Un fallo vergonzoso que generó una enorme reacción social
La noticia recorrió rápidamente las redacciones de los diarios, los programas de tv y las radios, al tiempo que se extendía a las redes sociales.
Los camaristas de Casación Horacio Piombo y Benjamín Sal Llargués firmaron el controvertido fallo que redujo a la mitad la condena al violador de un chico de 6 años, por considerar que el menor ya había sido abusado y tenía conductas homosexuales. El supuesto abusador era su propio padre, quien niega haber abusado del menor y aduce que la Justicia miente, que su hijo fue violado por el condenado.
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Lo que primero fueron fuertes críticas terminó en un verdadero escándalo social y judicial, con pleno disgusto de los que accedían a la noticia.
Huelga decir que los argumentos en que se basó el fallo, si son tales como se han dado a conocer, adolecen de todo criterio y hasta podría decirse que carecen de sentido común, de sensibilidad y se ignora que se trata de un niño de seis años, víctima de abusos.
Nunca hemos visto que se considere un atenuante, frente a un abuso de menores, que el chico haya sido previamente abusado y menos aún que se presuma que tiene actitudes de provocación. Es un niño con todos los derechos que le asisten y quien lo atacó es un violador de menores o un perverso absoluto.
No es el primer problema que tienen los magistrados mencionados. La causa por la cual el presidente de la Suprema Corte provincial, Daniel Soria, abrió un jury contra estos jueces, está relacionada con un fallo de Piombo y Sal Llargués de 2011, por el cual dispusieron reducir de 18 a 9 años de prisión la condena al pastor evangélico Francisco Avalos por haber abusado de dos chicas, de 14 y 16 años. En ese caso, los camaristas consideraron un atenuante el hecho de que las víctimas eran de bajo nivel social y que en el ámbito en el que vivían -una villa de Merlo- supuestamente son usuales las relaciones sexuales a corta edad.
Otro argumento increíble para un abuso tan vil por parte de un miembro de la comunidad que se supone que al ser religioso es de mayor confianza para los niños y sus padres. De no constar en el expediente estos argumentos resultaría increíble que se haya firmado un fallo en estas condiciones.
Las repercusiones han sido tan importantes que el vicegobernador de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, pidió apartar a los camaristas de Casación, Piombo y Sal Llargués por haber firmado el controvertido fallo que redujo a la mitad la condena al violador del chico de 6 años.
Esto último lo hizo casi al mismo tiempo en que integrantes de la Federación Universitaria de La Plata tomaron el decanato de la Facultad de Derecho para exigir que se lleve adelante un juicio académico contra Piombo. Las autoridades de la universidad platense analizan separarlo de las cátedras que conduce, mientras que la Universidad de Mar del Plata ya le rescindió el contrato por el doctorado que dictaba en esa sede. En tanto, todos los bloques de diputados bonaerenses se pronunciaron por el enjuiciamiento de Piombo y Sal Llargués.
Mariotto solicitó al órgano de enjuiciamiento de magistrados que considere en forma perentoria el apartamiento preventivo -suspensión por 90 días, con goce de sueldo- de ambos jueces, dada la gravedad institucional de lo sucedido y la existencia de una causa preexistente, se refiere al pedido de jury del miembro de la Corte, Soria.
También hubo plena participación popular en este caso ya que la gente se movilizó por una gran indignación. En este sentido, unas 80.000 personas firmaron un pedido motorizado por una ONG para separar a los jueces de su cargo. Hubo manifestaciones por este caso en La Universidad Nacional de La Plata, que evalúa separar a Piombo de sus claustros. El área de Derechos Humanos de la Universidad de La Plata manifestó que el fallo de Sal Llargués y Piombo resulta de una gravedad mayúscula y violatorio de principios constitucionales y tratados internacionales de derechos humanos, por su contenido homofóbico y discriminatorio.
Ha sido una reacción social general pero, además, ha movilizado a los hombres del Derecho ante la gravedad del fallo y más aun al conocer los antecedentes de otros fallos de los mismos magistrados.
En esta cuestión hay un aspecto negativo y uno positivo. El primero es el fallo en sí y la peligrosa mentalidad de estos magistrados pero lo interesante es que todavía como sociedad no hemos perdido la reacción ante tamaña injusticia.
Esto es muy valioso porque habla de una sociedad que tiene límites y no está dispuesta a tolerar estos abusos judiciales.
















