnos y compartir. Internalicemos esto y pasemos a la acción.

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