Un momento auspicioso para una educación que requiere del esfuerzo de todos
Y, finalmente a contrarreloj, se cerró exitosamente la paritaria docente en la provincia de Buenos Aires, lo que permitió comenzar las clases en tiempo y forma, tras cuatro años que no sucediera. No se trata de un tema menor porque en territorio bonaerense se concentra el 40 por ciento de la matrícula escolar de nuestro país. No obstante, aunque más lejos de nuestra realidad, no comenzaron las clases en ocho provincias. Tres de ellas están entre las más pobladas del país y son Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Entre todas ellas suman un 23 por ciento de la matrícula.
Por eso, y sobre la fría base de los números, la negociación exitosa con los docentes de nuestra provincia es, a los ojos de la Casa Rosada un logro de gestión.
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Aunque los maestros aceptaron el aumento salarial recién el sábado, el gobierno de María Eugenia Vidal logró que las clases empiecen sin problema en las 17.000 escuelas de la provincia. Además de Buenos Aires, las clases comenzaron normalmente en la Ciudad de Buenos Aires, San Luis, La Pampa, Santiago del Estero, Catamarca, Chaco, Corrientes, Formosa, Salta, San Juan, La Rioja, Jujuy, Misiones y Río Negro.
En realidad, la asistencia económica de la Nación fue, una vez más, lo que permitió destrabar la situación este año. Es decir que, Buenos Aires, rica como es en todos los aspectos, continúa siendo un distrito deficitario en términos de administración y finanzas.
De todos modos es dable aclarar -y este es el punto fundamental y diferencial de este año-, que la oferta no terminó de conformar a los docentes, aun con la mejora que los ubica en un incremento del 34 por ciento, sólo que esta vez se privilegió el bien mayor, que es el derecho a la educación de nuestros niños. Todo un avance y un gesto de madurez que también se vio reflejado en el cariz de las conversaciones, a decir de las dos partes. Tanto es así que las puertas quedaron abiertas para continuar negociando ante un eventual cambio de condiciones en la economía. Es decir, la paritaria sigue abierta sin que esto afecte a los principales involucrados que son los alumnos.
El año pasado, sin ir más lejos, el diálogo estaba en tan malos términos que los docentes hicieron 29 días de paro al gobierno de Daniel Scioli, con una oferta que era tan buena como la actual. Pero, ya sea porque había un desgaste en la relación o bien porque los anteriores interlocutores del Gobierno no supieron comunicar debidamente las condiciones en que estaba la Provincia como para poder encontrar un punto de acuerdo, todo se fue de las manos.
En las siete provincias en las que no iniciaron las clases los gremios decidieron parar por la brecha entre los aumentos que pretenden y los que les ofrecieron los gobiernos locales. En la mayoría también pesó la negativa oficial a reabrir la paritaria dentro de unos meses.
En la línea general, vemos que son más los docentes que decidieron sumarse a iniciar las clases que los que fueron a la huelga, porque esa mayoría entendió que hay que dar oxígeno al nuevo Gobierno, para que pueda normalizar las cuentas nacionales y generar las ayudas necesarias a las provincias y resolvieron poner el hombro a la educación. Más allá de advertir que si la inflación continúa habrá nuevas negociaciones, seguramente, antes de fin de año.
Al menos en cuanto a la negociación gremial, algo cambió. No es que haya un escenario mejor que en los últimos años o que los docentes tengan pretensiones distintas. Tal vez se trata de un cheque en blanco a la flamante gestión, quizás haya algún acuerdo político tras bambalinas que el resto de los mortales desconocemos. O bien, simplemente, las partes se han sabido explicar mejor y se han escuchado razonablemente, desprovistos de banderías partidarias. Lo más elocuente de ver es que en esta oportunidad y ante un nuevo gobierno nacional y provincial, los docentes priorizaron a los chicos aun cuando la oferta salarial no era lo esperado.
Es muy importante lograr, tras tantos años de idas y vueltas, que se cumplan los 180 días de clases en Buenos Aires para los alumnos, porque estamos ante el objetivo más importante de la Argentina que son las futuras generaciones. Estos niños de hoy serán los dirigentes, los empresarios, los trabajadores, los docentes y los votantes de mañana.
