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Un policía muerto, dos o tres que son asaltantes, triste postal

11 de enero de 2019 a las 12:00 a. m.

Después de chocar contra un patrullero, corrió y encontró mejor suerte que sus tres compañeros que fueron detenidos. Y ahora es intensamente buscado por la Policía en provincia y en el distrito porteño. Creen que, al igual que dos de los detenidos, el prófugo del asalto a la financiera de Vicente López es un expolicía que fue echado de la Federal hace varios años.

El sospechoso tiene 47 años y antecedentes por robos a bancos, de acuerdo a una de las hipótesis que manejan los investigadores. Pero hay más: no descartan que en el robo y tiroteo en el que mataron al teniente primero de la Bonaerense Marcelo Pablo Acuña (52), ocurrido el martes al mediodía en avenida Maipú y San Martín, a cinco cuadras de la Quinta de Olivos, hayan participado más cómplices.

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Adrián Federico “Patova” Romero y Angel Fabián Martínez, son los dos expolicías detenidos por matar a un agente de la Bonaerense pero los ladrones que entraron a la financiera fueron cuatro. Uno de ellos estaba vestido como un religioso judío ortodoxo y otro intentó hacerse pasar por un enfermero. Creen que un quinto los pudo haber estado esperando arriba de la Renault Duster. Incluso no descartan que hayan contado con otro vehículo de apoyo.

Todo fue muy rápido como sucede en estos casos y luego del enfrentamiento de más de 15 disparos, en el que a Acuña se le trabó su pistola 9 milímetros y recibió un tiro en el pecho y dos en las piernas, los asaltantes robaron el Renault Logan gris plata que el policía estacionaba en la vereda de la financiera, que custodiaba. El policía murió en el acto. Los ladrones huyeron, hicieron una cuadra y se bajaron del Logan para subirse a una Duster que los esperaba.

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Según la declaración que dio el dueño del lugar a los investigadores, los ladrones escaparon con 400 mil pesos y una cantidad indeterminada de dólares, euros y reales. En tanto, la Policía encontró en la Duster que usaron los asaltantes 283.000 pesos, más de 4.000 dólares y varios euros y reales.

Concretamente, por ahora son tres los detenidos. Dos de ellos son expolicías de la Federal y el restante un miembro de “La banda del millón”, conocida por sus videos con amenazas en las que sus integrantes aparecían armados y enmascarados, como más de uno recordará por su viralización en las redes sociales, alardeando de su condición de delincuentes. Todos una “joyita” como es fácil advertir. La conexión entre este y los expolicías podemos presumir que pudo haber tenido origen cuando aun en la fuerza tenían cada tanto algún “encuentro” por tratarse de un delincuente varias veces reincidente. Una vez fuera, evidentemente los antes uniformados y garantes de la ley, cambiaron de bando.

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Uno de estos exagentes de la Federal es Adrián Federico “Patova” Romero (35). Tiene al menos dos antecedentes de robos a bancos: el primero a una sucursal del Nación, en Pompeya, el 9 de septiembre de 2010; y el restante a una sede del Galicia, en el Microcentro, el 18 de enero de 2011. Lo habían exonerado en 2009 y como es visible ingresó en la carrera delictual sin prisa y sin pausa.

El otro es Angel Fabián Martínez (42). Trabajaba en la comisaría 5° de la Federal y lo dieron de baja en 2012. Era el encargado de seguridad de la sucursal del Nación que fue asaltada por Romero y no solo “omitió” accionar las alarmas correspondientes sino que dio aviso recién cuatro minutos después de sucedido el hecho, el tiempo que les llevó a los encapuchados ingresar y retirarse del lugar con 2.618.620 de pesos y 142.911 dólares.

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El tercer ladrón detenido tras la colisión de la Duster con un patrullero, a tres cuadras de Panamericana y General Paz, fue identificado como Francisco Ariel Mansilla Guerrero (35), también con antecedentes por robo a mano armada y supuesto integrante de “La banda del millón”, como dijimos.

Según la hipótesis que manejan los investigadores, el cuarto prófugo también es expolicía de la Federal y estaría vinculado a los asaltos a bancos en los que participaron “Patova” y Martínez.

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Hay dos cuestiones claves para analizar esta problemática: los policías siguen estando mal pertrechados, poco preparados y eso los expone de manera visible. Fíjense en este caso, el arma de la víctima policía. Una bala quedó trabada en la recámara y así los delincuentes lo mataron fácilmente. A su vez, como suele suceder, se entraba haciendo un “extra” para mejorar sus ingresos, lo que claramente resta horas al descanso necesario para ejercer funciones tan delicadas como es debido.

La otra cuestión es también (o más quizá) de fondo. Cuando hacemos una purga policial para limpiar la fuerza, ¿hay un seguimiento de esos malos elementos? Porque estamos hablando de personas cuya formación es para tratar con la delincuencia y la línea entre un lado y el otro se torna muy delgada cuando del “lado de los buenos” ya no hay trabajo. Con cierto bagaje de “conocimientos” a cuestas, una posible salida es aportar experiencia e información a la delincuencia. Es decir que pasa a ser mano de obra altamente calificada del hampa, lo que nos pone a la sociedad frente a mayores riesgos. Por eso, del mismo modo que sucede con los Patronatos de Liberados, que siguen de cerca la vida de los antes convictos, debiera existir un servicio en el Estado que haga trabajo de Inteligencia sobre los policías exonerados. Porque las purgas vienen bien para hacer más efectivas y honestas a las fuerzas, pero cuando esta gente que manifestó no ser de ley queda sin trabajo y con contactos en el mundo de la delincuencia hay altísimas posibilidades que el problema no solo persista sino que sea mayor si pasa a “trabajar” con los amigos de lo ajeno. En pocas palabras, el problema no termina con la purga sino que empieza con la purga. Por eso está faltando que el Estado, por ejemplo a través de los servicios de Inteligencia, siga el rastro de estos personajes, probadamente nefastos, que son exonerados de las fuerzas.

En el caso de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, en octubre de 2018 se creó y publicó un registro de policías exonerados de esa fuerza, desde 1966 a la fecha. Son 8.500. Tiene como fin evitar que policías dejados de lado por corrupción o robo puedan reinsertarse en lugares vinculados con la seguridad, como agencias privadas, o se transformen en asesores de políticos o empresarios, sin que el empleador conozca los antecedentes.

Es un avance pero no es de lo que estamos hablando. Está muy bien poder contar con estos datos a la hora de contratar a alguien o poder denunciarlo si se está desempeñando en una actividad para la que fue deshabilitado, por ejemplo por la portación de armas. Pero lo imperioso es seguir de cerca qué es lo que hace cada policía que es exonerado por mal desempeño. Hoy no hay seguimiento y es así que los que son literalmente echados de la Policía, Federal o Bonaerense, terminan siendo lisa y llanamente delincuentes. Con el agravante que tienen un conocimiento del modo en que trabaja la Policía, de sus sistemas operativos, manejo de armas, tienen amigos aún en la fuerza y se transforman en delincuentes más peligrosos que el común. En estos, y otros temas, los argentinos debemos comenzar a hacer las cosas bien, porque ya no se trata sólo de evitar un robo, sino de salvar vidas que se pierden como en este caso.

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