Trump y los demócratas se sienten ganadores: empate técnico en USA
Se pensó que los comicios de medio tiempo en Estados Unidos, este martes, serían un referéndum sobre la administración del presidente Donald Trump, como sucede en todo accidente durante este tipo de comicios.
Sin embargo, el veredicto final terminó siendo un empate entre las dos posturas opuestas del país y terminó por aumentar la brecha que separa a demócratas y republicanos. El país, que concurrió masivamente a las urnas, se encuentra partido en dos.
Las mas leidas de Opinión
Salir de la intolerancia, la trampa de este vertiginoso Siglo XXI
Estar educados para el nuevo mundo de las finanzas
Uso de redes en los más chicos: sin posturas radicales, nutrirse de saber para acompañarlos
Matemática, a marzo
El acceso a la educación y la salud por parte de extranjeros en el centro del debate electoral
Lo que se esperaba fuera un tsunami azul no pasó de una leve ola, que tan solo alcanzó para que los demócratas recuperaran el control de la Cámara de Representantes. Pero al mismo tiempo, en el Senado los republicanos añadieron escaños a su mayoría y los que renovaban y corrían riesgo de ser desbancados al tiempo en que senadores republicanos en peligro de ser desbancados, lograron mantenerse. Por eso Trump habla de un triunfo y razón no le falta: aquello que algunos planteaban como el principio del fin de su era, no fue más que una cosquilla.
Estas elecciones de medio tiempo en Estados Unidos han logrado algo inédito: concurrió a votar el 80 por ciento del padrón, cuando en los comicios intermedios anteriores había sido del 43 por ciento y para las últimas presidenciales, del 63. En algunos casos hubo colas de hasta 90 minutos, lo que demuestra que este flujo de votantes no era esperado. Evidentemente, a ambos lados de la línea, Trump despierta el fervor por participar y emitir opinión.
En relación a esto último, otra cosa que dejaron en claro las elecciones es que más allá de las expresiones extremistas del presidente, el concepto que plantea tiene cabida en el pueblo norteamericano. Podrán criticar las formas, pero el fondo de la visión de Estados Unidos que tiene Trump es apoyado. A la distancia geográfica y cultural, nos puede chocar un personaje como el presidente, pero lo cierto es que en epicentro de la inmigración latina, Florida, la gobernación la ganó un republicano. De todos modos la resistencia es mucha porque dos de los tres cubanos republicanos que representaban a Miami en la Cámara perdieron. Es decir que en Florida también hubo una especie de empate. Lo curioso es que todo llevaría a pensar que en ese Estado el triunfo demócrata debiera ser absoluto.
La explicación de por qué no es así sencilla: el inmigrante legal, que como tal puede votar, al igual que Trump no quiere un aluvión de mojados. Tal vez desde acá no lo podamos ver, porque como decíamos en anterior comentario, las minorías son más ruidosas y reciben la atención de los medios, pero en la cotideaneidad norteamericana, muchos latinos desprecian a sus compatriotas que van por izquierda. No obstante este fenómeno, fue el repudio lo que motivó que, como nunca, los latinos fueran a votar. Pero lo que no hay que hacer es una cuenta directamente proporcional, no es que cada latino es un voto en contra, necesariamente. Porque hay inmigrantes a los que les ha ido muy bien, que viven agradecidos a un país que les dio las oportunidades que no tenían en su terruño, y se transforman en más nacionalistas incluso que algunos nativos.
En este empate técnico, en que ambos partidos se quedaron con sabor a triunfo, Trump cosechó una derrota: con la toma de control de la Cámara Baja del Congreso por los demócratas, el presidente no podrá pasar una sola nueva ley de importancia en el resto de su periodo hasta las elecciones presidenciales de 2020, pues los azules le bloquearán cualquier iniciativa.
No obstante, quedó claro que el presidente Donald Trump sigue contando con el apoyo de un sector importante de Estados Unidos, aunque su reelección en 2020, a la luz de estos resultados, se plantea muy reñida.
Como sucede en nuestro país (y esto parece que todos los ciudadanos del mundo nos parecemos), la mejora o el detrimento de su actual posicionamiento para las presidenciales dependerá de la marcha de la economía en estos dos años.
Buena parte de Estados Unidos, incluidos los latinos, está contento con los resultados económicos que ha ofrecido Trump con su nacionalismo y sus formas proteccionistas, que los liberales aborrecen, pero el ciudadano de a pie, si le va bien, apoya y es lo que viene sucediendo. Después de muchos años, por ejemplo, ha crecido el empleo.
Evidentemente, así como hace 20 años comenzábamos a hablar de la aldea global, hoy transitamos un tiempo de nacionalismos. Sucede en Europa, en Estados Unidos, no tanto en Latinoamérica, pero ya llegará. Con Bolsonaro en Brasil y su poco afecto por el Mercosur, se acelerará el proceso. Son los signos de los tiempos y quien quiera gobernar un país debe saber leerlos, incluso cuando el resto de la sociedad todavía no los lee. Al fin, la locura de Trump que planteo América para los americanos está teniendo un exitoso resultado y paulatinamente se extendió a Europa, con el Brexit.
Lo que veremos a partir de enero es cómo se las arregla el presidente Trump para obviar a los legisladores demócratas a quienes ya les anunció que no negociará nada y que se manejará con el Senado para gobernar. No deja de ser una de sus clásicas bravuconadas, pero veremos cómo resulta de aquí en más la relación con los demócratas que también se sienten en un punto ganadores.
Pero tal y como marchan las cosas en Estados Unidos en materia económica, será muy difícil en una presidencial que Trump pierda su reelección. Aunque igual falta mucho para hablar de eso.














