Una buena noticia: el derrumbe del crudo hará bajar la nafta
Pocas veces que recordemos, aunque nos atreveríamos a decir que nunca, en nuestro país hemos visto que algún precio se retrotraiga. Este inédito hecho puede contener alguna especulación política pero también tiene sus motivos racionales, vinculados con el rumbo de la economía mundial.
En el mundo se derrumbó el precio internacional del petróleo. En algunos países de la región, como Venezuela, el asunto puede ser una tragedia, porque es de lo que realmente vive la sociedad. En la Argentina esta situación puede generar algún beneficio, en un clima inflacionario al que no se le encuentra el camino de salida. El ministro de Economía, Axel Kicillof buscó alternativas que le permitan adecuar los precios del negocio petrolero. Según trascendió, el funcionario tiene definidos los lineamientos de una resolución que se conocerá en los próximos días. Contempla que el precio local del crudo oscile según las variaciones del barril Brent, que identifica al petróleo del mar del Norte y se usa en Europa. El objetivo es que bajen los precios de las naftas y del gasoil, que subieron 55 por ciento en los últimos 12 meses y siguen firmes, pese a la caída del crudo. Lo cual es obviamente un disparate, de los tantos que pasan en la Argentina. Porque cuando el crudo sube la nafta sube y cuando el crudo baja ¿pretenden tenerla al mismo precio?
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Mientras el petróleo se desplomó en el mundo, se mantuvo el alto valor en la Argentina; los automovilistas de Chile y Uruguay, por ejemplo, se beneficiaron con bajas en los combustibles, los argentinos, no. Y eso hay que resolverlo, porque ayudaría a ir frenando el proceso inflacionario, ya que todo se transporta en camiones, y así como suben precios cuando se encarece el traslado, ahora hay que controlar que los bajen cuando es más barato el combustible.
Según cálculos oficiales, bajaría entre un 5 a un 7 por ciento el valor de mercado minorista.
Para facilitar el abaratamiento de las naftas y del gasoil, Kicillof prepara una reforma integral que incluye puntos que, hasta hace pocas semanas, nadie los hubiera imaginado con el actual modelo. Entre ellos, un conjunto de medidas para favorecer a las compañías petroleras, como la eliminación de las retenciones a la exportación de determinados tipos de petróleo cuando el crudo esté por debajo de cierto precio (se habla de 60 dólares por barril, con lo cual ahora se quitarían esos impuestos) y para otros derivados del crudo que son excedentes en el país, como el fueloil, la nafta virgen y solventes. Su intención es que el menor precio no afecte la generación de caja de las petroleras, en especial la de YPF. Porque además quien gerencia la petrolera estatal, Miguel Galuccio, ha sido claro respecto de que si él pone su experiencia al servicio de la empresa, no le deben complicar las ganancias.
Kicillof se reunió el martes pasado con Galuccio, para avanzar en el tema. Ambos llegaron a un acuerdo: el precio del petróleo Medanito (propio de Neuquén y de los que mejor rinden en las refinerías locales) debe bajar hasta un nivel que permita facilitar una baja en los precios a los consumidores, pero sin dañar las inversiones de la empresa estatal y del resto de la industria. Por lo que el petróleo neuquino quedará por debajo de los 84 dólares el barril, pero por encima de los 59,27 a los que cerró el Brent, que funcionará como nueva referencia para el mercado doméstico. Esta es otra buena noticia, ya que se intentarán establecer los parámetros para que de aquí en más los movimientos ascendentes y descendentes del precio del crudo impacten en el costo interno, no sólo a la hora de los aumentos sino cuando hay bajas, como en este caso.
El Gobierno incluso está dispuesto a hacer algunos esfuerzos fiscales y disminuir el impuesto a la transferencia de combustibles. Y esto es muy importante, porque la carga en este sentido es de gran incidencia en el precio al consumidor, ya que generalmente los combustibles constituyen uno de las cajas de donde históricamente las administraciones nacionales recaudan para sus gastos. Hoy en día, la mitad del precio de las naftas y el gasoil corresponde a tributos.
Pero el Estado no se perjudicaría, según los más entendidos en el tema, porque mientras resigna recursos por la reducción de derechos de exportación y otros impuestos, obtiene un beneficio por la caída en los precios internacionales de los combustibles que importa la Argentina. Hay quienes advierten que el país podría ahorrar este año 2.700 millones de dólares por la caída de los valores internacionales del crudo, que se extienden, al de sus derivados.
Aunque parcial y con estilo propio, el plan oficial implica un intento del Gobierno por alinear los precios del petróleo en el mercado interno con las referencias internacionales. Y eso es lo que debe hacer y es para nosotros una buena noticia, que aunque sea en algunos asuntos, esta administración comprenda las reglas del mercado internacional. Aun cuando esa actitud no se mantenga en todos los casos, como las importaciones, sin ir más lejos.
El bajar el precio de las naftas cuando se desploma el crudo es lo que se debe hacer, si cuando sube se incrementan los combustibles. En algunos rubros y en determinado momento se puede subsidiar por ejemplo transportes públicos y en otro no. Porque el mercado es tan flexible como la realidad y comprender eso es haber entendido en parte, de qué se trata el mercado mundial.













