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Un paso más en el difícil camino a la paz en Colombia

26 de agosto de 2016 a las 12:00 a. m.

Más de 50 años de conflicto están a punto de concluir en Colombia, cerrando el capítulo de la guerrilla más resistente de América Latina, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), cuyo combustible fue en los últimos años el dinero del narcotráfico. 

Esta semana en Cuba, donde el Gobierno y los líderes guerrilleros vienen negociando desde hace cuatro años, se anunció oficialmente el histórico acuerdo de paz, que ahora deberá refrendar el Parlamento de la República de Colombia, por sus consecuencias, como veremos. 

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Nada es fácil, todo debe ser muy medido en esta cuestión de erradicar a las Farc como guerrilla, después de 52 años de enfrentamientos armados que han dejado 220.000 muertos, unos 45.000 desaparecidos y varios millones de desplazados. 

Las Farc y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) –otro grupo faccioso, más radicalizado aun- han sido siempre una pesadilla para el Gobierno colombiano, desde mitad del Siglo XX, con el agravante que el ingreso del narcotráfico al país, que se trasformó en uno de los mayores productores de cocaína del mundo, terminó por generar una alianza que potenció a uno y a otros, a los guerrilleros y a los narcos por igual. Pero también significó para las Farc el principio del fin, toda vez que muchos de sus ideólogos, sus cuadros políticos más formados, quedaron asociados con uno de los peores delitos sociales, convirtiéndose en delincuentes más que en luchadores por las ideas. Esto provocó bajas en las filas.

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El acuerdo por el cual se viene trabajando desde el año pasado y que el miércoles dio un nuevo paso, contempla la desmovilización de los guerrilleros, la entrega de las armas y la transformación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia en un movimiento político, en el marco de la democracia del país caribeño.

En un acto presidido por el canciller cubano, Bruno Rodríguez, el jefe de la delegación del gobierno colombiano, Humberto de la Calle, y el responsable de las Farc en las negociaciones, el comandante Luciano Marín Arango, alias “Iván Márquez”, firmaron en La Habana el acuerdo final y definitivo para terminar con las hostilidades, integrándose los guerrilleros a la vida política colombiana, y se les garantiza el regreso a la participación democrática sin persecuciones posteriores ni juicios por sus crímenes.

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Las autoridades colombianas afirmaron lo que es a todas luces evidente, que se ha llegado al mejor acuerdo posible, dejando atrás la violencia. Porque sin dudas que para llegar a firmar este convenio las partes han debido ceder lo necesario para lograr el objetivo que no es otro que terminar cincuenta años de guerra interna.

Tras la firma del acuerdo, el presidente Juan Manuel Santos habló en vivo a todo el país: “Hoy comienza el fin del sufrimiento, el dolor y la tragedia de la guerra”, señaló. “Terminada la negociación y concluido el acuerdo, queda en manos de ustedes, de todos los colombianos, decidir con su voto si apoyan este acuerdo histórico que pone fin a este largo conflicto entre hijos de una misma nación”.

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Lo que se deberá votar en Colombia en un plebiscito, es el acuerdo final, un documento de más de 200 páginas donde con todo detalle se establecen las condiciones de la paz.

Ese será el corolario de la guerra y el inicio de la paz.

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Hasta llegar a este punto los diálogos no fueron fáciles. En estos cuatro años, desde que comenzaron en la capital cubana el 19 de noviembre de 2012, cuando se estableció la primera agenda de cinco puntos que concluyeron el pasado 23 de junio. Un sexto punto fija el seguimiento para verificar el cumplimiento de los acuerdos.

Uno de los puntos de conflicto fue la reforma rural, que sienta las bases para la transformación del campo, donde los miembros de las Farc seguirán teniendo sus tierras para sembrar. Posteriormente se acordaron los puntos relativos a la participación política y el corte absoluto con las drogas ilícitas, que desde la década del 80 conformaron un combo explosivo en Colombia, guerrilla y narcos fue una prueba muy dura para el país. 

Este fue otro punto de fricción: la creación de las Zonas de Reserva Campesina, hoy con plantas narcóticas, que se transformarán en 8 millones de hectáreas listas para producir. Los combatientes tendrán allí autonomía política, administrativa, económica, casi un país dentro de otro. No es lo que las autoridades colombianas hubiesen querido pero, como dijimos, las partes deben ceder para llegar a la paz.

En septiembre de 2015 vio la luz el acuerdo marco en materia de justicia transicional, un tema que no es menor, ya que incluye el perdón de todos los delitos cometidos por la guerrilla. Y ha sido considerado un hito de la negociación porque abrió el camino para concluir el punto relativo a las víctimas, que fue anunciado el 15 de diciembre del mismo año bajo el principio de “verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición”.

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Finalmente, el 23 de junio pasado, se anunció en la capital cubana el acuerdo en el punto de “fin del conflicto”, que incluye el cese el fuego y de hostilidades bilateral y definitivo, así como dejar las armas por parte de las Farc y la desmovilización de sus integrantes en un plazo de 180 días a partir de la firma del acuerdo, bajo supervisión de una comisión internacional liderada por la ONU. La supervisión será importante porque en el fondo (y en la superficie) aún persisten las desconfianzas y se teme que la guerrilla no haga un desarme total, guardando algún arsenal por si algo falla.

Estos temores también lo tienen parte de la población colombiana, de modo que las encuestas no muestran al menos por ahora un triunfo aplastante del si, hay sectores que no ven con buenos ojos el acuerdo. Y además, la política siempre mete la cola y uno de los actores políticos contrario a los acuerdos es el expresidente Alvaro Uribe que como no tuvo éxito en su posibilidad de negociar esta paz, pretende aguarle los resultados a su oponente.

Ha costado mucho llegar a este punto de paz, como para tratar de complicar los acuerdos. Porque desde la década del 80 además, la lucha contra los cárteles de la droga, los más famosos del mundo, no ha sido sencilla tampoco, pero a medida que Colombia con apoyo de otros países del mundo, incluido Estados Unidos, fue acorralando a los narcos, también las Farc comenzaron a ingresar en una decadencia visible. Y todo tiene que ver con todo en Colombia.

Porque las guerrillas se mantienen sobre la base de una mística revolucionaria muy fuerte, que si se diluye o se contamina se pierde gran parte de la fuerza que los sostiene en la lucha. Los acuerdos y la unión con cárteles de la droga erosionó claramente a las Farc, algunos de sus jefes se transformaron en narcos y otros se quedaron en la organización guerrillera, pero sabiendo que se mantenían a costa de los más sucios negocios del mundo. Y esto los deslegitimó a los ojos de Colombia y del mundo.

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La realidad es que la firma de este acuerdo denominado “final y definitivo” es un paso enorme, pero falta lo más importante, que la implementación se pueda realizar sin grandes tropiezos, porque el germen de la violencia sigue latente sobre todo en los más jóvenes que se han criado en ese ambiente y la droga ofrecía ingentes fondos que los cultivos normales, que ahora realizarán los campesinos de Farc, no ofrecen.

 

Pero el camino de la paz ha comenzado y no podemos menos que congratularnos.

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