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Una buena iniciativa

15 de mayo de 2016 a las 12:00 a. m.

En Pergamino se está trabajando sobre un proyecto entre el Concejo Deliberante y el Departamento Ejecutivo para que Pergamino tenga un mercado a cielo abierto. Una propuesta que tiene varias aristas interesantes, siempre que se sigan a pie juntillas las premisas con que nace, porque será para la venta de productos alimenticios de origen local. Ya un predio asignado pero también se habla de hacerlo rotativo. 

Los beneficios de este tipo de emprendimientos son variados: para los vecinos porque compran alimentos frescos, a un precio que carece de intermediación por lo tanto es mucho más barato. Conoce de primera mano al productor, pudiendo interiorizarse sobre sus métodos y así determinar fehacientemente qué es lo que está llevando a su mesa, en estos tiempos en que los aditivos, conservantes y elementos químicos utilizados para optimizar la producción están puestos bajo la lupa de la salud alimentaria. Del mismo modo, los productores pergaminenses podrán vender sus productos masivamente, en forma directa y obtener sus lógicas ganancias.

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Pero además de esta cuestión elemental por la cual se organiza una feria callejera, aunque sea una vez a la semana como se está planteando, estos espacios tienen otros efectos secundarios beneficiosos: el encuentro entre vecinos, un lugar para reunirse y sentir que hay un beneficio mutuo pero también una salida, una recorrida en familia para hacer las compras. Termina generando una cuestión cultural que la Argentina no ha desarrollado lo suficiente y que en otros países del mundo son tradición desde hace siglos.

En Europa desde las grandes capitales hasta los más pequeños villorios tienen sus mercados tradicionales, visitados por sus habitantes y por los turistas, no sólo por los precios, visiblemente más bajos que en los comercios normales, sino por el espectáculo social que representan que no pueden generar más que empatía en sus visitantes.

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Son hermosos espacios de venta a cielo abierto, donde se puede encontrar alimentos, otros son de vestimenta, otros son mercados de pulgas para antigüedades y objetos para la casa, otros son más amplios y allí se encuentra todo lo imaginable.

Son siglos de historia acumulados en las calles y plazas en los mercados callejeros del Viejo Continente. Como decimos, son lugares de compras e intercambio que permiten descubrir la esencia de la sabiduría popular de cada región. En ellos es posible encontrar casi cualquier cosa a precios muy bajos.

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Quien traspase el arco de Puerta Portese está penetrando en el mercado callejero más especial de Roma, donde hay muchos y todos interesantes puestos. Todos los domingos, desde la 6:00, un mundo de mercaderes italianos, turcos, indios o rusos, tienen sus  4.000 puestos. En esta zona del barrio de Trastevere (cruzando el río Tiber, frente al casco de la capital  italiana) conviven los objetos más sorprendentes con las ofertas más oportunas en un entorno de diversidad cultural que lo convierte en un destino muy particular. En las afueras de París está el Mercado de las Pulgas de Saint-Ouent, un territorio de compra y venta que nació a finales del Siglo XIX y hoy es un conjunto que ocupa siete hectáreas a partir de la Porte de Clignancourt (antigua puerta de entrada de París).

Aunque son varios los mercados callejeros de Londres que constituyen lugares interesantes para conocer, Camden Town es maravilloso. Semanalmente recibe a 100.000 personas. Patrimonio Cultural del Pueblo de Madrid, “El Rastro” es el mayor mercado al aire libre de Europa, un insólito mundo que ha sido protagonista de infinidad de páginas literarias y canciones. Comenzó hace cinco siglos y desde antigüedades a indumentaria, libros, películas, todo se puede encontrar allí.

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Lo nuestro en Pergamino por ahora es menos pretensioso, no tiene estas tradiciones, y una finalidad más económica que cultural: favorecer tanto el bolsillo familiar como el de los pequeños emprendedores, que generalmente no son considerados por supermercados y autoservicios para introducir sus productos.  

De prosperar la iniciativa, recién comenzaríamos la historia, pero quién sabe si no estamos fundando un espacio que trascienda el tiempo y se vaya ampliando como fue sucediendo en Europa con estos mercados a cielo abierto.

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Podríamos poner muchos ejemplos más, estos que exponemos son elegidos al azar y al solo efecto de mostrar otras experiencias que han sido, a la luz de los hechos, altamente sustentables y beneficiosas, convirtiéndose en parte indivisible de la cultura de sus pueblos.

Por el momento comenzamos con este mercado posiblemente itinerante, pero cuyo predio principal sería lindante a la Terminal de Omnibus, porque si bien está concebido para los vecinos de nuestra ciudad, nada impide que, si las actividades resultan interesantes y los precios bajos, vengan familias de otras localidades vecinas, atraídas por buena mercancía y bajo costo, en una jornada de descanso de las tareas habituales ya que se plantea establecer estas ferias solo los domingo y feriados. 

Desde el punto de vista del productor local, se abre una oportunidad muy interesante para ofrecer lo que genera, ir ampliando incluso su horizonte en base a lo que este intercambio semanal propone.

La verdad es que si la propuesta se desarrolla tal y como está pensada, el mercado a cielo abierto de Pergamino tiene mucho para ganar y poco que complicar, tanto para los vecinos como para los puesteros. Pero tiene que necesariamente controlarse su esencia: que no se ofrezca producción foránea y que se respeten las jornadas de apertura. Si a poco de andar aparecen los “camiones para todos” (cuyos responsables también forman parte de la propuesta” y se vende durante los días hábiles, el comerciante local debidamente establecido que incurre mes a mes en el riguroso pago de sus costos fijos y laborales, será altamente perjudicado. Sin dudas, los precios que se ofrecían bajo esta modalidad eran realmente competitivos, el daño a la economía local era mayúsculo por la situación de deslealtad comercial que se generaba.

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Es importante que además de comportarnos como consumidores interesados, actuemos como vecinos preocupados: es decir, que no por el precio terminemos perjudicándonos entre nosotros. Porque, a la postre, cada comercio local que baja sus persianas es un daño generalizado mucho mayor que el ahorro que podríamos haber hecho de unos pesos por producto. Por eso, el día de mañana, cuando esté funcionando esta feria municipal, insistimos con que seamos cuidadosos, autoridades y todos nosotros, de cuidar las premisas de la propuesta y hacerlas cumplir.

En realidad los grandes mercados del mundo han nacido como el que posiblemente se abra en Pergamino, por necesidad y por interés de productores y vecinos de cada localidad. Y luego fueron creciendo y haciéndose parte de la cultura de cada ciudad.

Ojalá se pueda comenzar en Pergamino la experiencia y es de esperar que se generen los beneficios esperados para todos, productores y vecinos.

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