Un desconcertante Papa Francisco
La asunción de Nicolás Maduro para un segundo período de gobierno en Venezuela provocó, además de posturas muy encontradas entre países Latinoamericanos -la mayoría que, como Argentina, no apoyó- una fuerte división entre la Iglesia venezolana y el Vaticano. Y un poco más amplia también: entre el clero del mundo y las autoridades eclesiásticas de Roma, encabezadas por el Papa.
Mientras que los sacerdotes residentes en Venezuela se mostraron críticos y consideraron ilegítima la jura de Maduro, el Papa Francisco insiste en su política de no romper relaciones con ese Estado, como sí lo hicieron la mayoría de los países de América Latina y la Unión Europea y a pesar de que los miembros de la Iglesia que viven en carne propia la realidad venezolana afirman la ilegalidad del proceso que permitió a Maduro la reelección y, sobre todo, hablan de procederes antidemocráticos, reñidos con la libertad, además de la crisis humanitaria que padece la sociedad.
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En otras palabras, solo por una cuestión ideológica hoy se puede respaldar a Maduro porque por lo demás, hay sobradas pruebas tanto del fraude electoral, como de las persecusiones políticas y de la hambruna que solo se morigera con una postura política complaciente con el gobierno. Y cuando hay un pueblo que sufre, las ideologías que todos podemos tener, incluso el Papa, debieran guardarse en el ropero.
Sin embargo, y aun con testimonios de primera mano de quienes son la Iglesia en Venezuela, el Papa pasó de un tibio apoyo a Maduro, al bregar por concordia en vez de condenar los abusos, a directamente validar su mandato enviando un diplomático del Vaticano al acto de asunción. Se trata de monseñor George Koovakod, encargado de negocios de la Santa Sede, a quien el jefe de Estado venezolano le agradeció su presencia al inicio de su discurso. Maduro, acorralado por tantos países ausentes, no se iba a perder resaltar el apoyo, nada menos, del Papa Francisco.
Ya el lunes pasado, tras las críticas de 20 expresidentes, el Papa Francisco ratificó que no piensa interferir en las crisis de Venezuela y Nicaragua y se limitó a pedir concordia, cuando en realidad los hechos que se viven en ambos países no admiten neutralidad ni mucho menos es posible la concordia en tanto se trate de mandatos totalitarios.
El Sumo Pontífice subrayó que la Santa Sede no busca interferir en la vida de los Estados y dijo que su pretensión es ponerse al servicio del bien de todo ser humano. Pues es precisamente el bien de los seres humanos que habitan Venezuela y Nicaragua lo que está ausente y en cambio hay persecución, falta de garantías individuales, desabastecimiento, todo lo que genera un enorme éxodo que sume a la población en una crisis humanitaria de proporciones. Por todo ello era esperable de Francisco una postura más cerca del pueblo.
También agradeció a Colombia, que, junto a otros países del continente, en los últimos meses ha recibido a un gran número de personas de Venezuela.
Este reconocimiento demuestra que Francisco conoce de sobra la crisis venezolana y la desesperación de los ciudadanos que huyen del hambre y la represión a otros países. ¿Por qué esa postura tan laxa respecto de Maduro? Daría la impresión que el Santo Padre no puedo distanciarse de su postura ideológica en un caso dramático como éste. Tampoco desconoce el Santo Padre que Maduro no se sostiene por mayoritario apoyo popular (se cree que hay un 20 por ciento que podría apoyar al régimen) sino por el Ejército de Venezuela que co-gobierna con el dictador y reprimen a la oposición.
No deja de ser una gran desilusión lo de Francisco, que dice no querer intervenir en los conflictos internos de los países, tenga gestos de apoyo a dos gobernantes que no respetan las instituciones democráticas. Recordemos que Maduro, si bien llega al poder por las urnas, cuenta por miles las denuncias de fraude y persecución política (con apresamientos y muertes). Y lo que es peor: virtualmente anuló el Poder Legislativo al conformar una Asamblea Constituyente a medida que, lejos de dedicarse a gestar una reforma, es la que emite y deroga las leyes en la vida diaria, quedando la Asamblea Nacional (Congreso) sin funciones reales. Veremos qué tanto pueden hacer de ahora en más, con la nueva conformación.
Tampoco es que planteando el sufrimiento del pueblo venezolano desde Roma y reclamando un cambio de actitud de parte de su gobernante el Papa estaría interviniendo, simplemente estaría más cerca de ser servicial al ser humano, como él mismo plantea.
Los obispos venezolanos lo alertaron en la previa respecto de todas las dudas que enmarcan la jura que hizo Nicolás Maduro este 10 de enero, para un nuevo mandato presidencial que la oposición y parte de la comunidad internacional no reconocen.
La historia, cuando sea el momento a través de los actores que propiciaron unas elecciones tan dudosas en un marco de ventajismo, dará su veredicto, dijo el presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor José Luis Azuaje, al leer un comunicado ante periodistas. Sostuvo, además, que el Gobierno de Maduro ha causado un deterioro humano y social en la población y en las riquezas de la nación.
Así, un nuevo mandato de Maduro se ha hecho ilegítimo y moralmente inaceptable, añadió Azuaje.
Con este racimo de deterioro, podemos imaginarnos los sufrimientos que tendrá que pasar el pueblo en un nuevo período de Gobierno, si no se ponen las correcciones necesarias que pasa por un cambio integral de política y de actores políticos, sentenció el obispo.
Aun con toda esta información de primera mano por parte del clero venezolano, además de lo que el mundo conoce y rechaza, Francisco optó por ser parte del acto de asunción, legitimando el mandato.
¿Por qué el Papa no respaldó a los hombres de su Iglesia y prefirió apoyar a Maduro?
Cualquiera sea la respuesta que podamos ensayar, siempre será una desilusión de parte de Francisco.















