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Tropezamos, otra vez, con la misma piedra

25 de octubre de 2018 a las 12:00 a. m.

Hemos planteado en otras oportunidades el impacto que las intervenciones tienen en una ciudad, sobre todo con un urbanismo ya consolidado como sucede en Pergamino, especialmente en la parte céntrica.

En la ciudad tipo romana las calles debían estar diseñadas en recuadros alineados de forma ordenada, y si bien copiamos ese modelo de vida urbano, en la construcción propiamente dicha no hemos seguido el esquema europeo que siguieron en América en general. Por eso Pergamino, como tantas ciudades argentinas tienen cortadas, calles más largas y otras más cortas, en fin se fue haciendo como dio lugar, sin planificación, casi como un traje a medida de lo que iban necesitando los vecinos y las formas caprichosas de sus terrenos.

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Lo cierto es que este tipo de ciudad, con la plaza en el centro del distrito y en el mismo entorno la Municipalidad y la iglesia, que se propagaría por toda Europa hasta llegar también a América fue el modelo de Pergamino. Sucede que tenemos el centro de la ciudad absolutamente consolidado y no son tantas las intervenciones que se pueden realizar, atendiendo a que las calles ya están conformadas y la edificación también. No obstante ello, se fueron haciendo adaptaciones funcionales y estéticas según las épocas. Así tuvimos paseo peatonal provisorio, luego la mixtura de peatonal y tránsito vehicular, hasta llegar a este momento en que contamos con una bellísima peatonal, a cuyo diseño recientemente se anexó el centro cívico, conformado por el Palacio Municipal y la Plaza Merced.

En la década del 70 el intendente de aquellos años, arquitecto Raúl Rossi pretendía unir también la Plaza al templo, comenzando por expropiar las viviendas alrededor del templo para parquizar todo el área. Sin embargo, el impacto ambiental de cortar una calle de circulación rápida como Merced, finalmente lo hizo desistir. Como habrá razonado Rossi y cualquiera puede deducir, hay cosas que pueden ser bellas pero no son funcionales. Tal el caso que nos ocupa hoy: el uso del pórfido en los tramos habilitados al tránsito vehicular.

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La obra que se inauguró en mayo de este año en calle Florida, tras largos meses de labor, quedó estéticamente muy linda, muy moderna y muy integrada. Pero a los pocos días de la presentación de la obra en sociedad, las baldosas comenzaron a romperse en el área por donde pasan los vehículos sobre todo. Hubo críticas y explicaciones, y la empresa que hizo el trabajo asumió el error que, dijo, había estado en la técnica de colocación de las baldosas, y se hizo cargo del arreglo.

Resulta que en estos días, a meses de la recolocación –es de suponer que con la técnica adecuada-, se pudo constatar que una vez más las baldosas se rompieron.

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Una vez más podemos afirmar que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, en este caso, el pórfido.

En realidad, más de dos veces. Porque esta rotura es la segunda de calle Florida, pero desde que en la gestión Gutiérrez se instaló el pórfido en la Peatonal y en las cintas vehiculares que la atraviesan, para dar continuidad al paseo, en varias ocasiones tuvieron que repararse las baldosas de las bocacalles de Pueyrredón, Mitre y San Martín.

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Es decir, ya se había tenido la chance de comprobar que el pórfido no es apto para el tránsito vehicular de nuestra ciudad. Decimos específicamente de “nuestra” ciudad, porque desde el punto de vista técnico, este material sí resiste el paso de autos. Pero el sentido común y la experiencia que tenemos tendrían que haber hecho desistir a las autoridades de seguir usándolo en reemplazo (o por encima) de la carpeta asfáltica.

Por empezar, en nuestra ciudad hay escaso, por no decir nulo, control del peso de las cargas que transitan por el centro: camiones de bebidas, de materiales, los propios vehículos recolectores de la Municipalidad, superan por mucho el peso deseable para el pórfido. Sin necesidad de inspectores, bastaría con poner topes a la altura para controlar el ingreso de camiones al Centro. Pero no los hay y, pasan, a diario, y ahí tenemos los resultados. Como esta es nuestra realidad, hasta que la modifiquemos, el sentido común debiera primar sobre la estética y dejar en las bocacalles de la Peatonal y en calle Florida la cinta asfáltica que tienen nuestras arterias. Y ante la posibilidad de que la falla siga siendo de colocación (aunque difícilmente sea el problema si la zona peatonal está impecable), pues asumir que en la zona no hay quien sepa colocarlo bien y desistir de este camino, de una vez por todas.

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No es la primera vez que desde esta página hacemos esta observación, que no es técnica sino de sentido común, de realismo, de conocer la idiosincrasia local. No era pretensión que se nos atendiera, pero sí que sirviera nuestro archivo para recordar (aunque las autoridades lo saben de sobra) que el pórfido donde pasan los autos ha resultado fallido desde la primera hora. No así, en la Peatonal propiamente dicha, donde se luce como una material noble, ideal podríamos decir para la función que cumple.

Las bocacalles de la Peatonal se arreglaron oportunamente pero con el mismo material; la primera rotura de calle Florida fue atribuida a la colocación y subsanada sin costo para el Municipio por la empresa adjudicataria. Ahora nuestra preocupación es: ¿arreglarán calle Florida, esta vez con erogación mediante, con el mismo pórfido? ¿Y cuánto durará? 

Hay algunas posibilidades para analizar: si se coloca mal la baldosa en cuestión, no estaríamos teniendo en Pergamino quien sepa hacerlo. Y si se trata de que el pórfido no soporta tanto peso, habrá que tomar la decisión: o se sacan los camiones del Centro o volvemos a la cinta asfáltica.  Pero una rotura más sería inadmisible, propia de la obstinación y de la ausencia de sentido común.

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