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Un país enfermo

Si en la debacle de 2001 el sentimiento prevaleciente fue la indignación, que era una fuente de energía vital, una razón para luchar, hoy en cambio el clima que predomina parece ser el de una tristeza resignada, que tienta a bajar los brazos. Está claro entonces que el problema más...

02 de septiembre de 2023 a las 12:00 a. m.
Un país enfermo

Si en la debacle de 2001 el sentimiento prevaleciente fue la indignación, que era una fuente de energía vital, una razón para luchar, hoy en cambio el clima que predomina parece ser el de una tristeza resignada, que tienta a bajar los brazos. Está claro entonces que el problema más grave no es la situación económica, no tan diferente de las crisis precedentes. Los argentinos estamos acostumbrados a lidiar con estas coyunturas dramáticas. La novedad de la situación actual, acaso la más desoladora, es percibir que el país no tiene un gobernante, no hay un timón ni un rumbo claro. Hubo épocas que alumbraron un proyecto de nación que fue capaz de encuadrar y moderar las diferencias por décadas. Parecería que ya no podemos esperar algo así del actual gobierno, que hace tiempo que ha ingresado en un extravío sin retorno.

Cuando el gobierno mezcla la política partidista y la economía para lograr más votos, el resultado está garantizado: todo va a salir peor.

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Esta campaña se complicó más aún luego de la derrota oficialista del 13 de agosto, la devaluación del 22.5 por ciento dispuesta al día siguiente y, por supuesto, la esperable disparada del dólar en todas sus variantes y de los precios en general. El pico inflacionario, en muchos casos, trepó por encima de los porcentajes devaluados. Es decir, lo que se hizo no sirvió para nada.

Después de que el ministro de Economía y candidato a presidente Sergio Massa anunciara medidas para paliar los efectos de la devaluación y, además, incentivar las exportaciones del campo, todo permite afirmar que la inflación seguirá subiendo, porque en pocos días los aumentos se trasladarán a los precios. Ninguna de las decisiones apunta a superar la crisis de fondo que explica los avatares de la economía de las últimas décadas y que desde 2019 se precipitaron. Con las mismas recetas que viene aplicando el Gobierno no se puede esperar otra cosa más que más de lo mismo. De lo mismo que nos ha llevado al fracaso de estos últimos años.

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La foto de nuestra economía es muy contundente: desocupación, pobreza, economía informal, presión tributaria, recesión, inflación y le agregaremos un condimento poco feliz que son los conflictos sociales que ya estamos viendo en varios distritos. La película, en cambio, es un prolongado drama sin perspectivas de futuro.

La devaluación post Paso fue un compromiso y un boomerang. La brecha entre la cotización Banco Nación y la gama de valores más realistas llega casi al 100 por ciento.

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Muchos analistas observan que la devaluación del peso no sorprendió a nadie; lo que realmente sorprendió fue el porcentaje. La ciencia de la Economía enseña que tendría que haber sido de por lo menos del 50 por ciento nominal para que, después de un incremento inflacionario por esta medida, la mejora real del tipo de cambio quedara en un 25 por ciento que se haría en forma instantánea como se hizo, y el 25 por ciento restante se trasladaría en un año.

Y si lo vemos en tiempos políticos, y faltando dos meses para las elecciones, el mayor perjudicado por esto (además del ciudadano de a pie) es la gestión de Alberto Fernández, y todo esto se prolongará durante el tiempo que se extienda la campaña de Massa. Sin devaluación no había desembolsos para pagar los vencimientos de la deuda.

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Como decíamos, no se puede curar una enfermedad sin un buen diagnóstico y sin cambiar los recetarios que fracasaron.

Los "remedios" populistas que ensaya el ministro contienen el "plan platita", con el propósito de fortalecer su candidatura, al tiempo que generan inflación, que la pagaremos todos los argentinos. Iluso el que cree que estas acciones pueden solucionar algo, más bien perjudican terriblemente la economía, la de todos.

