Un paso adelante en la complicada negociación con las Farc
En una negociación muy difícil, el gobierno colombiano y las Farc lograron zanjar el miércoles el mayor problema en las actuales conversaciones de paz, la presentación ante la Justicia por los crímenes de los insurgentes, algo que los deja muy cerca de un histórico acuerdo para acabar con el conflicto armado.
El presidente Juan Manuel Santos y el comandante Rodrigo Londoño (alias Timochenko), que lidera las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, viajaron a La Habana para proclamar, en un encuentro inédito, el acuerdo sobre la llamada Jurisdicción Especial para la Paz. El presidente cubano, Raúl Castro, participó de la firma de los acuerdos jurídicos.
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Por su parte, el Estado de Colombia otorgará la amnistía más amplia posible para los delitos políticos, pero dejará fuera de esa medida los crímenes que la legislación nacional tipifique como de lesa humanidad, genocidio o graves crímenes de guerra, según el acuerdo. También figuran otros actos graves como la toma de rehenes, privaciones graves de la libertad o la tortura. Además, quedarán afuera de la amnistía crímenes como el desplazamiento forzado, desaparición forzada, las ejecuciones extrajudiciales y la violencia sexual.
Este asunto no es sencillo porque los guerrilleros se resisten a ser investigados y juzgados, por lo cual se ha creado una jurisdicción especial para la paz, que las partes acordaron y que facilita el camino a un acuerdo de paz, que esperan firmar el 23 de marzo del año próximo.
Luego de que Francisco exhortara el domingo pasado, durante su visita a Cuba, a no perder más tiempo en el proceso de paz, que lleva tres años de avances y retrocesos, Santos se trasladó a la isla para formalizar el consenso sobre cómo se someterán los guerrilleros a la Justicia, que al fin era el asunto que trababa las negociaciones.
La realidad es que para Santos era una encrucijada, porque siempre sostuvo que las Farc debían someterse a la Justicia para que hubiera una paz sustentable. Pero los guerrilleros rechazaron sistemáticamente la posibilidad de ir a la cárcel, y advirtieron que no dejarían el campo de batalla para ser tratados como criminales. Sin embargo no hay que olvidar que entre los crímenes en su haber figuran el secuestro de civiles, el reclutamiento forzoso de menores y la participación en el tráfico de drogas.
Lo cierto es que lograron acuerdos fundamentales en las negociaciones, que podrán ser históricos si finalmente se firman, como la transformación de la guerrilla en un partido político. Sobre la base de este principio de negociación, las Farc mantienen un cese unilateral del fuego desde el 20 de julio y el Gobierno suspendió los bombardeos a sus campamentos, dos gestos pensados para favorecer las negociaciones y llegar a un acuerdo.
Será una tarea compleja, porque hay que lograr primero que los rebeldes se desmovilicen, entreguen sus armas y reparen a sus víctimas.
Para poner la situación en contexto hay que recurrir al pasado. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia surgieron en 1964 en la selva del país latinoamericano con el objetivo de acabar con las desigualdades sociales, políticas y económicas, la intervención militar y de capitales estadounidenses en Colombia mediante el establecimiento de un Estado marxista-leninista y bolivariano, según asegura su carta fundacional.
Manuel Marulanda (alias Tirofijo), muerto recientemente, y convertido en leyenda por la organización y Jacobo Arenas fueron los fundadores, líderes e ideólogos de la guerrilla. Aunque no hay cifras precisas, desde que se crearon 20 mil hombres armados se alistaron en las Farc para luchar contra el imperialismo y la oligarquía.
Ellos creían que la lucha armada era el camino para un cambio en Colombia y su nombre lo usaban como metodología para los secuestros extorsivos y la destrucción de la infraestructura de las ciudades. Buscando acorralar a los gobiernos de turno y que el país cayera en el caos, es el modo de poder hacerse del poder.
Las Farc son relacionadas con el narcotráfico, aunque aceptaron su vinculación con las drogas y los negocios sucios. Sin embargo, con los años comenzaron a cobrar impuestos a productores como forma de financiación de sus actividades insurgentes.
Desde que se produjeron los primeros secuestros políticos y extorsivos, los sucesivos gobiernos comenzaron a negociar por su liberación. Al asumir Alvaro Uribe hubo varios intentos por alcanzar la paz, pero las Farc no quisieron negociar al menos que los militares frenaran sus acciones.
Uribe trató al conflicto como una amenaza terrorista, una calificación que las Farc rechazaron y que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, pidió que se deje de lado, pero que la mayoría de los países occidentales aceptaba.
En junio de 2007 las Farc reportaron la muerte de 11 de 12 diputados secuestrado en el Valle del Cauca, luego de haberlos tenido secuestrados durante cinco años. La guerrilla explicó que fue a raíz del fuego cruzado generado durante un combate contra fuerzas del Gobierno. Pero la realidad es que murieron estando secuestrados. La excongresista Consuelo González y la candidata a la vicepresidencia de Betancourt, Clara Rojas, fueron liberadas por las Farc el 10 de enero de 2008. Las negociaciones para liberar a Betancourt incluyeron hasta el propio presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, ya que la mujer secuestrada es ciudadana gala. Betancourt finalmente fue rescatada junto con 14 secuestrados, lo que dejaría muy debilitado el poder de las Farc.
Haciéndose insostenible la situación, tanto de Colombia que vive la pesadilla de este grupo armado, como de las mismas Farc alicaídas y con su líder muerto, se llega a esta negociación de paz, que aún no podemos dar por cerrada.
Será un largo proceso que esperemos termine con la desmilitarización del peligroso grupo.















