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Un “lobo solitario” puede cambiar la historia con su ataque

15 de junio de 2016 a las 12:00 a. m.

La investigación por la peor matanza en la historia del país después del 11-S, un club gay donde murieron 50 personas, va avanzando en los Estados Unidos y lo que ha preocupado a las autoridades, y que fue advertido por el presidente Barack Obama, es que no se trata de un atentado organizado por una célula terrorista, sino de un “lobo solitario”, un ataque claramente doméstico. 

En principio porque no hay pruebas de que Omar Sadiqqui Mateen, el atacante que ingresó armado y disparó en la disco Pulse de Orlando, actuara bajo las órdenes de Estado Islámico (EI), a pesar de que juró lealtad al grupo horas antes de atacar. Fue una actitud más bien personal y de identificación, siendo claramente homofóbico por crianza y convicción religiosa.  

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Mateen se inspiró a través de información extremista que encontró en Internet, que comparó el ataque en la disco con lo que sucedió en San Bernardino, California. El 2 de diciembre de 2015, una pareja influenciada por el radicalismo islámico y que juró lealtad a EI por Facebook, mató a 14 personas e hirió a otras 22. EI, que se atribuyó el ataque, calificó a Mateen como “uno de los soldados del califato en Estados Unidos”. Para el grupo terrorista, este tipo de “chiflados” le hacen el trabajo sucio en forma directa y sin complicaciones reales para sus integrantes. Es “mano de obra” gratuita por así decirlo, un efecto residual de la violencia que pregonan. 

El asesino masivo era nativo norteamericano de padres afganos y tenía 29 años. Y si bien su situación económica no era de ningún modo penosa, es decir no sufrió penurias por pertenecer a otra raza, como sí pasa con los musulmanes nacidos en Europa de padres inmigrantes o mismo en Estados Unidos con los mexicanos, alguna especie de choque cultural entre sus convicciones y los parámetros de la sociedad en que vivía, evidentemente le provocó un brote que lo llevó a la extrema violencia. 

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Mateen estuvo en la mira del FBI por sus viajes a Arabia Saudita en dos ocasiones, en 2011 y 2012, a La Meca. Y también viajó a Emiratos Arabes Unidos. Sin embargo, no encontraron ninguna relación con grupos extremistas, luego de entrevistarlo dos veces de modo que no encontraron motivo para detenerlo. Más bien, su conexión fue ideológica e intangible. Fue en el silencio de su vivienda que se fue consustanciando con los mensajes del Estado Islámico, hasta que decidió actuar, conjugando sus fundamentos político ideológicos con su aversión a la homosexualidad, también condenada por el Islam. Por eso eligió un local bailable donde concurren gays y previo al hecho se reivindicó jihadista mediante un llamado a la Policía. 

Nuevamente Internet, que es una red abierta y sin restricciones, vuelve a mostrar un costado negativo. Es un plano donde el vacío legal es enorme y por tanto, aquello que no está prohibido está permitido. Debieran regir ciertos recaudos con publicaciones que inciten a la violencia, sea racial, religiosa o de cualquier tipo. Dicho esto para cualquier país y en este caso para los Estados Unidos, porque a veces hay que resignar algunas libertades para protegerse, sin que esto implique abuso alguno por parte de quienes hagan esa vigilancia, no se trata de censurar sino de impedir que los violentos envenenen a las mentes más débiles o a los más jóvenes. Imaginemos por un momento que en este diario o en cualquier medio gráfico se escribieran consignas raciales, que inciten a la destrucción. Seguramente, además de la condena social, no pasarían dos minutos sin que la Justicia cayera con su rigor. Sin embargo, nada de esto sucede en Internet y así, entre muchas cosas buenas y verdaderas, circulan mentiras, fraudes, emboscadas, de todo.

