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Un bono que traerá más problemas que soluciones

09 de noviembre de 2018 a las 12:00 a. m.

Atravesamos una realidad dura, todos los indicadores económicos se han desquiciado y el Gobierno empieza a percibir que hay cercanía electoral. Mauricio Macri ya anticipó que irá por la reelección, pero en este marco las posibilidades de un triunfo dependen más de los errores que haga la oposición a que Cambiemos pueda mejorar la economía en pocos meses.

La realidad es que Macri y su equipo aplicaron un plan para un mundo que no fue. Buscaron endeudarse a bajo costo y Estados Unidos subió las tasas y el Gobierno se quedó a mitad de camino, sin haber hecho ninguna reforma; endeudado y sin poder pedir más dinero, salvo al FMI. Esto trajo la obligación de un severo ajuste, al estilo que impone el Fondo, en un país que cierra un año espantoso: 45 por ciento de inflación, tasas al 70 por ciento, la caída de la producción y del consumo.

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Y lo más difícil: explicarle a la gente que la situación no mejorará por el momento sino que por el contrario, empeorará para la mayoría de las actividades.

Precisamente es en este escenario que aparecen las tentaciones populistas a las que Macri termina por sucumbir, como la peregrina idea de hacer obligatorio un bono de 5.000 pesos para el sector privado. Un modo de compensar a los trabajadores por los bajos salarios pero a costa de empresarios que están en una situación muy difícil, tal vez peor que la de sus empleados en el caso de las Pymes, por el grado de responsabilidad que cargan sobre sus espaldas.

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El ministro de Producción Dante Sica, que lideró el encuentro con empresarios y la CGT, explicó que avanza con todos los sectores para garantizar su cumplimiento.

Por el momento el bono es obligatorio solo para el sector privado, aunque sectores empresarios se resisten a la medida y advirtieron que no todos podrán pagarlo. La UIA pidió que la compensación, que se otorgaría en dos cuotas (noviembre y enero), al menos se tome a cuenta de futuros aumentos por las próximas paritarias. También solicitó que se exima a la pequeña y mediana empresa, esa que tiene cifradas sus posibilidades en el mercado interno, el cual -huelga decir- está retraido. Si a duras penas pueden pagar salarios y con alguna moratoria cumplir con las leyes sociales, si sus ingresos no mejorarán porque el consumo no crecerá, si todavía faltan aplicar algunos aumentos sobre tarifas, si no puede trasladar la inflación en los costos productivos al precio de su producto, ¿cómo sería posible para una Pyme poder afrontar un bono extra de 5.000 pesos? Por más que al empleado le haga falta ese dinero, más necesita que no se caiga su fuente laboral, ¿verdad?

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En el caso de los empleados públicos Sica aclaró que no habrá definiciones hasta que se cierre la paritaria de este sector. El vicejefe de Gabinete Andrés Ibarra negociará con los gremios estatales el alcance del pago extra.

Con esta medida, el Gobierno intenta apagar el fuego sindical, pero traslada la llama al seno mismo de las empresas. Bastante desconsiderado, por cierto. Y una vez más, los costos del ajuste caerían en el sector privado.

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El objetivo de Macri se habría cumplido a medias, porque si bien los popes de la CGT se fueron tranquilos con el compromiso, ni bien la UIA puso sus prerrogativas, el clima se volvió a caldear. Otros insensatos, que piensan que el costo de vida sube solo para los empleados y que solo sus posibilidades se ven diezmadas, olvidando que en la misma Argentina de consumo recesivo, costos elevados y alta presión impositiva viven los empleadores. No contemplan (aunque lo saben) que estas presiones terminan por arrojar al vacío a empresas que hoy caminan por la cornisa. Porque la mayoría de los alcanzados por la propuestas son Pymes, se cuentan fácilmente las empresas del país que están en condiciones de acceder a esta irrisoria medida. Y muchas de esas, justamente porque pueden, ya ajustaron sus paritarias, tal el caso de los bancarios.

Con el compromiso obtenido por parte del Gobierno y los peros puestos por el sector empresario, se reunirá el consejo directivo de la CGT, que definirá si levanta o confirma el paro general previsto para este mes.

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En medio de la problemática el sindicalismo hace su juego, aprieta con un futuro nuevo paro general, en un momento en el cual sabe que no hay condiciones para que se incrementen los pagos. Es claro que los trabajadores la están pasando muy mal con esta inflación, como todos, pero las soluciones que se plantean, como el bono o el paro, van a traer más problemas que soluciones.

Al fin, un sector de trabajadores recibirá el bono desdoblado y otro no, aun dentro de los empleados registrados, ni digamos los que están en negro. De manera que será bastante reducido el universo de los que verán este beneficio. Así el Gobierno, sobre la base de una medida claramente populista, transfiere el mal humor social por sus propios errores a los dueños de las empresas que hoy están remando entre las piedras.

Con esta medida Macri un manotazo de ahogado muy por fuera de su línea ideológica, de sus dichos, de sus convicciones, en tiempos ya electorales y frente a los gremios buscan acorralar al oficialismo en el peor momento de la recesión. Y en este juego macabro, las pequeñas y medianas empresas quedarán ahogadas, una vez más. No vemos que ninguna pueda afrontarlo y que haya quienes insinúen que pueda haber acceso a créditos blandos para poder costear el bono, no dicen más que un disparate. Porque una empresa que no puede endeudarse para crecer, con tasas al 70 por ciento, menos lo puede hacer para pagar un bono a los empleados cuando apenas puede pagar los salarios.

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