Queda por delante el desafío de mejorar la calidad educativa. Suele pasar que lo urgente relega lo importante. Y cuando hablamos de urgente no es sólo en relación al sueldo de los maestros para que empiecen las clases sino también la infraestructura, que hace a las condiciones en que nuestros chicos se instruyen. Algunas escuelas se caen a pedazos y las que no, carecen de elementos que hoy son fundamentales, cuya falta aumenta hora a hora la brecha entre educación pública y privada. Poner manos a la obra en este aspecto es también urgente. Todos los estudios internacionales indican que casi un 80 por ciento de la explicación de los resultados de aprendizaje está asociado con variables externas a la escuela y el 20 por ciento depende de la escuela. No es que tenga que ser así naturalmente. Es así socialmente. Y tiene que ver con que las familias pobres en la Argentina envían a sus hijos a escuelas pobres y refuerzan esa pobreza. La única manera de romper el peso de estas variables socioculturales, como las condiciones de vida de las familias, es que la escuela no reproduzca esa pobreza, sino que compense todo el déficit que existe afuera.
Junto a lo urgente, está lo importante: los contenidos y técnicas de enseñanza. Siempre se hace foco en la secundaria, en la deserción o en que los chicos llegan a la facultad y se encuentran con otro mundo, pero lo cierto es que si no empezamos por asegurar que todos los alumnos que terminan la primaria sepan leer y escribir perfectamente y realizar todas las operaciones matemáticas, mal podemos esperar que luego tengan un buen paso por el nivel Medio de la enseñanza.
Por eso, aunque los docentes se resistan, es oportuno realizar una evaluación para saber dónde estamos parados y un censo de infraestructura escolar, establecimiento por establecimiento
El capital físico remite a la infraestructura. Después de años de gastarnos el dinero de la inversión y el mantenimiento consumiendo más allá de nuestras posibilidades, el stock inicial se agotó y hoy el deterioro del transporte, la energía y las telecomunicaciones es un lastre para la competitividad comparable al atraso cambiario. Recuperar el tiempo perdido requiere un plan realista de infraestructura, fondos para financiarlo y capacidad del Estado para gestionarlo.
El capital humano requiere de una mejor cobertura de la primera infancia y de una reforma educativa que priorice la calidad y aggiorne la formación a las demandas productivas del país, presentes y futuras. Investigaciones recientes muestran que la experiencia académica y práctica del trabajador o el emprendedor, el know how, es el ingrediente esencial para el desarrollo de nuevos productos y capacidades. La buena noticia en este frente es que Argentina se beneficiará por unos años del llamado bono demográfico: muchos jóvenes ingresando al mercado laboral, acelerando el crecimiento. La mala noticia es que el deterioro educativo sacrificó parte de este bono: muchos de estos jóvenes, mal formados, acabarán en trabajos de baja calificación y productividad o engrosando las filas de trabajadores desalentados.
Hoy la Argentina no es un modelo en educación, como supo ser. Conserva todavía una buena parte del stock, conserva capital, gente calificada, tradiciones educativas importantes, pero no estamos a la vanguardia de ningún proceso de cambio educativo. Al contrario, hemos retrocedido. En las mediciones internacionales, la Argentina aparece en el pelotón de los países latinoamericanos que hace 15 ó 20 años estaban muy atrás de la Argentina. Hoy estamos todos iguales pero hablar hoy de la educación argentina es bastante complejo, porque tenemos diferencias y desigualdades muy grandes. Cuando nos referimos a la educación argentina, ¿estamos hablando de la Ciudad de Buenos Aires o de Formosa? ¿Cuál de las dos es la Argentina? Si hacemos un promedio, no estamos hablando de ninguna. Hoy existen grandes desigualdades, que hacen difícil generalizar y cuando se hacen promedios en contextos de mucha desigualdad no se describe bien la realidad porque se es injusto con los que están muy arriba y muy benigno con los que están abajo.
