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Por las particularidades de este caso, no nos vamos a detener hoy en la cuestión del Estado Islámico y sus proclamas. En lo ocurrido en Orlando hay otras vertientes, como la emigración post descolonización que llevó a ciudadanos del mundo oriental a comenzar una nueva vida inmersos en una cultura muy diferentes a la por ellos conocida. Algunos llegaron a la nación que fuera su “metrópolis”, como los marroquíes en Francia, otros se dispersaron en el mundo y llegaron, como los padres de Mateen, a Estados Unidos. Aquella primera generación de inmigrantes logra mejorar en mucho su situación, se aleja de la violencia y el hambre, crece económicamente, resultan muy buenos trabajadores y suelen ser profundamente agradecidos al país que los acogió. Los hijos, en cambio, ya nacidos en la nueva nación pero criados sobre la base de sus costumbres de origen, naturalizan su buena situación porque no padecieron las penurias de sus padres y son más críticos con la sociedad que los rodea. Además, se sienten distintos en un sentido diferente del de sus padres, que siempre se supieron distintos en cuanto a derechos y oportunidades. Tras el 11-S son especialmente observados y hasta discriminados por su condición de árabes y terminan por considerarse extranjeros en el mismo país donde han nacido. A diferencia de sus padres no sienten que deban agradecer nada.

Precisamente Seddique Mateen, el padre del autor de la masacre de Orlando, primera generación de la familia en Estados Unidos, condenó el gesto de locura de su hijo y dijo que no lo podía perdonar. El ha sido feliz en Estados Unidos, donde no pasó ni hambre ni violencia. Pero se nota la formación homofóbica cuando dice “el castigo” para los homosexuales le corresponde a Dios, y “Dios castigará a aquellos involucrados en la homosexualidad”. Es claro que en la concepción religiosa de la familia, ser gay es un pecado enorme.

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Hay otros aspectos para el análisis: la problemática xenófoba se actualizó enormemente en Norteamérica a partir de la caída de la Torres Gemelas y llegó hasta hoy en que la campaña electoral ha incluido el tema de la presencia musulmana con una virulencia extrema. Por eso la amenaza terrorista se metió de lleno en la carrera presidencial y el candidato republicano Donald Trump profundizó su discurso antimusulmán, que ya era una de sus banderas. Se produjeron tensos cruces con Hillary Clinton, la candidata demócrata, porque el ultraconservador lo primero que lanzó fue: “Suspenderé la inmigración de áreas del mundo donde hay una historia probada de terrorismo”. Hillary criticó, por su parte, el fácil acceso a las armas, otra de las problemáticas que no es fácil en Estados Unidos, donde la población mayoritariamente se resiste a que le prohíban el acceso a las armas “como forma de defensa personal”. Y advirtió: “Si alguien está siendo investigado por el FBI, simplemente no debería poder comprar un arma”. Pero es que en la nación del norte hay una tradición muy marcada en la libertad de comprar armamentos, en cualquier local incluso un supermercado. Esto implica que quienes pueden resultar inadaptados, si no tienen antecedentes penales pueden adquirir armas incluso de guerra, sin inconveniente.

En distintas administraciones, normalmente demócratas, se ha intentado limitar la compra de armas, sobre todo de guerra, para uso civil, pero se ha chocado con una enorme resistencia republicana y además del estadounidense de a pie que se resiste a perder ese derecho a defenderse por mano propia si llega el caso.

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Este acto de terrorismo doméstico puede llegar a tener su impacto en los comicios presidenciales que no podemos mensurar aún, toda vez que Trump hace de la xenofobia a los mexicanos y a los musulmanes una bandera y aunque está unos puntos por debajo de la demócrata Clinton, puede terminar llevando agua para su molino con su prédica xenófoba y su propuesta de mano dura contra los extranjeros en general y los nuevos inmigrantes en particular. Precisamente en esta época en que las crueldades de la guerra de Siria está expulsando a sangre y hambre a tantas familias que huyen a  los países que los reciban. 

Por eso no es descabellado pensar que este acto de un “lobo solitario” que se autoidentifica con un grupo terroristas al que no pertenece, puede dar un giro a la historia de Estados Unidos y por extensión al resto de los países, toda vez si el sector más duro logra triunfar en las elecciones habrá grandes cambios en la política internacional y el mundo puede tornarse en más peligroso que lo que es en estos tiempos.

 

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