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Realmente, como sociedad, debemos asumir (y dejar de hurgar en causas y causantes) que el país es un enfermo terminal al que –afortunadamente- le quedan opciones para salvar su vida. Hay "tratamientos" que pueden curar nuestra economía, pero que son dolorosos, estigmatizantes e incluso pueden dejar secuelas. Tal como nos sucede a los seres humanos que debemos exponer nuestro cuerpo a distintas y atroces intervenciones médicas para salir de enfermedades crueles. Claro que también está la otra opción, tal vez más compasiva y empática, pero cuya única finalidad es paliativa para la agonía que nos llevará al fatal desenlace; "tratamientos" livianos que solo morigeran el deterioro pero nada curan. En términos ya estrictamente económicos, este es el camino que ha tomado el actual Gobierno al entregar dinero cual placebo sin efecto alguno sobre la salud.

La devaluación improvisada y sin plan no puede funcionar. Tanto estas medidas (incluido el bono de 60.000 pesos) como el aumento de la tasa de interés para que la gran cantidad de pesos no vayan a comprar dólares, ya fracasaron.

Existe mucha incertidumbre en estas semanas; primero porque no sabemos quién será el próximo presidente y después de estas disposiciones económicas inconsultas, dudamos que lleguemos con una cierta estabilidad a octubre.

La situación es muy delicada ya que son muchos los temas económicos que aún faltan resolver en el corto plazo para lograr la tan ansiada estabilidad momentánea.

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El cepo a las importaciones, imprescindibles para disponer de insumos en la industria, el agro y la salud pública, genera, además de cierta desesperación colectiva, una espiral inflacionaria, ya que esos productos se consiguen al precio dólar libre o financiero que en muchos casos está cerca de los 800 pesos y estos costos altos se trasladan a precios.

Sergio Massa en sus últimos anuncios ha mencionado la posibilidad de implementar un dólar soja a 440 pesos, esto implica una devaluación adicional del 25,71 por ciento solo para estas exportaciones. Nos preguntamos ¿dónde quedaron la estabilidad y la igualdad de oportunidades para todos?

Con la brecha cambiaria, es decir la diferencia de cotización del dólar comercial y los financieros en sus distintas variedades por ejemplo contado con liqui, MEP, blue, el Hobierno quiso achicar los porcentajes que en muchos casos superan el 100 por ciento, pero lamentablemente no pudo; esto no incentiva a los exportadores porque tienen que vender sus productos a un dólar comercial (350 pesos) y en muchos casos con retenciones; en otros, comprar sus insumos al precio de algún tipo de dólar financiero, ¡podremos llegar a octubre sin otra devaluación para que nuestros productos en el exterior sean competitivos?

Cuando se devaluó el 22,5 por ciento nuestra moneda, el aumento de los precios no se hizo esperar, por lo que se espera que la inflación de agosto y la de septiembre lleguen a los dos dígitos. El mercado cambiario también tendrá que hacer los ajustes. ya sea con las minidevaluaciones diarias a las que ya nos tiene acostumbrados, o con otra devaluación mayor durante estos dos meses. Conclusión: el dólar a que se prometió quedaría fijo en 365.5 tendrá que modificarse con respecto a la inflación. Si el Gobierno afirmó que lo mantendrá hasta después de las elecciones, nuevamente nos preguntamos: ¿Será así?

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Interrogantes parecidos se hacen los acreedores. Luego del desembolso de los 7.500 millones de dólares, el staff del FMI advirtió que la situación económica de Argentina se ha vuelto cada vez más frágil. "La inflación y las presiones externas se han intensificado, con las reservas disminuyendo a niveles peligrosamente bajos" y añadió que "los deslices en la política reflejaron en parte limitaciones políticas y consideraciones electorales". Anticipó que, con este escenario, este año se registrará una caída del PBI del 2,5 por ciento y una inflación del 120 por ciento interanual. Y, como si dirigiera un mensaje al próximo presidente, el organismo reiteró el pedido de mayor control fiscal, desarme del sistema de cambios múltiples y políticas de mediano plazo para reducir la inflación.

Muchos son los problemas económicos que deberá resolver el ministro de Economía en poco tiempo, ya que prometió no mover el tipo de cambio durante estos dos meses. Hace 13 meses, cuando asumió, proyectó una inflación no mayor al 3 por ciento mensual. Todos lo recordamos. Pero, como además de ministro es candidato a presidente, y casi "presidente de hecho", esta ajetreada gestión nos obliga a imaginar cómo resolvería los problemas de fondo que hoy sigue pateando hacia adelante si le tocara gobernar el país.

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