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Un fantasma de tragedia cruza a toda Venezuela

30 de julio de 2017 a las 12:00 a. m.

No había terminado aún el acopio de agua, comida y velas en Venezuela ante la huelga de 48 horas y ya había comenzado la convocatoria de la oposición venezolana para que hoy domingo, día de los comicios para la Asamblea Constituyente, a tomar las principales avenidas del país. “Que el pueblo que quiere democracia salga en todas las arterias viales del país, ahí nos vamos a concentrar”, adelantó el líder opositor Henrique Capriles, mientras el gobierno de Nicolás Maduro prohíbe la toma de Caracas y amenaza con la cárcel a los disidentes que marchen. Los muertos se acumulan y superan los 100 sólo en las marchas de este año (se habla de 115 muertos y más de 500 presos políticos) y un fantasma de tragedia cruza todo el territorio.

Los signos de que una guerra civil parece al fin inevitable están a la vista y Estados Unidos, que viene siguiendo muy de cerca este proceso (no olvidemos que Venezuela es un estado petrolero al que el país del norte le compra buena parte de su producción), ha dado a sus diplomáticos libertad para abandonar el país junto a sus familiares. La realidad es que temen que la violencia siga radicalizándose, porque es claro de alguna manera la oposición ha logrado armarse hasta un punto tal que le permite defenderse, aunque la represión del Estado es de una brutalidad que no puede compararse ni siquera con las acciones civiles más osadas. 

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Es que este domingo no es poco lo que se juega, Nicolás Maduro quiere una nueva constitución porque la sancionada en épocas de Hugo Chávez, que promovía el socialismo del siglo XXI, respetaba reglas democráticas que hoy ya no se respetan. El nuevo presidente ha entendido que no logrará mantenerse exclusivamente sobre la base de los votos y está dispuesto a recurrir al Ejército que desde hace tiempo ha quedado como uno de los soportes fundamentales de la revolución que planteaba Chávez.

Pero la realidad es que Maduro fue perdiendo capital político debido a su torpeza como mandatario y a un asunto no menor que es el desplome del precio del petróleo. Un sistema populista extremo como el de Venezuela está ahora obligado a sobrevivir con casi un setenta por ciento menos de los fondos que recaudaba en épocas de Hugo Chavez. Y es así como hoy el país padece un grave desabastecimiento de alimentos y medicamentos, con una población que se ha ido empobreciendo de manera visible y cuyos miembros atraviesan momentos de desesperación. 

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Lo que Maduro parece no asumir es que el chavismo ya no es mayoría, por eso perdió las últimas legislativas y se encamina a salir desfavorecido en esta Constituyente, a la que piensa dominar por las armas y no por los votos, según sus propias palabras. Los durísimos discursos de los últimos días lo muestran como un aprendiz de dictador acorralado y dispuesto a que corra toda la sangre que sea necesaria para imponer la voluntad del régimen. Las decisiones parlamentarias no son tenidas en cuenta porque su mayoría es opositora y los magistrados que se han nombrado desde este organismo son sistemáticamente encarcelados por el Gobierno. Una situación institucional desastrosa.

La simulación opositora de una votación en Venezuela terminó de demostrar la absoluta falta de legitimidad del régimen de Maduro, al que un setenta por ciento de la población no apoya, lo que indica que hay sectores del chavismo que se han ido sumando a la oposición ante la falta de democracia, la destrucción de la economía y la brutal represión del Gobierno.

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Es en este contexto que se plantea la “toma de Caracas”, proclamada por la oposición no sólo desafiando al Gobierno sino también a militares y policías, encargados de cumplir la prohibición del ejecutivo de protestar y reunirse en toda Venezuela. 

La multitudinaria marcha propuesta en un principio fue cambiada finalmente por varias convocatorias a pie de calle por todo el país, sobre todo en las zonas más afectadas por la represión y en los lugares donde se han producido múltiples enfrentamientos. La Oficina del Alto Comisionado de la ONU para Derechos Humanos mostró su preocupación ante la “prohibición de los derechos básicos de expresión y manifestación, especialmente en el contexto de proceso electoral del domingo”.

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Y la realidad es que se nota en el pueblo venezolano cansancio y frustración, más que amedrentamiento. Quien se mantiene firme en Caracas es José Luis Rodríguez Zapatero, que realiza constantes reuniones con dirigentes de la oposición para buscar un último intento de acuerdo, teniendo en cuenta que Nicolás Maduro afirmó que llamaría al diálogo en esta constituyente. Sin embargo, la sensación es que toda intención de unidad venezolana parece destinada al fracaso. La oposición sabe que lo que pretende el régimen es exhibir una asamblea donde se sienten juntos para convalidar las pretensiones del chavismo. De modo que fue imposible llegar a un entendimiento.

En medio de esta situación que, como es fácil darse cuenta, no se sostiene en el tiempo, el periodista argentino Jorge Lanata viajó a Venezuela para cubrir la constituyente y le fue prohibido el ingreso al país, fue interrogado en el aeropuerto durante ocho horas y deportado, lo cual era de esperarse ya que Lanata había sido expulsado de Venezuela durante una cobertura de elecciones realizadas anteriormente, de modo que con el endurecimiento del régimen la lógica es que ahora ni siquiera lo dejen ingresar. 

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Llegado a este punto y más allá de que Maduro en uno de sus últimos discursos llamó “sanguijuela” al presidente Mauricio Macri, los organismos internacionales de la región no parecen tomar conciencia de la gravedad de lo que sucede en Venezuela. En Mendoza, hace unos días, el Mercosur elaboró un lavado documento frente a la situación, pero se sabe que Argentina y Brasil hubiesen pretendido una intromisión más directa, aunque Uruguay y otros países se opusieron. La propuesta es que no se puede intervenir en otras democracias y aquí está la trampa del planteo: considerar que Venezuela sigue siendo una democracia cuando institucionalmente está trabajando como una dictadura, sin garantías ni siquiera para la vida de sus ciudadanos.

 

Hoy será un día triste en Venezuela, más allá de las alternativas de la constituyente que convocó Maduro, porque parece imposible evitar el derramamiento de sangre.

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